Las rentabilidades logradas hasta finales de junio han estado dominadas de forma abrumadora por la Inteligencia Artificial (IA) y el sector tecnológico, pero el mercado ya empieza a pensar que podemos estar a las puertas de un cambio de régimen mucho más profundo a medida que las valoraciones de algunos sectores se han disparado. Hemos dejado atrás el ciclo de desinflación, hiperglobalización y tipos cercanos a cero, para adentrarnos en lo que desde Renta 4 denominamos el "gran ciclo de inversión".
Creemos que nos adentramos a un escenario macroeconómico que se va a definir por una mayor volatilidad, tasas de interés reales más altas, fuerte intervención estatal y la regionalización o onshoring de las cadenas de suministro para proteger garantía de abastecimiento frente a choques externos. Todo esto se produce en un contexto de mayor endeudamiento de los estados a nivel global y de una inflación que sencillamente no se relaja. De hecho, nos enfrentamos a un escenario donde los tipos de interés seguirán todavía unos años más altos de lo necesario, justificados y sostenidos por una inflación más resistente de lo previsto.
El epicentro del ciclo macroeconómico en el que nos adentramos se encuentra un superciclo de inversión en varios frentes que liderarán el crecimiento la próxima década. Tras años primando activos virtuales y modelos de capital ligero, el péndulo de los mercados oscila hoy hacia el mundo físico y las industrias de capital intensivo. El sector privado y los gobiernos se ven obligados a invertir masivamente de forma sincronizada debido a la IA, el gasto en defensa, la energía, la infraestructura y la transición energética.
Resulta vital entender la actual paradoja de la IA: a largo plazo, es una tecnología inherentemente deflacionista, capaz de disparar la productividad y mejorar los márgenes corporativos sin necesidad de engrosar las plantillas laborales. Sin embargo, ahora mismo, mientras se invierte a escala masiva, es inflacionista. Construir la infraestructura física (semiconductores, centros de datos y redes eléctricas) requiere una inyección de capital colosal; solo las grandes tecnológicas estadounidenses destinarán cerca del trillón de dólares a este fin.
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A este mega-ciclo tecnológico se le suma el imperativo de la seguridad energética y nacional. La fragmentación geopolítica en Oriente Medio y Ucrania ha evidenciado la vulnerabilidad de Occidente, desencadenando aumentos históricos en los presupuestos de Defensa y acelerando el onshoring para lograr resiliencia productiva. Paralelamente, la transición climática impulsa inversiones millonarias en la electrificación industrial y la modernización de la red.
En este entorno, el éxito financiero ya no dependerá tanto de la expansión de los múltiplos de valoración (frenados sistemáticamente por el mayor coste de capital), sino de la capacidad de las cotizadas para generar un sólido crecimiento de sus beneficios. Este ciclo de inversión de capital está dejando excelentes oportunidades en varios sectores de cara a la segunda mitad del año:
- IA y Semiconductores: más allá de gigantes hyperscalers de EE. UU. como Microsoft, Alphabet, Meta o Amazon, los grandes ganadores actuales son los fabricantes de hardware. Firmas estadounidenses como NVIDIA, Broadcom, Lam Research o Applied Materials, y campeones europeos como la neerlandesa ASML, son actores críticos e insustituibles en la cadena de valor que hace posible la revolución de la IA.
- Defensa: el rearme global ha dejado de ser coyuntural para volverse estructural. Empresas líderes como la alemana Rheinmetall, la inglesa BAE Systems o las estadounidenses Lockheed Martin o RTX, seguirán operando con carteras de pedidos en máximos históricos.
- Infraestructura, Electrificación y Transición: modernizar la red eléctrica y construir data centers exige equipos térmicos y de automatización. Aquí destacan industriales estadounidenses como Eaton, Emerson, Vertiv o GE Vernova, y colosos europeos como Schneider Electric, ABB, Prysmian y Siemens Energy.
- Compañías Españolas: nuestra bolsa también ofrece buenas vías para capturar parte de este entorno. En grandes infraestructuras globales destacan firmas como ACS y Ferrovial. En el área de energía, Repsol, Iberdrola, Endesa o Redeia brillan por sus inversiones en biocombustibles multienergía, el despliegue renovable o las inversiones en redes. Finalmente, el escenario de inflación resistente y tipos altos por más tiempo es un formidable motor para los márgenes de los bancos; entidades comerciales como CaixaBank o Banco Santander seguirán beneficiándose directamente de este panorama.
Las perspectivas del segundo semestre nos exigen mirar de cerca hacia aquellas empresas del mundo físico que ejercen de "picos y palas" en estas transformaciones. Solo así navegaremos con éxito el mega-ciclo de inversión global que se avecina. Por último, el excesivo optimismo en estas temáticas actualmente podría ser el preludio para una sana corrección para eliminar los excesos y, posteriormente, dar más recorrido a las bolsas mundiales.