El secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, tendría como objetivo llegar a las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre con las bolsas fuertes, evitando que una caída se transforme en una tendencia bajista que pueda perjudicar políticamente a Donald Trump.

Para ello, la Administración está utilizando distintas herramientas para sostener la liquidez y contener las rentabilidades de la deuda a largo plazo, entre ellas la recompra de bonos estadounidenses. La coordinación con Japón para frenar la depreciación del yen también buscaría evitar ventas de Treasuries que eleven los tipos.

Sin embargo, esto no impide que las bolsas sufran una corrección antes de las elecciones. El posicionamiento en opciones deja margen para una caída importante en septiembre, aunque el analista considera probable que Trump vuelva a intervenir si el deterioro se intensifica. El escenario podría cambiar después del 3 de noviembre, cuando desaparezca parte del incentivo político para sostener los mercados y aumente el riesgo de mayor volatilidad a partir del 6 de noviembre.

¿Son las bolsas estadounidenses demasiado grandes para dejarlas caer?

Esta es la pregunta que me planteo: ¿son las bolsas estadounidenses demasiado grandes para que las autoridades permitan que caigan libremente? Mi respuesta es sí.

Hay varias razones. Estados Unidos necesita financiar enormes inversiones relacionadas con la inteligencia artificial. Tiene que financiar a compañías como OpenAI y Anthropic y desarrollar toda la infraestructura necesaria para competir con China en una tecnología que considero estratégica.

Pero, además, estamos hablando de un mercado gigantesco. La capitalización global del mercado estadounidense puede situarse en torno a los 80 billones, más del doble del PIB de Estados Unidos. Y Estados Unidos necesita que su mercado de valores no se desmorone para seguir colocando su enorme volumen de deuda pública.

Hay otro elemento fundamental: aproximadamente el 60% de los hogares estadounidenses invierte en bolsa. Y esos hogares votan. Además, para muchos ciudadanos estadounidenses la bolsa constituye una parte esencial de su sistema de ahorro para la jubilación.

Por eso, los políticos pueden tolerar una corrección importante del S&P 500, pero llegará un momento en el que tendrán que intervenir para provocar una recuperación de los mercados, especialmente antes de una cita electoral.

¿Hasta dónde puede caer el S&P 500?

La caída media del S&P 500 ronda el 15%, mientras que durante la crisis financiera de 2007-2008 llegó a desplomarse alrededor de un 57%.

Creo que los políticos podrían llegar a tolerar una caída del 30% o incluso del 35%. Después de las elecciones, una corrección de al menos un 20% me parecería perfectamente posible y no descartaría que pudiéramos llegar hasta el 30%.

Y aquí es donde aparece la parte interesante para nosotros como inversores. Si Estados Unidos va a seguir emitiendo deuda pública, si va a continuar monetizando su economía, si mantiene su enfrentamiento estratégico con China y si continúa defendiendo el poder del dólar, yo creo que una caída del S&P 500 cercana al 30% podría ofrecernos una magnífica oportunidad de compra.

Por eso, más que intentar adivinar cuándo se producirá exactamente la caída, lo que tenemos que hacer es estar preparados para aprovecharla. Yo vigilaría, en primer lugar, el SPY, el ETF que replica físicamente al S&P 500 y que, por su enorme liquidez y por el importante mercado de opciones que se ha desarrollado sobre él, considero uno de los instrumentos más útiles para seguir la evolución real del mercado estadounidense.

Los inversores europeos, sin embargo, tenemos que utilizar un ETF que cumpla con la normativa UCITS. En este caso, yo seguiría el VUAA de Vanguard, que replica físicamente al S&P 500, cotiza en euros y es de acumulación.

Mi estrategia sería muy sencilla: esperar a que el S&P 500 complete una corrección importante, identificar el momento en el que pueda estar formando un suelo y, a partir de ahí, comenzar a invertir de manera recurrente.

Porque si se produce una caída del 20%, del 25% o incluso del 30%, yo no la interpretaría necesariamente como el final del mercado estadounidense. Al contrario: teniendo en cuenta el déficit, la emisión de deuda, la monetización y la importancia estratégica de Estados Unidos en la economía mundial, creo que una caída de esa magnitud podría terminar convirtiéndose en una gran oportunidad de compra para el inversor de largo plazo.