Cuando dos actores de la magnitud del Banco de Japón y el Tesoro de Estados Unidos intervienen de forma coordinada para apoyar al yen, las consecuencias para los mercados financieros pueden ser enormes.
Para comprender lo que está ocurriendo, hay que partir de una idea fundamental: la liquidez es uno de los principales factores que condicionan el comportamiento de los mercados. Y existen dos activos especialmente sensibles a sus movimientos: el oro y el bitcoin.
La intervención coordinada realizada los días 30 y 31 de julio vino acompañada de una fuerte reacción alcista del oro. Bitcoin, probablemente uno de los activos más sensibles a los cambios en la liquidez global, también reaccionó al alza. No parece una coincidencia.
El gran canal financiero entre Japón y Estados Unidos
Para entender el alcance de esta operación hay que observar uno de los principales engranajes del sistema financiero internacional: la relación financiera entre Japón y Estados Unidos.
Las instituciones financieras japonesas y sus fondos de pensiones mantienen importantes posiciones en deuda pública estadounidense. La razón es sencilla: los bonos del Tesoro ofrecen una rentabilidad superior a la deuda japonesa y, además, durante largos periodos el yen se ha depreciado frente al dólar.
El propio Banco de Japón posee también una cantidad considerable de bonos estadounidenses como parte de sus activos de reserva.
Estados Unidos tiene, por tanto, un evidente interés en evitar que estos inversores comiencen a desprenderse de su deuda. Una venta significativa de bonos presionaría sus precios a la baja y elevaría sus rentabilidades precisamente en un momento en el que el Tesoro estadounidense necesita seguir colocando grandes cantidades de deuda en el mercado.
La prioridad, en consecuencia, es impedir que se produzca un drenaje de liquidez.
Y si observamos el comportamiento del oro y del bitcoin desde finales de julio, la conclusión que cabe extraer es que la intervención realizada ha contribuido a incrementar la liquidez disponible en el sistema.
El mecanismo de las operaciones repo
Existe un mecanismo que permite a las instituciones financieras japonesas obtener dólares sin necesidad de vender sus bonos estadounidenses. Se trata del mercado privado de operaciones repo.
Cuando una entidad japonesa necesita dólares, puede entregar temporalmente sus bonos del Tesoro estadounidense a un dealer de deuda pública —fundamentalmente grandes bancos norteamericanos— y recibir a cambio financiación en dólares. Los bonos actúan como garantía de ese préstamo.
De esta manera, las instituciones japonesas obtienen la liquidez que necesitan sin tener que desprenderse definitivamente de sus posiciones en deuda estadounidense.
La magnitud alcanzada por estas operaciones resulta especialmente relevante.
Según los datos citados del Ministerio de Finanzas de Japón, a finales de junio los dealers estadounidenses habían prestado a las instituciones financieras y fondos de pensiones japoneses 186.748 millones de dólares.
La cifra adquiere todavía mayor dimensión si se compara con los aproximadamente tres billones de dólares de reservas bancarias existentes en Estados Unidos. Estamos hablando de un importe equivalente a cerca del 6% de esas reservas.
Y lo verdaderamente importante es que esa financiación supone liquidez incorporada al sistema financiero.
Cuando la liquidez aumenta, los activos financieros tienden a beneficiarse. Bitcoin, el oro y las bolsas suelen reaccionar favorablemente. Cuando la liquidez se contrae, sucede lo contrario.
Desde esta perspectiva, esos más de 186.000 millones de dólares constituyen una señal que los inversores no deberían ignorar.
La segunda pieza: el Banco de Japón y la Reserva Federal
Pero este engranaje tiene una segunda pata.
Estados Unidos dispone de una facilidad denominada FIMA Repo, mediante la cual determinadas autoridades monetarias extranjeras pueden obtener dólares entregando temporalmente bonos del Tesoro estadounidense como garantía.
En el caso de Japón, este mecanismo resulta especialmente importante cuando el Banco de Japón necesita dólares para intervenir en el mercado de divisas y tratar de frenar una depreciación excesiva del yen.
El límite señalado para estas operaciones es de 60.000 millones de dólares.
Esto significa que el sistema proporciona liquidez por dos vías diferentes: por un lado, a las instituciones financieras y fondos de pensiones japoneses mediante operaciones repo; por otro, al propio Banco de Japón cuando necesita dólares para intervenir en el mercado de divisas.
