Los republicanos cuentan actualmente con una mayoría de tres escaños en el Senado y de un solo escaño en la Cámara de Representantes, lo que mantiene abiertas las opciones en ambas cámaras. Aunque las elecciones legislativas suelen tener un impacto más limitado en los mercados que unas presidenciales, sus resultados pueden condicionar la agenda fiscal y legislativa de los próximos años, así como influir en la aparición de episodios de volatilidad financiera.
La Cámara de Representantes está compuesta por 435 escaños, distribuidos entre los estados en función de su población, y todos ellos se renuevan cada dos años. Con una mayoría de tan solo un escaño, el Partido Republicano se encuentra en una posición más frágil. Al estar formada por numerosos distritos de menor tamaño, la cámara baja ha reflejado históricamente mejor el sentimiento nacional que el Senado. Además, el índice de aprobación presidencial ha sido uno de los indicadores más fiables para anticipar los resultados de las elecciones legislativas desde la Segunda Guerra Mundial. El partido del presidente ha perdido estos comicios en 18 de las últimas 20 convocatorias, y la magnitud de esas pérdidas ha estado estrechamente relacionada con su nivel de aprobación (véase el Gráfico 1).
Actualmente, la valoración de Donald Trump se sitúa entre las más bajas registradas en las últimas décadas. Las encuestas muestran que aproximadamente tres de cada cinco ciudadanos desaprueban su gestión. Esto se traduce en una valoración neta cercana a los -25 puntos, frente a los -10 puntos que registraba el propio Trump a estas alturas de su primer mandato y los -9 puntos de Joe Biden en el mismo momento de su presidencia.
Los sondeos reflejan además una percepción especialmente negativa de Trump en cuestiones relacionadas con la economía, la inflación y el comercio, lo que pone de manifiesto la preocupación por el coste de la vida y el creciente descontento con algunas de sus decisiones en política exterior (véase el Gráfico 2). Para los republicanos, la situación resulta especialmente delicada, ya que la economía y la inflación siguen siendo las principales preocupaciones de los votantes.
El Senado sigue representando un reto mayor para los demócratas. Necesitan sumar cuatro escaños, pero varios de los estados que serán determinantes para definir la mayoría siguen inclinándose hacia los republicanos. Tras las elecciones, pueden darse tres escenarios principales:
1. Congreso dividido (Cámara de Representantes demócrata y Senado republicano).
2. Control demócrata de ambas cámaras.
3. Los republicanos conservan el control del Congreso.
Los mercados de predicción otorgan una mayor probabilidad a una victoria demócrata en ambas cámaras, respaldada por unas perspectivas sólidas de participación electoral, la mejora de las encuestas en los estados clave y la baja popularidad del presidente (véase el Gráfico 3). No obstante, la incertidumbre en torno a los sondeos sigue siendo elevada y el Senado continúa siendo el principal obstáculo para los demócratas.
Por ello, un escenario de Cámara de Representantes demócrata y Senado republicano también resulta plausible, mientras que los republicanos mantengan la mayoría en ambas cámaras parece la opción menos probable. ¿Qué implicaría cada escenario para los inversores? Lo analizamos a continuación.
Tres escenarios, tres posibles reacciones de los mercados
1. CONGRESO DIVIDIDO (Cámara de Representantes demócrata y Senado republicano)
Una división del Congreso limitaría la capacidad de aprobar nuevas medidas legislativas más allá de la financiación básica de la Administración, lo que aumentaría el riesgo de discordias en torno a los plazos presupuestarios y el techo de deuda. Es probable que la volatilidad aumente a medida que se acerque la fecha límite de financiación del 11 de diciembre y la negociación sobre el límite de endeudamiento prevista para la primavera de 2027.
Este riesgo tendería a concentrarse en los bonos del Tesoro estadounidense de corto vencimiento y en el tramo más corto de la curva de tipos. Cada episodio de tensión podría impulsar temporalmente tanto al dólar como al oro, aunque es poco probable que provoque cambios duraderos.
Históricamente, los periodos de bloqueo político han favorecido a la renta variable al preservar el statu quo, incluso cuando aumentan los riesgos asociados a la política. Este escenario también mantendría el gasto nominal relativamente estable. En un contexto de inflación elevada y tras las rebajas fiscales aprobadas el pasado verano mediante la One Big Beautiful Bill Act, ello apuntaría a un estímulo fiscal cada vez menor en términos reales.
2. CONTROL DEMÓCRATA DE LA CÁMARA Y EL SENADO
Incluso en caso de una victoria demócrata en ambas cámaras, Trump seguiría contando con capacidad de veto, y es probable que la mayoría demócrata en el Senado no fuese lo suficientemente amplia como para anularlo.
