Enfilamos la recta final del año con los bancos centrales recalibrando tipos y la volatilidad repuntando. Si tuvieras que estructurar una cartera equilibrada hoy de cara al cierre de ejercicio, ¿qué pesos relativos darías a renta variable, renta fija y liquidez? 

Normalmente, cuando hablamos de una cartera equilibrada, se suele dar entre un 50% y un 60% de peso a la renta variable, y entre un 40% y un 50% a la renta fija. Es verdad que se ajusta en función de las necesidades del perfil del cliente, pero en este caso podríamos estar hablando de seguir dándole esa ponderación del 50-60% a la renta variable a nivel global. Distribuiríamos parte de esos pesos en distintas áreas geográficas, como emergentes o Europa, o en distintos sectores y tipos de compañía, como las de pequeña y mediana capitalización o las de estilo valor, para conseguir una mayor diversificación.

La parte de renta fija la dejaríamos entre un 30% y un 40%, quizá de una menor duración, sobre todo por las dudas que está habiendo acerca de las rentabilidades de la deuda y el estrechamiento de los diferenciales de crédito de los últimos años, por si eso nos pudiera dejar alguna oportunidad. Finalmente, dejaríamos un 10% en liquidez por lo que comentamos: seguimos pensando que las perspectivas son buenas y podemos ver subidas en renta variable, pero somos conscientes de que hay distintos focos de tensión. Si se produjera un nuevo episodio de volatilidad intrínseco del mercado, podríamos aprovechar esa liquidez como oportunidad de compra.

El rally tecnológico impulsado por la IA sigue polarizando al mercado: por un lado, valoraciones exigentes y dudas sobre el retorno real del CAPEX; por otro, balances impecables y liderazgo indiscutible. ¿Es momento de tomar beneficios parciales en las megacaps o el ciclo de inversión aún tiene recorrido para liderar el cierre del año?

Creo que es la pregunta que nos hacemos todos en el mercado. Han sido subidas vertiginosas desde finales de 2022 cuando se lanzó ChatGPT; hablamos de que el S&P 500 ha subido un 100% y las Siete Magníficas más de un 200%. Los resultados sirven precisamente para evaluar si esas valoraciones están justificadas y, de momento, lo están siendo. Claro que habrá algún momento en el que decepcionarán o en el que esa curva de crecimiento empezará a aplanarse, pero eso no quiere decir que vayan a provocar correcciones del 40% o del 60%.

Habrá un ajuste, como es obvio, así que creo que hay que seguir en todo lo relacionado con la inteligencia artificial y la tecnología, pero con una mayor amplitud. A lo mejor, no poniendo tanto el foco en las compañías megacap y empezando a ver otros subsectores que se están viendo beneficiados con una tendencia más a largo plazo: fuentes de energía, infraestructuras, u otras áreas geográficas como emergentes, especialmente en Asia (Corea, China, Japón), que están lanzando aplicaciones de software y compañías muy interesantes que todavía tienen mucho potencial.

Más allá de las grandes tecnológicas, ¿dónde ves el binomio rentabilidad/riesgo más atractivo para estos próximos meses? ¿Ves valor en rotar hacia sectores más defensivos, small caps rezagadas o cíclicos castigados?

Desde luego que sí. Hay que seguir acompañando el ciclo con esos fondos de inversión de renta variable a nivel global y poniendo el foco en la tecnología, porque es lo que nos está dando la principal fuente de crecimiento de las bolsas durante los últimos años. Quedarse fuera tiene el riesgo de renunciar a esa rentabilidad. Pero se trata de ir buscando una mayor amplitud.

Hay otras áreas geográficas que ya están empezando a ver cómo sus beneficios empresariales siguen creciendo a doble dígito, como lo ha demostrado Europa y también Asia en las últimas presentaciones de resultados. Por elegir otros subsectores interesantes, desde finales del año pasado venimos poniendo el foco en otras geografías emergentes, especialmente en Japón, y también en compañías de pequeña y mediana capitalización, compañías con un sesgo más de tipo valor y apostando por las materias primas a través de las mineras de oro.

El oro ha demostrado una fortaleza notable, respaldado por las compras de bancos centrales y las tensiones geopolíticas. Con los niveles actuales, ¿lo sigues viendo como una cobertura táctica indispensable en cartera o el coste de oportunidad empieza a pesar?

En el medio plazo, y sobre todo como componente diversificador de una cartera, le seguimos viendo mucho potencial. Es verdad que este año ha tenido una corrección considerable debido a varios factores: la rentabilidad de los bonos (activo refugio) ha subido mucho y ha parecido más interesante a muchos inversores; la fortaleza del dólar, que lo hace comparativamente más caro; y la fuerte tendencia compradora de los últimos 3 o 4 años, que ha llevado a inversores más de corto plazo a recoger beneficios.

De cara al futuro, le seguimos viendo esos fundamentales. Hay una gran preocupación en el mercado sobre las políticas fiscales de los gobiernos, que pueden volver a generar inflación o intervención por parte de los bancos centrales. Que eso derive de nuevo en aumentos de masa monetaria o en la devaluación de la moneda hace que el oro vaya a seguir estando ahí. Es un activo físico, escaso, y esa reserva de valor está ganando cada vez más peso no solo en carteras institucionales, sino también en las de particulares. Independientemente de la volatilidad que pueda tener a corto plazo, lo vemos como un activo fundamental dentro de prácticamente cualquier cartera de inversión, con un peso de entre un 5% y un 15%.

El S&P 500 sigue en máximos pero con una concentración histórica en pocos nombres. ¿Sigue teniendo sentido entrar indexado al índice o ves más valor en hacer stock picking? Y si es momento de ser selectivos, ¿en qué valores o sectores concretos te posicionarías?

Si algo ha demostrado el S&P 500 en los últimos 75 años es una gran consistencia a la hora de ofrecer rentabilidad, siempre en torno al 8-10% de media. Ese espíritu de supervivencia que tiene, que va expulsando a las empresas que peor lo hacen e incorporando a las que mejor lo hacen, es lo que permite que siga siendo un buen punto de entrada para muchos inversores y un excelente núcleo de cartera para tener exposición a la renta variable a nivel global.

Es verdad que durante los últimos años se está hablando mucho del riesgo de concentración, donde prácticamente siete empresas pesan entre el 30% y el 32% del índice. Además, con las próximas salidas a bolsa (como SpaceX o Anthropic), podría darse el caso de que las 10 principales empresas se acercaran al 50%. Esto está haciendo a muchos inversores pensar en que, aunque sigan apostando por el S&P 500, quieren empezar a diversificar. Otras áreas geográficas lo están haciendo bien (Europa o mercados emergentes como Japón y Corea). Dependiendo del ciclo, para inversores más dinámicos con un componente de gestión activa, apostar por sectores como los de mediana capitalización, empresas relacionadas con materias primas (energéticas, mineras) o compañías de tipo valor tiende a funcionar mejor en esta parte del ciclo.