El IPC de julio será la principal referencia macroeconómica de la semana tras el débil dato de empleo en EEUU, que ha reducido las expectativas de una subida de tipos en septiembre. El mercado espera una inflación general del 3,4% interanual y una subyacente del 2,5% en EEUU. Un dato por debajo de estas referencias, especialmente en la tasa subyacente, reforzaría la idea de que la Reserva Federal puede esperar y daría apoyo a los activos de riesgo.

En cambio, una sorpresa claramente al alza podría reavivar las expectativas de tipos, elevar las rentabilidades de los bonos y provocar una corrección bursátil. Por eso, más que el dato general, yo vigilaría especialmente la inflación subyacente y la magnitud de la desviación frente al consenso. El equilibrio para las bolsas es frágil: el mercado necesita malas noticias macroeconómicas que alivien a la Fed, pero no tanto como para poner en duda el crecimiento y los beneficios empresariales.

Geopolítica, petróleo y bolsas europeas

En Europa, las bolsas están demostrando capacidad para convivir con el conflicto entre Irán y Estados Unidos. A mi juicio, el principal riesgo no está tanto en la geopolítica como en su impacto sobre el petróleo, la inflación y los tipos de interés. El Stoxx 600 se mantiene cerca de máximos mientras el Brent ronda los 84 dólares, pero una nueva escalada en el estrecho de Ormuz podría elevar la prima de riesgo del crudo y complicar la posición del BCE.

Yo distinguiría entre ruido geopolítico y shock económico. Mientras el Brent se mantenga entre los 80 y 90 dólares y no haya una interrupción significativa de los suministros, no creo que el conflicto sea suficiente para romper la tendencia alcista. Además, los buenos resultados empresariales siguen dando soporte a las bolsas. El escenario cambiaría si el petróleo superara de forma sostenida los 100 dólares, porque aumentaría la inflación, subirían las rentabilidades de la deuda y se deteriorarían los dos pilares que sostienen actualmente al mercado: las expectativas monetarias y el crecimiento de los beneficios.

En el caso del Ibex 35, la elevada ponderación bancaria y energética puede ofrecer cierta protección inicialmente, aunque ese efecto desaparecería si el shock energético termina afectando al crecimiento y al consumo. Mi balance es prudente, pero no todavía bajista. Para mí, el verdadero termómetro no son tanto los titulares sobre el conflicto como la evolución del petróleo, las expectativas de inflación y las rentabilidades de los bonos. Ahí veremos si la geopolítica está pasando de ser ruido a convertirse en un problema económico real.

Sectores con más oportunidades

Si tuviera que ordenar ahora mismo los sectores por atractivo relativo, me quedaría primero con los bancos europeos; después, con la energía de forma más selectiva; y, a continuación, con defensa, tecnología y salud.

Los bancos siguen teniendo argumentos muy sólidos: rentabilidades sobre recursos propios elevadas, balances saneados y un entorno de tipos que, aunque ya no es tan favorable como en el máximo del ciclo, continúa permitiendo buenos márgenes. En las principales entidades vemos ROE muy elevados: BBVA se sitúa alrededor del 19%, Santander en torno al 15% y otros grandes bancos mantienen también rentabilidades de dos dígitos. Además, las valoraciones siguen siendo razonables en buena parte del sector. Mi preferencia continuaría estando en la banca española, aunque también veo oportunidades en algunos bancos europeos de calidad.

La energía me parece una oportunidad táctica clara si el conflicto con Irán continúa. El sector europeo está siendo uno de los grandes motores del crecimiento de los beneficios y vuelve a beneficiarse del repunte del Brent. Además, todavía encontramos valoraciones relativamente contenidas en algunas petroleras, como Repsol o Eni. Eso sí, la tesis depende mucho más del precio del petróleo y puede cambiar rápidamente si se normaliza la situación en el estrecho de Ormuz.

En defensa mantengo una visión positiva a largo plazo. Europa está incrementando el gasto militar y compañías como BAE Systems y Leonardo cuentan con carteras de pedidos muy fuertes. En el caso de Leonardo, por ejemplo, los pedidos crecieron un 21% en el primer semestre. El problema es que una parte importante de esta historia ya está descontada en las cotizaciones. Por eso, más que comprar el sector indiscriminadamente, aprovecharía las correcciones que se produzcan en determinados valores.

La tecnología continúa siendo probablemente el sector con mejores perspectivas estructurales, pero no necesariamente el que ofrece hoy la mejor relación entre rentabilidad y riesgo. La inteligencia artificial está generando crecimiento real en centros de datos, nube y semiconductores, y algunas casas de análisis han elevado sus previsiones de beneficios del S&P 500 precisamente por el impacto de esta tendencia. Dicho esto, las valoraciones son exigentes. El mercado empieza a pedir algo más que crecimiento: quiere comprobar que las enormes inversiones en capital se traducen también en rentabilidad y generación de caja. Por eso, aunque sigo viendo recorrido estructural en tecnología, sería más selectivo.

Finalmente, añadiría un quinto sector que probablemente recibe menos atención: salud. Estamos empezando a ver cierta rotación hacia este segmento en Estados Unidos porque ofrece un crecimiento más defensivo y valoraciones mucho más razonables que las de la tecnología. Dentro del sector encontramos compañías farmacéuticas y de salud con múltiplos atractivos, por lo que también es un área que mantendría en el radar.