La dirección del Partido Demócrata tendría que equilibrar las demandas de su ala más progresista al tiempo que negocia concesiones en cuestiones como la financiación pública y los plazos vinculados al techo de deuda.
Cabe esperar un mayor escrutinio de la actuación del Ejecutivo, más tensiones en torno a los nombramientos para la Reserva Federal y el Tribunal Supremo, así como una mayor resistencia a la financiación de las políticas de control migratorio y a nuevos procesos de desregulación.
La reacción de la renta variable dependería en buena medida del protagonismo que adquiera el ala progresista tras las elecciones. Los mercados podrían reaccionar negativamente si ganan fuerza propuestas relacionadas con una mayor regulación de la inteligencia artificial y los centros de datos, impuestos sobre el patrimonio o iniciativas como un sistema universal de cobertura sanitaria pública (Medicare for All).
Por el contrario, prioridades más moderadas, como revertir los recortes en programas como SNAP o Medicaid, podrían favorecer a los sectores sanitario y de productos de consumo básico.
Una reacción de aversión al riesgo probablemente provocaría un ligero aumento de la pendiente de la curva de tipos de los bonos del Tesoro. Desde una perspectiva macroeconómica, este escenario se parecería bastante al de un Congreso dividido: habría poco margen para una verdadera consolidación fiscal y el déficit público seguiría siendo elevado.
3. VICTORIA REPUBLICANA EN AMBAS CÁMARAS
La continuidad del control republicano podría ser el resultado con mayores implicaciones fiscales. Un gobierno unificado permitiría impulsar una nueva ley de reconciliación presupuestaria, que podría aprobarse con mayoría simple en el Senado, incluyendo medidas como la permanencia de determinadas rebajas fiscales, posibles transferencias directas a los ciudadanos, un aumento del gasto en defensa y una mayor desregulación financiera.
Los sectores de defensa, servicios financieros y energía serían probablemente los principales beneficiados en bolsa.
Este sería el escenario más expansivo para el déficit público, aumentando el riesgo de una mayor emisión de deuda del Tesoro, una subida de la prima por plazo, una curva de tipos más inclinada y un fortalecimiento del dólar a corto plazo como consecuencia de unas expectativas más elevadas de crecimiento e inflación.
La contrapartida sería una mayor capacidad de gobernabilidad: el control de ambas cámaras por un mismo partido reduciría el riesgo de cierres parciales de la Administración o de enfrentamientos sobre el techo de deuda frente a los otros dos escenarios.
Lo que no cambia en ninguno de los escenarios
En cualquiera de los tres resultados, la consolidación fiscal prácticamente queda descartada. Además, unas mayorías ajustadas o un gobierno dividido incrementarían la incertidumbre política.
Los principales riesgos a corto plazo son la fecha límite de financiación del 11 de diciembre y el llamado “precipicio” del techo de deuda en la primavera de 2027.
A más largo plazo, la mayor amenaza sigue siendo el gasto obligatorio. Los programas de Seguridad Social y Medicare se encaminan hacia problemas de solvencia a comienzos de la década de 2030, lo que obligaría a realizar importantes recortes en las prestaciones.
La regulación de la inteligencia artificial y de los centros de datos probablemente seguirá ganando protagonismo político en cualquiera de los escenarios, ya que existe apoyo bipartidista para introducir reformas. Sin embargo, el desarrollo de nuevos centros de datos continúa siendo en gran medida una cuestión de ámbito local, y el resultado de estas elecciones no debería ralentizar de forma significativa el avance de la capacidad computacional. El respaldo del poder ejecutivo a la inteligencia artificial, unido a las tensiones geopolíticas, debería limitar cualquier oposición relevante.
Con independencia de los resultados, Trump seguirá recurriendo ampliamente a la acción ejecutiva. Durante los dos últimos años, buena parte de la volatilidad de los mercados ha estado ligada a decisiones adoptadas directamente por el Ejecutivo, y es poco probable que esto cambie. En la recta final de su mandato, podría apoyarse aún más en este tipo de medidas para consolidar su legado político.
Dado que es probable que el Congreso siga bloqueado salvo en caso de una amplia victoria demócrata, la atención se centrará cada vez más en temas donde no se requiere aprobación parlamentaria, como la política comercial y la política exterior.
Asimismo, parece poco probable que prosperen procedimientos de destitución contra el presidente, incluso en caso de victoria demócrata, debido a la falta de respaldo entre los líderes del partido y a la insuficiencia de apoyos en el Senado.