El Servicio de Neurología del Hospital Universitario Quirónsalud Zaragoza ha comenzado a aplicar terapias inmunológicas anti-amiloide para el tratamiento del alzhéimer. Se trata de una estrategia novedosa que permite modificar el curso de esta enfermedad y no únicamente aliviar sus síntomas, al ralentizar hasta un 35 % el  deterioro cognitivo y funcional en fases tempranas. “Este abordaje está indicado para pacientes  en etapas precoces en los que se ha demostrado la presencia de patología amiloide”, indica la  doctora Belén Sánchez, jefa del Servicio de Neurología. 

El centro hospitalario es pionero en la administración de estos tratamientos en Aragón y uno  de los primeros centros de España en incorporarlos a su práctica asistencial. Además, es el único hospital de la comunidad autónoma que reúne en un solo centro todos los recursos y  capacidades necesarios para llevar a cabo este tipo de terapias.

En qué consiste el tratamiento 

A diferencia de los tratamientos tradicionales, cuyo objetivo es aliviar los síntomas, las terapias  anti-amiloide actúan sobre los mecanismos fisiopatológicos del alzhéimer. La enfermedad se  caracteriza, entre otros cambios, por la acumulación de placas de proteína beta-amiloide y de  ovillos neurofibrilares de proteína tau, procesos que contribuyen a la pérdida de neuronas y de  sus conexiones. Estos fármacos se basan en anticuerpos monoclonales que reconocen la proteína beta-amiloide y favorecen su eliminación por parte de células del sistema inmunitario,  como los macrófagos. “De esta forma, buscan reducir la acumulación de estas placas y ralentizar la progresión de la enfermedad, un efecto que en pacientes en fases tempranas puede  traducirse en una reducción de hasta un 35% del deterioro cognitivo y funcional”, explica la  doctora Alba López Bravo, neuróloga del centro. 

El tratamiento consiste en la administración intravenosa de fármacos mediante infusiones de  entre 30 y 60 minutos. Lecanemab se administra cada dos semanas, mientras que donanemab  se pauta una vez al mes hasta un máximo de 18 sesiones. “En algunos pacientes pueden aparecer  reacciones leves durante la primera infusión, que son controladas por el equipo de enfermería  especializado. Tras un breve periodo de observación, el paciente puede regresar a su domicilio”,  señala la doctora Belén Sánchez.

Asimismo, la doctora Marta Marín, especialista del Servicio de Neurología, apunta que “durante  los primeros meses, existe riesgo de edema o hemorragia cerebral, generalmente detectables  mediante resonancia y, en la mayoría de los casos, sin repercusión clínica”. Por este motivo, los  pacientes requieren un seguimiento clínico y neurorradiológico estrecho. 

Tipología de pacientes e indicaciones 

Estas terapias están dirigidas a personas con deterioro cognitivo leve y patología amiloide demostrada, antes de que se haya producido un daño cerebral avanzado. Para determinar si un  paciente es candidato, se realiza una valoración neurológica y neuropsicológica, además de  pruebas que permiten confirmar la presencia anómala de beta-amiloide, como el PET amiloide,  el análisis de proteínas tau y amiloide en líquido cefalorraquídeo o la determinación de tau  fosforilada 217 en sangre. 

En este sentido, la doctora Leyre Díaz de Cerio, especialista del Servicio de Neurología, señala  que “no todos los pacientes son candidatos a estos tratamientos”. La terapia está contraindicada  en los homocigotos para APOE ε4 y en quienes toman medicación anticoagulante. Por ello, el  protocolo se completa con estudios genéticos del gen APOE y una resonancia magnética cerebral  específica para descartar contraindicaciones y garantizar la seguridad del tratamiento. 

La Unidad de Inmunoterapia Anti-amiloide del Hospital Universitario Quirónsalud Zaragoza  cuenta así con un equipo multidisciplinar de más de 30 profesionales especializados en  neurología, neuropsicología, medicina nuclear, laboratorio clínico, neurofisiología,  neurorradiología, enfermería, cuidados intensivos, neurocirugía y farmacia hospitalaria.