Dentro del top 20 de mayores subidas en tres semanas, este es el único caso que no se ha producido ni en pleno mercado bajista ni inmediatamente después de haber marcado un mínimo. Ese es el dato más peligroso de interpretar mal.
Muchos de las mayores rallies del S&P 500 se produjeron tras episodios de miedo y grandes caídas. Es normal ver un rebote fuerte y una recuperación más amplia posteriormente. Es lo que decimos siempre de aprovechar esas rebajas. Tras esos castigos muchas veces por sobre reacción, se produce un reajuste de expectativas al ver un castigo excesivo.
Fuente: Carlos Arenas Laorgs
Pero este repunte no viene de esto. Sí, hemos tenido caídas por la guerra de Irán, pero nada parecido a una gran crisis. Esto sucede en un mercado que ya venía relativamente sano. Por eso es un movimiento tan singular.
A muchos inversores les encanta pensar en términos binarios: o estamos en pánico y hay oportunidad, o estamos en euforia y hay burbuja. Pero podemos ver subidas grandes sin haber pasado previamente por una recesión.
Los datos históricos muestran que, tras muchos de esos grandes repuntes de tres semanas, las rentabilidades posteriores fueron, casi siempre, muy positivas. En varios casos, extraordinarias. Pero la mayor parte de esos antecedentes no son comparables del todo con el episodio actual, porque partían de mercados muy deprimidos. Es decir, llevaban incorporado un descuento previo que hoy no está tan claro que exista.
La primera lectura que hago, a riesgo de equivocarme, es positiva. El mercado está descontando que los beneficios empresariales siguen razonablemente sólidos, que el ciclo económico aguanta mejor de lo que muchos temían y que, si no hay sustos con los tipos de interés y la inflación, las valoraciones pueden seguir sosteniéndose.
La segunda lectura es más prudente. Al no venir este impulso tras un suelo bajista, quizá estemos viendo una compresión muy rápida del pesimismo, o incluso una reacción técnica (el otro día me decía un gestor que tenía puesta una orden de compra en -7%, que fue lo que cayó el S&P 500), pero no necesariamente el inicio de un tramo lineal y de beta cómoda. Cuando un índice se mueve así de rápido, suele dejar inversores descolocados. Los que estaban fuera sienten que llegan tarde; los que estaban dentro sienten que quizá deberían recoger beneficios; y los que no saben qué hacer llaman al cuñado. Grave error.
La tercera lectura, quizá la más interesante, es que este movimiento rompe la intuición de que las grandes subidas solo aparecen cuando el mercado viene de una masacre.
Y, de hecho, es algo que vemos de forma muy clara en este otro artículo sobre las subidas del mercado en máximos y en otros periodos.
Cuando el mercado cae mucho, el miedo nos suele dejar algo paralizados. Cuando sube con fuerza, paraliza otra vez, con la frase de ya he llegado tarde. Y esa frase ha destruido más patrimonio que muchas recesiones.
El problema psicológico de este repunte es precisamente ese. Si hubiera ocurrido después de una caída del 40%, la historia sería más fácil. Pero al producirse fuera de ese contexto, obliga al inversor a pensar un poco más y a refugiarse un poco menos en los tópicos. Y pensar cuesta. Mucho más que opinar.
La pregunta correcta, por tanto, no es si el mercado ha subido demasiado en tres semanas. La pregunta correcta es si han cambiado de forma sustancial los fundamentales, las expectativas de beneficios y las condiciones financieras que justifican los precios. Si la respuesta es que no han empeorado, entonces una subida fuerte no invalida por sí sola la tesis alcista.