Las bolsas europeas y estadounidenses vienen de registrar subidas, dejando un poco de lado el miedo a los rendimientos de los bonos y al calor de las nuevas caídas del petróleo. ¿Cuál es la situación actual de los mercados?

 Lo que la bolsa está celebrando es que el escenario es menos malo, aunque el problema no esté completamente resuelto. Las conversaciones entre Irán y Omán sobre el corredor de navegación en el Estrecho de Ormuz han permitido que el crudo Brent vuelva a la zona de los 86 dólares. Esto rompe una cadena que preocupaba mucho al mercado: petróleo más caro significa más inflación, tipos más altos y, por tanto, valoraciones bursátiles más bajas.

Esta caída del petróleo relaja las rentabilidades de los bonos y las bolsas lo agradecen. Sin embargo, no hemos vuelto a una normalidad definitiva; el tráfico en el estrecho sigue extraordinariamente deprimido y existen enormes dificultades logísticas. La lectura de fondo es que el riesgo geopolítico se ha convertido en una condición permanente en los mercados, con costes energéticos y logísticos más elevados que pueden reaparecer en cualquier momento.

Hoy se conocen los resultados de Nvidia, que pondrán a examen su papel en el sector de la Inteligencia Artificial. ¿Por qué son tan relevantes estas cifras en el momento actual?

Porque Nvidia es ahora mismo mucho más que una compañía; es el principal termómetro de toda la tesis de inversión en inteligencia artificial. Sus resultados no se van a juzgar simplemente por si gana más o menos dinero, sino para saber si el ciclo de inversión en IA puede prolongarse y si va a generar la rentabilidad suficiente para justificar las enormes cantidades de capital que se están comprometiendo.

Las expectativas son brutales. El consenso espera que los ingresos trimestrales prácticamente se dupliquen respecto al año anterior, alcanzando unos 92.000 millones de dólares. Habrá que prestar atención a tres cosas: qué pasa con su nuevo chip (Blackwell) tras el anterior, si logran mantener unos márgenes impresionantes que rondan el 75%, y hasta qué punto Nvidia está teniendo que participar en la financiación de la infraestructura de quienes le compran los chips. El mercado necesita saber si la demanda final es lo suficientemente rentable.

Esta semana también tenemos el simposio de banqueros centrales de Jackson Hole y el dato del PCE. ¿Qué podemos esperar de esta reunión y de los mensajes de la Fed?

Jackson Hole llega en un momento delicado. La inflación ha bajado desde sus máximos, pero todavía no está completamente controlada, y las rentabilidades de los bonos a largo plazo se han convertido en una fuente de preocupación. El consenso espera que el dato del PCE muestre ligeras bajadas, lo que lanzaría un mensaje de desinflación, pero de una desinflación muy lenta.

Lo que intentará Powell en Jackson Hole es reconstruir su función de reacción; es decir, explicarle al mercado qué combinación de inflación, crecimiento y empleo justificaría mantener los tipos o volver a endurecer la política monetaria. El mensaje de fondo más importante es que estamos entrando en un mundo con más deuda pública, más inversión en defensa y tecnología, y menos ahorro disponible para financiarlo todo. Eso presionará los tipos de interés a largo plazo.

 En un mundo que se reconfigura, con aranceles, mayor deuda e inversiones en defensa y transición energética, ¿dónde deben posicionarse los inversores a largo plazo?

 Debemos partir de la base de que estamos abandonando definitivamente el mundo de inflación baja, tipos cercanos a cero y globalización extrema. Entramos en un entorno con más fricción comercial, más gasto público, más inversión en defensa e infraestructuras.

En este nuevo contexto, no sirve simplemente comprar bonos a largo plazo. Hay que tener una diversificación mucho mayor: renta variable de alta calidad (empresas con capacidad de fijación de precios y poca deuda), renta fija, pero con duraciones selectivas, y activos reales.

Dentro de las grandes tendencias como la inteligencia artificial, yo buscaría a las empresas que hacen posible que esa tecnología funcione. Me refiero a redes eléctricas, generación energética, centros de datos, semiconductores y equipos de refrigeración. Hablamos de compañías industriales como Carrier Global, Trane Tech, Schneider Electric o Eaton, y por supuesto, empresas más cercanas a nosotros como Iberdrola , que se benefician directamente de toda esta electrificación e infraestructura.