Ante el repunte del petróleo y el riesgo de que la inflación obligue al BCE a mantener los tipos altos durante más tiempo, ¿cómo recomendarías posicionarse ahora en renta fija: duraciones cortas, bonos a largo plazo o crédito corporativo? ¿Qué indicador te haría cambiar de estrategia?

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El precio del petróleo ha repuntado debido a la creciente tensión en Oriente Medio. Los miedos inflacionistas se están haciendo notar, lo que provoca que las rentabilidades vuelvan a subir. Sin embargo, consideramos que el mercado se está excediendo en sus expectativas de subidas de tipos; el repunte de los precios debería ser temporal y, por lo tanto, prevemos que de aquí a un año las rentabilidades de la renta fija se sitúen en niveles más bajos.

En este contexto, los tramos medios de la curva representan la mejor opción de posicionamiento, ya que en los plazos más largos persiste el riesgo derivado del déficit y la deuda acumulada. Priorizamos los bonos soberanos y el crédito corporativo de calidad, aunque en este último los spreads están muy estrechos, por lo que la ganancia vendrá principalmente vía tipos de interés y no por diferencial de crédito.

Después de la volatilidad reciente en el sector tecnológico y de semiconductores, ¿crees que estamos ante una oportunidad de compra o ante una revisión más profunda de las valoraciones vinculadas a la inteligencia artificial? ¿Qué métricas utilizarías para identificar a los verdaderos ganadores?

La tecnología sigue siendo un sector indispensable en las carteras, pero la clave reside en mantener una postura altamente diversificada. El mercado demuestra constantemente una rotación muy rápida entre ganadores y perdedores. La tendencia es clara: la inteligencia artificial ha llegado para quedarse y apenas estamos en la punta del iceberg.

Aun así, acertar con un solo título es sumamente complicado. Una compañía puede presentar resultados fantásticos y, aun así, sufrir ventas en bolsa si al mercado le parecen insuficientes respecto a las expectativas del momento. Las valoraciones actuales del sector no son excesivas porque están respaldadas por beneficios muy elevados (con múltiplos en niveles de 2020). No obstante, dada la necesidad de ser muy selectivos, la mejor estrategia es acceder a esta temática de forma diversificada.

Estados Unidos sigue mostrando un mayor crecimiento de beneficios, mientras que Europa ofrece valoraciones más bajas y nuevos estímulos fiscales. ¿Qué tendría que ocurrir para que recomendaras aumentar claramente el peso de Europa frente a Estados Unidos? ¿En qué sectores ves más potencial?

Si la tensión geopolítica disminuye y el precio del petróleo regresa a la zona de 75 u 80 dólares por barril, las bolsas europeas deberían mostrar un mejor comportamiento relativo. Las economías están mostrando resiliencia y los datos de actividad siguen siendo favorables.

En un escenario de normalización geopolítica, Europa recuperaría su capacidad cíclica, beneficiando a sectores como el industrial, defensa, infraestructuras y utilities (donde la electrificación representa una tendencia estructural claramente reforzada). De momento, mantenemos un ligero sobrepeso en la bolsa de Estados Unidos, ya que a corto plazo el riesgo geopolítico continúa favoreciendo al mercado americano como refugio relativo.

Los bancos europeos han registrado una fuerte revalorización en los últimos años. ¿Crees que todavía tienen recorrido o consideras que es momento de recoger beneficios? ¿Qué variables deberían vigilar especialmente los inversores antes de tomar una decisión?

El sector bancario se encuentra en un momento favorable tanto en Europa como en Estados Unidos. No prevemos una recesión y la perspectiva económica apunta a una mejora progresiva de cara a los próximos años. Al tratarse de un sector cíclico, el dinamismo del crédito continuará mejorando.

Asimismo, el entorno de tipos de interés sigue siendo propicio (con posibilidades de que el Banco Central Europeo realice un ajuste adicional de 25 puntos básicos en septiembre), el margen neto se mantiene robusto y los balances de las entidades están completamente saneados. A esto se suma una elevada demanda de financiación para los proyectos tecnológicos en EEUU y las inversiones en defensa e infraestructuras en Europa. Dado que en el Viejo Continente la financiación depende mayoritariamente del canal bancario y no tanto del mercado de capitales, los bancos están bien posicionados para seguir funcionando bien.

En un contexto de tensiones geopolíticas, volatilidad en el petróleo y movimientos en el dólar y los bonos, ¿cómo combinarías oro, liquidez, renta fija y renta variable para proteger una cartera sin renunciar al crecimiento? ¿Qué distribución considerarías razonable para un inversor moderado?

Para un perfil de inversión moderado, que en el ámbito español suele ser algo más conservador que la media europea, situamos la exposición a renta variable en el entorno del 35% al 37%. De cara a la temporada de resultados estivales (que anticipamos volátil no por deterioro fundamental, sino por exigencia tras las fuertes subidas previas), mantenemos un ligero sobrepeso en bolsa estadounidense y una postura neutral en el resto de geografías.

En cuanto a la renta fija, mantenemos una visión positiva sobre los activos de calidad, con especial preferencia por la deuda soberana europea y un incremento reciente en soberanos americanos. Adicionalmente, mantenemos una posición del 3% en oro como activo diversificador. Por el contrario, infraponderamos el mercado monetario (alrededor de un 3% frente al 5% habitual), limitándolo estrictamente a necesidades de liquidez, puesto que en los niveles actuales no ofrece un rendimiento suficiente para compensar la inflación.