Con cifras del Banco de España a cierre del primer trimestre de este año (las últimas publicadas) la riqueza financiera neta (descontando las deudas) ascendía a 2,65 billones de euros a los que sumar el valor de los inmuebles que este año registra un alza media del 12%. Con ello, lo previsible es que el ejercicio termine con un valor total de los pisos en manos de las familias de 8,65 billones de euros (7,73 billones a cierre de 2025). Un total de 11,3 billones de euros, a falta de conocer el crecimiento financiero en el resto del ejercicio, siempre que no se vivan episodios de fuertes caídas en bonos, bolsa y fondos en los últimos meses del año.

Una evolución muy positiva que, sin embargo, contrasta con la caída del poder adquisitivo de los salarios en los últimos años y con el deterioro económico que sufre la clase media con una presión fiscal muy elevada, por encima de los países de la OCDE: 36,7% del PIB, frente al 34,1%.

Los informes del Banco de España revelan una importante fractura en la distribución de la riqueza: el espectacular incremento patrimonial se concentra en las familias con cabezas de familia de más de 55 y 65 años que lograron comprar viviendas a precios asequibles. El otro lado de esta fractura son los hogares jóvenes con menores de 35 años, cuya riqueza ha caído bruscamente en comparación con los datos de hace dos décadas debido a las dificultades de acceso a la vivienda y al empleo estable.

Evolución de la riqueza inmobiliaria

Elevado endeudamiento

Hace una década, en 2016, la riqueza de las familias se situaba en los 6 billones de euros. 4,68 billones correspondían al valor de la vivienda en manos de las familias españolas y 1,32 billones a la riqueza financiera, una vez descontado el endeudamiento que ese año se elevaba hasta los 773.392 millones de euros.

La recuperación del mercado inmobiliario ha sido clave en este proceso de enriquecimiento. En 2007 el valor de la vivienda alcanzó un máximo de 6,4 billones de euros, 1,7 billones más que en 2016 cuando aún los precios no habían remontado de la dura crisis del ladrillo. La riqueza inmobiliaria cayó de forma rápida y profunda hasta alcanzar su punto mínimo en 2013, con un valor de 4,11 billones de euros.

La revalorización de los mercados en la década también permite lograr este récord en la riqueza de las familias, así como la reducción del endeudamiento. Al cierre del 2008, en pleno estallido de la crisis global y tras el pico del boom inmobiliario, la deuda total de los hogares alcanzó su máximo histórico absoluto en términos monetarios, situándose en 936.416 millones de euros, representando más del 80% del PIB. Actualmente, los pasivos financieros (deuda) de los hogares se han reducido hasta estabilizarse en el entorno de los 728.000 millones de euros, lo que supone cerca de 200.000 millones de euros menos que en el fatídico año 2008 con una ratio de deuda por debajo del 43% del PIB actual.

Las familias han hecho desde entonces muy bien sus deberes. Así, en 2008 llegaron a pagar casi 130.000 millones de euros en los intereses y las amortizaciones de sus créditos. Los años de bajos tipos de interés también han permitido un mayor desahogo de la carga financiera, que incluye tanto los préstamos hipotecarios (suelen representar el 66% de la deuda total) como los dedicados al consumo y otros fines.

Riqueza inmobiliaria y total (financiera)

Si comparamos la renta bruta disponible (el dinero que los hogares tienen para gastar o ahorrar tras recibir salarios, pensiones, rentas y prestaciones) con la riqueza total (valor de todos sus activos, viviendas, terrenos, depósitos, acciones, fondos, etc. menos sus deudas), los porcentajes actualmente son muy elevados: la riqueza inmobiliaria de los hogares es aproximadamente un 710% superior a su renta disponible, y la riqueza total es diez veces superior.