Este mes de julio cumplo 40 años en la profesión periodística y por pura casualidad me tocó ser el becario de la Bolsa en Cinco Días (el becario titular se iba al servicio militar). No contaré batallitas sobre lo que era aquel mercado y el actual o cómo tuve la suerte de conocer todo el proceso de homogeneización del mercado español al resto del mundo. Entonces, en finanzas también éramos diferentes.

La Bolsa y los mercados nunca estuvieron en mi lista de prioridades para dedicarme al periodismo. Quería ser un gran articulista camino entre lo informativo y lo literario, pero era mi primer trabajo y la curiosidad es consustancial con este oficio: cualquier temática me hubiera servido, salvo retransmitir en directo un partido de curling.

Sinceramente, tampoco me hacía mucha ilusión contar historias permanentemente sobre un casino o un bingo. A los 21 años e incluso después, uno tiene aspiraciones de aportar algo positivo para mejorar el mundo que le ha tocado.

La Bolsa, según dicen los manuales, cumple dos objetivos interesantes. El primero es el de financiar a las empresas en su crecimiento a un coste muy flexible, con lo que el inversor/accionista participa de cómo le va a la compañía. Hay numerosas historias de apoyo del inversor a cotizadas que lograron remontar el vuelo, lo que les permitió no entrar en la lista de las liquidadas. Y eso, se traduce en riqueza, en puestos de trabajo, en bienestar para el conjunto de la sociedad.

Si tomamos el ejemplo español, las eléctricas tuvieron a su disposición en los años 70 el ahorro de muchos españoles, lo que permitió construir centrales de todo tipo y garantizar el suministro a prácticamente la totalidad del territorio español. Y aquí las víctimas fueron los inversores que tras numerosas ampliaciones de capital vieron diluida su participación sin que los beneficios corrieran en la dirección y en la cuantía esperada.

El gran desarrollo de la banca española en el extranjero tiene su origen en la bolsa. Nuevamente, las ampliaciones de capital permitieron tomar posiciones, internacionalizando el negocio y ahora se da la paradoja de que, por ejemplo, el BBVA gana más dinero en México que en España. Miles de millones de acciones que llevaron a los ahorradores a una larga travesía de caídas en los precios que ya hace años se busca arreglar con las recompras de acciones. El remate de esta multiplicación de las acciones fue el largo periodo de tipos cero que hundió a los bancos y la inesperada recuperación en los últimos tres años multiplicando el precio de las entidades financieras tras la normalización monetaria.

En los 2000 vimos la financiación de la aparición de Internet. Es cierto que acabó con burbuja, pero también permitió la creación de grandes compañías gracias a la Bolsa (eso no impide criticar si el modelo ha devenido casi en un monopolio). En gran medida, nuestra forma de vida ha cambiado radicalmente desde Internet y la financiación con acciones ha sido decisiva.

Y ahora, en este primer cuarto de siglo, la Bolsa se está centrando en la financiación de las energías renovables, salud, atención a los mayores y también de la Inteligencia Artificial. De la utilización que luego se haga de esta última, creo que el mercado no será responsable, ya que es solo el instrumento utilizado para hacerla crecer. ChatGpt o Space X están en la pista de salida del futuro. Estos nuevas megatendencias de inversión pueden ser un fracaso o un éxito que cambie otra vez la manera de trabajar y relacionarnos (guste más o menos) y la bolsa a través de sus accionistas están ahí para poner el dinero… no de forma altruista, sino con la intención de beneficiarse de su éxito.

En el caso del casino o del bingo que mentaba mi colega, el dueño y Hacienda eran los únicos beneficiados del juego. Está claro que la Bolsa no tiene mucho que ver.

La otra gran ventaja de la Bolsa es la liquidez. El poder convertir de forma rápida las acciones en dinero y el dinero en acciones. Algo que ahora nos parece evidente, pero que no lo era antes y las acciones fueron el primer activo con esta extraordinaria peculiaridad. Incluso, ahora esa liquidez es posible lograrla varias veces al día sobre una misma acción o activo financiero. Increíble.

Y en el plano periodístico, la defensa de los inversores más desprotegidos -normalmente los particulares- también ha sido una misión reconfortante. Denunciar abusos de comisiones, mala gestión, operaciones entre empresas ignorando a los pequeños accionistas, politización o arbitrariedad de organismos supervisores, puede que justifique el dilatado empeño.