La dimensión de las cifras permite comprender la excepcionalidad del momento.
La intervención conjunta de finales de julio se habría situado en torno a los 83.000 millones de dólares, mientras que las instituciones financieras japonesas habrían recibido otros 186.000 millones a través de las operaciones anteriormente descritas.
A ello se suma la posibilidad de ampliar el límite de financiación disponible para Japón mediante el sistema de la Reserva Federal.
Traducido a términos sencillos: estamos hablando de inyecciones masivas de liquidez.
Y tanto el oro como el bitcoin parecen estar reflejándolo.
El papel de Scott Bessent
Hay otro elemento que merece atención: Scott Bessent. Su trayectoria profesional resulta especialmente significativa para comprender la lógica con la que observa los mercados. Bessent trabajó junto a George Soros y tuvo un papel destacado en su estructura de inversión durante la crisis de la libra esterlina de 1992.
No estamos, por tanto, ante alguien ajeno al funcionamiento de los mercados financieros o a las consecuencias que pueden tener los grandes movimientos de capital sobre las divisas y la deuda soberana.
Actualmente, desde el entorno económico de Donald Trump, el interés estadounidense en colaborar con Japón puede interpretarse no solo como una voluntad de estabilizar al yen.
Existe también un interés evidente en evitar ventas masivas de bonos del Tesoro estadounidense.
Si Japón consigue obtener los dólares que necesita sin vender esos bonos, disminuye el riesgo de que sus rentabilidades se disparen. Esto facilita, a su vez, que Estados Unidos continúe financiándose en los mercados en condiciones más favorables.
Hay además un componente político que no debería pasarse por alto: las elecciones de medio mandato.
Un fuerte deterioro de los mercados bursátiles antes de una cita electoral de esta naturaleza tendría evidentes consecuencias económicas y políticas.
Por ello, aunque puedan producirse correcciones bursátiles puntuales provocadas por los propios flujos del mercado —por ejemplo, a través del mercado de opciones—, resulta razonable preguntarse hasta qué punto las autoridades permitirán una caída profunda y prolongada de las bolsas antes de las elecciones del 3 de noviembre.
La situación podría cambiar después. Pero hasta entonces, la evolución de la liquidez será una variable decisiva.
Una división que va más allá de izquierda y derecha
Todo esto conduce a una reflexión más amplia. Uno de los grandes debates económicos de nuestro tiempo ya no consiste únicamente en distinguir entre izquierda y derecha. Existe otra división cada vez más importante: la que separa a quienes poseen activos financieros de quienes dependen exclusivamente de un salario o una pensión.
La degradación monetaria perjudica especialmente a este segundo grupo. Y dentro de él, los jóvenes se encuentran en una situación particularmente complicada.
No importa demasiado que sean médicos, ingenieros, profesionales cualificados o trabajadores sin estudios superiores. Todos se enfrentan al mismo problema: sus ingresos y sus ahorros pierden capacidad adquisitiva mientras determinados activos financieros incrementan su valoración.
El sistema educativo dedica poco espacio a enseñar cómo funciona realmente el dinero, cómo proteger el ahorro o cómo construir un patrimonio a largo plazo.
Sin embargo, cualquier persona, con independencia de su profesión, necesita comprender estos mecanismos para protegerse de la pérdida de poder adquisitivo.
Mantener exclusivamente saldos bancarios o concentrar el ahorro en determinados instrumentos de deuda no está necesariamente exento de riesgo. Existe también el riesgo monetario: el deterioro progresivo del valor real del dinero.
Por eso la educación financiera resulta fundamental.
No se trata de convertir a los jóvenes en especuladores ni de transmitir la idea de que el dinero es más importante que el trabajo o el talento. Es precisamente lo contrario: el talento, la formación y el esfuerzo son esenciales, pero deben ir acompañados de conocimientos que permitan proteger el fruto de ese trabajo.
La intervención de Japón y Estados Unidos constituye un buen ejemplo de por qué es necesario comprender estos engranajes.
Detrás de movimientos aparentemente técnicos en el mercado de divisas pueden esconderse enormes flujos de liquidez capaces de modificar el precio de los bonos, las bolsas, el oro o el bitcoin.
Y quien quiera entender hacia dónde pueden dirigirse los mercados deberá prestar atención, más que nunca, a esa liquidez.