2025 ha sido un buen año para la renta variable a nivel mundial pero, de cara a 2026, no debemos obviar otra clase de activos. Hay 3 grandes categorías invertibles: renta variable, renta fija y oro. El valor estimado del mercado invertible global asciende a 261 billones de dólares. Para ponerlo en contexto, eso equivale a casi dos veces el PIB mundial. No es dinero real en circulación, sino el valor de los activos financieros e inversiones que cotizan y se negocian. Es el universo disponible para inversores institucionales y particulares que buscan preservar o multiplicar su patrimonio. Ver: ¿Dónde está el dinero? Así se reparte el mercado invertible mundial.
La renta variable, con 127,8 billones de dólares, representa casi la mitad del total global invertible (49%). Y dentro de este bloque, Estados Unidos sigue siendo el líder absoluto.
En este mercado, si hay una temática que ha sonado hasta la saciedad en 2025 es la tecnología y el apellido Inteligencia Artificial. “La mayor diferencia con 2025 creemos que va a girar en torno a la racionalización del gasto de capital de las tecnológicas y toda la demanda relacionada con IA. Ahora mismo estimamos que va a ser meteórica, pero cualquier decepción en ese sentido cambiará bastante la partida. Oracle está siendo el mejor ejemplo. Los inversores han comenzado a penalizar los excesos y cada nueva inversión, el sector, el mercado lo va a mirar cada vez con más lupa, con mucho más detenimiento. Los balances comienzan a estar mucho más estresados dentro de que las grandes tecnológicas siguen gozando de flujos de caja que son gigantescos”, dice Víctor Álvarez, director de renta variable de Tressis. No te pierdas: ¿Los excesos de la IA pueden pasar factura en 2026?
Por lo que el siguiente paso lógico que deberíamos ver en 2026 sería plantearnos cómo de sostenibles pueden ser los retornos de estas inversiones. A menos retorno, a menores márgenes y con ello menos múltiplo. Por eso habrá que estar muy atentos en los próximos trimestres. Sabiendo, eso sí, que “hoy las grandes tecnológicas generan flujos de caja estables, invierten con recursos propios y sin endeudarse excesivamente. La inteligencia artificial está transformando la sociedad y seguirá haciéndolo durante décadas. Según estudios, su impacto económico potencial hasta 2030 es de unos 15,7 billones de dólares, equivalente al PIB de India y China juntos. Estamos en una fase de consolidación de la tendencia: ya vemos aplicaciones reales en el día a día, desde asistentes virtuales hasta herramientas en agricultura, industria, movilidad y entretenimiento. No consideramos que sea una moda pasajera, sino una revolución comparable al ferrocarril en su época”, dice Francisco Amorim, Director de Desarrollo de negocio de Allianz Global Investors. Te interesa: Infraestructuras e IA: las dos megatendencias que pueden liderar los mercados en 2026 y más allá.
Sin salir de la renta variable, compañías de sectores clave de la Bolsa española —tecnología, infraestructuras, banca y energía— exponen ante los inversores sus modelos de negocio y planes estratégicos en un momento en el que el mercado exige mayor visibilidad, capacidad de ejecución y disciplina financiera. La bolsa española sigue ofreciendo oportunidades reales, apoyada en compañías sólidas, en muchos casos infravaloradas, en un contexto de beneficios empresariales resilientes y mejora de la disciplina financiera. No te pierdas: Planes estratégicos al descubierto: esto revelaron las empresas en el Salón del Inversor.
Siguiendo con los distintos tipos de activos, el dólar estadounidense ha perdido fuerza frente a una cesta de divisas globales en los últimos meses. Esta debilidad responde a varios factores que podrían seguir vigentes el año que viene. Por ejemplo, posibles bajadas de tipos en Estados Unidos, el enorme déficit estructural de la economía americana, o el reflation trade, es decir, un giro hacia economías que se orientan más hacia el crecimiento y en donde las divisas emergentes tienden a beneficiarse. Y como ya sabemos, cuando el dólar se debilita, las fichas en el tablero emergente se recolocan. Especialmente en Asia. Te interesa: Asia y dólar débil, una combinación ganadora para 2026.
Sin embargo, para este 2026 las gestoras coinciden en que el gran reto identificado será sacar al inversor de su zona de confort. A pesar de los buenos resultados del año, los flujos han seguido concentrándose en los segmentos más conservadores. “Donde más dinero ha ido este año ha sido a renta fija muy de corto plazo y monetarios”, señalan en Fidelity, que resalta “lo complicado que es mover al inversor de ese segmento”. Sin embargo, los ponentes coinciden en que los llamados “cupones fáciles” se están agotando. “Se han terminado los real rates; si el inversor no bate la inflación, tendrá que empezar a asumir algo más de riesgo”, advierten en Swiscanto. Ver: Qué comprar cuando el ruido lo invade todo: claves de inversión tras 2025.
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