Hace unos días hablábamos del cuidado que hay que tener con el sentimiento del consumidor en este artículo. Y no en vano, cuando se deprime este indicador, suele ser mal asunto. Pero cuando uno ve lo que dicen los consumidores y lo que hacen, se lleva una sorpresa. Y me ha recordado mucho a esas frases del Evangelio de San Mateo en las que Jesús dice “No hacen lo que dicen” y “por sus frutos los conoceréis”.
Que todos metemos la pata, desde luego. Pero entre meter la pata y hacer sistemáticamente lo contrario a lo que decimos hay un trecho. Y parece que el consumidor es un hipócrita en toda regla.
Mientras este consumidor nos anuncia que el hogar medio está preocupado, cansado, temeroso y poco dispuesto a celebrar nada, llega la realidad de que las ventas retail siguen avanzando muy fuertes.
Es decir, el consumidor dice una cosa… y compra otra.
Fuente: Carlos Arenas Laorga
La línea roja, el sentimiento del consumidor, lleva tiempo moviéndose por zonas deprimidas, con un deterioro especialmente visible en los últimos años. La verde, las ventas retail, hace justo lo contrario: sube, corrige lo justo, y vuelve a subir. Si uno escuchara solo las encuestas, pensaría que la economía de consumo está en fase apocalíptica, por seguir con los sagrados textos. Y si solo hubiésemos mirado las ventas retail, la conclusión sería que estamos en plena Pascua.
Es como si el consumidor fuese un pupas en la encuesta y un derrochador cuando sale de casa. Dice, pero no hace lo que dice.
Lo que ocurre es que las personas no siempre responden a las encuestas igual que responden a los incentivos. Cuando se pregunta a un consumidor cómo ve la economía, no está respondiendo solo sobre su cuenta. Está respondiendo también sobre el precio de la gasolina, el ambiente político, los titulares catastrofistas, la inflación que recuerda (y sufre), el tipo de interés de su hipoteca y sobre esa sensación de que todo va regular. Eso sí, el martes se fue de compras y el miércoles pidió sushi a domicilio.
El sentimiento del consumidor mide percepción. Las ventas retail miden conducta. Y, aunque son útiles ambos, en este caso hay que fijarse en otra frase del Evangelio que dice que por sus frutos los conoceréis.
Hay varias razones por las que un consumidor puede sentirse pesimista y, aun así, seguir comprando.
La primera es porque muchas partidas de gasto son necesarias. Alimentación, energía, transporte, salud, educación o ciertos servicios básicos no desaparecen porque el ánimo esté por los suelos.
La segunda razón es que el consumo depende mucho de la renta disponible y del empleo. No consume porque sea optimista; consume porque puede. O porque todavía no ha dejado de poder.
La tercera es por la inflación. No hace falta que las cosas empeoren para que la gente siga enfadada; basta con que sigan caras.
Y, por supuesto, y unida a la anterior, que vivimos en una sociedad en donde domina el sentimentalismo. Somos un poco de cristal y nos dejamos llevar por los sentimientos en la sociedad líquida en la que vivimos. Todo es superficial. Si hemos visto el telediario y nos preguntan por nuestro sentimiento de consumidor, diremos que es terrible mientras salimos con el coche a cenar por ahí.
Y esto es una pescadilla que se muerde la cola, porque además nos agarramos al dato que confirma nuestro miedo. Pero ¿quién dice la verdad? Pues los dos indicadores.
Como decíamos antes, el sentimiento del consumidor dice la verdad emocional. Nos cuenta que el ciudadano medio percibe fragilidad, pérdida de poder adquisitivo, incertidumbre y desconfianza. No es un dato menor. De hecho, ignorarlo sería una torpeza. Una sociedad que consume mientras se siente cada vez más insegura no es una sociedad en equilibrio.
Las ventas retail dicen la verdad material. Nos muestran que, pese al malestar, el gasto sigue existiendo. Que el consumo resiste. Que la economía real, al menos de momento, no se ha rendido al pesimismo.
La gente exagera en las encuestas, dramatiza en las sobremesas y profetiza recesiones entre un café y una compra. Nada de eso convierte automáticamente el malestar en contracción.
Por sus frutos los conoceréis.