Todo inversor tiene claro que tener una diversificación real en la cartera permite obtener buenos rendimientos y protección contra las caídas de los mercados; pero a su vez, también son conscientes de que, a día de hoy, es muy complicado.
Si miramos las carteras una a una, en muchos casos, la posibilidad de que haya diez fondos de inversión diferentes que estén expuestos diez veces al mismo riesgo es muy alta; y efectivamente, eso no es diversificación. Al igual que no es diversificación comprar un ETF del S&P 500 y otro del MSCI World sin mirar más allá.
Todo esto, en parte, se debe a que en los últimos años el auge de la IA ha provocado una fuerte concentración de las inversiones en grandes compañías tecnológicas, que a la vez son las que todo el mundo quiere tener en cartera. Y como consecuencia, fondos de distintas categorías comparten muchas de sus principales posiciones, lo que reduce la diversificación real de las carteras.
Esta concentración, para Ernesto Revello, economista y asesor patrimonial, cobra especial relevancia en un contexto de cambio macroeconómico. “Estamos dejando atrás un entorno caracterizado por tipos de interés próximos a cero, inflación moderada, globalización y abundante liquidez, factores que favorecieron durante años el crecimiento y las valoraciones de las empresas tecnológicas”. Y obviamente, en este nuevo escenario, mantener carteras excesivamente concentradas en los mismos valores puede suponer un riesgo adicional, lo que pone de manifiesto la necesidad de revisar las estrategias de inversión y buscar una diversificación más efectiva.
Según el experto, la economía se enfrenta a un posible cambio de ciclo hacia un escenario de estanflación, caracterizado por un menor crecimiento, una inflación persistente y tipos de interés más elevados. A ello se suman riesgos como el creciente endeudamiento, la concentración bursátil en grandes compañías tecnológicas, las tensiones geopolíticas y una posible debilidad del dólar. En este contexto, advierte de que “los activos que han liderado los mercados en los últimos años no tienen por qué seguir haciéndolo y de que la diversificación tradicional entre acciones y bonos podría perder eficacia, como ocurrió en 2022”. Por ello, considera necesario revisar las estrategias de inversión y adaptar las carteras al nuevo entorno económico.
¿Cómo conseguir una diversificación real?
El quid de la cuestión más que cómo conseguir una diversificación real es cómo evitar esa concentración absoluta en grandes compañías tecnológicas vinculadas a la inteligencia artificial.
En este sentido, Mar Barrero, directora de análisis de Arquia Profim Banca Privada, cree que “es fundamental apostar por una mayor diversificación geográfica, sectorial y de activos”. En este sentido, destaca regiones como la zona euro o Latinoamérica, donde tienen más peso sectores como el industrial, financiero, energético o minero. También recomienda analizar la composición de los fondos antes de invertir para identificar posibles riesgos de concentración. Y, por último, defiende la importancia de combinar diferentes tipos de activos en las carteras, incluyendo renta fija y materias primas, ya que, pese a sus posibles limitaciones o volatilidad, pueden ayudar a reducir riesgos y mejorar los resultados a largo plazo.
Por su parte, Marta Lantero San Román, directora de Asesoramiento y Gestión Discrecional de Carteras en Creand Asset Management, cree que la diversificación real para por aplicar la filosofía de “un fondo, una estrategia”, buscando que los distintos fondos de una cartera sean verdaderamente complementarios y evitando la concentración en las mismas inversiones. También apuesta por incorporar fondos alternativos que permitan obtener rentabilidades positivas tanto en mercados alcistas como bajistas, con el objetivo de “construir carteras más equilibradas y resistentes a distintos escenarios de mercado".
Por último, para Ernesto Revello, la verdadera diversificación no consiste en acumular productos financieros, sino en combinar activos y fuentes de rentabilidad que reaccionen de forma diferente ante los cambios económicos.
Para ello, propone una estrategia basada en la Antifragilidad Financiera, estructurada en tres pilares:
- Preservación y protección del patrimonio: busca proteger el capital y mantener la liquidez mediante cuentas remuneradas, depósitos, fondos monetarios, renta fija seleccionada según su duración y calidad crediticia, y oro físico o financiero.
- Crecimiento patrimonial: tiene como objetivo generar riqueza a largo plazo mediante renta variable global, regional y sectorial, fondos indexados y de gestión activa, materias primas y, para determinados perfiles, activos digitales como Bitcoin. Destaca sectores como energía, materiales, industria y compañías value, para evitar una dependencia excesiva de las grandes tecnológicas estadounidenses.
- Diversificación y descorrelación: pretende incorporar fuentes alternativas de rentabilidad menos vinculadas a los mercados tradicionales, como financiación empresarial, factoring, proyectos inmobiliarios, inversiones en economía real, proyectos creativos y capital privado, teniendo siempre en cuenta sus riesgos y liquidez.
En definitiva, hacer una buena diversificación da una mayor consistencia a las inversiones.