La inteligencia artificial sigue concentrando buena parte de la atención de los mercados, pero el debate inversor comienza a ensancharse. Mientras Nvidia vuelve a demostrar la fortaleza del negocio ligado a la IA y los semiconductores se mantienen bajo la lupa de Wall Street, los inversores buscan nuevos catalizadores de rentabilidad en Europa, las materias primas y los activos digitales, en un contexto en el que la escalada de la deuda estadounidense añade una dosis creciente de incertidumbre al escenario macroeconómico.
A medida que la implantación de la inteligencia artificial pasa de entrenar grandes modelos de lenguaje en la nube a coordinar ejércitos de agentes en dispositivos locales, los fabricantes de hardware compiten por actualizar sus componentes para satisfacer la creciente demanda computacional. Una solicitud típica de IA viaja desde un dispositivo hasta un centro de datos, donde se procesa en hardware especializado antes de emprender el largo viaje de ida y vuelta hasta su origen. Este modelo de IA en la nube es la base del auge de los centros de datos, valorado en un billón de dólares. Te interesa: En la vanguardia de la IA: el hardware de precisión se está trasladando de los centros de datos a los dispositivos.
Si se habla de IA, huelga hablar del protagonista de la semana: Nvidia. La tecnológica ha superado las previsiones y eleva sus expectativas de ingresos, aunque el aumento de la exposición financiera al auge de la inteligencia artificial mantiene a los semiconductores en el centro de la atención de Wall Street.
Y es que las empresas de semiconductores son las claras protagonistas del mercado... tanto por lo bueno como por lo malo. El swap de incumplimiento crediticio (CDS) a 5 años de Broadcom se ha disparado hasta unos 131 puntos básicos, mientras que el de NVIDIA ha subido hasta unos 87 puntos básicos, alcanzando ambos sus niveles más altos jamás registrados. Leer más: Nvidia eleva sus previsiones y desafía las dudas sobre los semiconductores en Wall Street.
Los fundamentales del ecosistema de IA siguen siendo sólidos, pero el impulso del mercado se está ampliando ahora hacia otros segmentos. En este contexto, varios segmentos parecen candidatos probables para tomar el relevo de los beneficiarios más directos de la IA. Europa, en particular, parece ofrecer un terreno más fértil para esta diversificación, dado que allí la rentabilidad ha estado menos concentrada en las compañías expuestas a las infraestructuras de IA, asegura Raphaël Thuin - Director de Estrategias de Mercados de Capitales - Tikehau Capital. Ver: Tikehau Capital identifica en Europa nuevos motores de rentabilidad más allá de la IA.
Siempre que la macro acompañe. En las últimas sesiones hemos visto la rentabilidad de los bonos a largo plazo subir con fuerza al calor de una deuda desbocada en Estados Unidos, alcanzando los 40 billones. Una situación en la que, según el economista jefe de Moody's Analytics, Mark Zandi, la economía estadounidense acusa las condiciones previas para dar paso a una crisis financiera. “No puedo decirles cuándo llegará ese día del juicio final”, declaró Zandi a los presentadores Sonia Jahshan y Simon Baggs en un episodio reciente del podcast “Sonia and Simon”. “Lo único que puedo decirles es que se están dando todas las condiciones previas para ello, y creo que no se está prestando la debida atención a este hecho”. Ver: La deuda de EEUU enciende las alarmas: Moody’s ya habla de un escenario de crisis.
Esto hace pensar en alternativas de inversión que puedan ser válidas en escenarios no tan alcistas de mercado. Según las principales casas de análisis, existe una oportunidad estructural que va a dispararse en los próximos años: la inversión en materias primas, tanto industriales como agrícolas. Ambas presentan perspectivas de subidas generalizadas en sus precios, impulsadas por factores clave como la devaluación de las divisas y las constantes intervenciones políticas y monetarias. Ver: La inversión que dominará los próximos años: el auge de las materias primas.
Por tipo de activo, el bitcoin ha perdido aproximadamente la mitad de su valor desde el máximo histórico alcanzado en octubre de 2025, pasando de poco más de 126.000 dólares estadounidenses a aproximadamente 64.000 dólares estadounidenses. Si se analiza en profundidad, la comparación con los anteriores inviernos de las criptomonedas resulta menos convincente. La normativa se ha vuelto más clara, la participación institucional se ha consolidado y la infraestructura que utilizan los inversores para acceder a los activos digitales ha seguido desarrollándose, incluso a pesar de la caída de las valoraciones. Ver: ¿Un invierno de las criptomonedas diferente? Replantearse el ciclo actual del bitcoin