Terminamos el mes de agosto, un mes aparentemente positivo para las bolsas, con muchas de ellas tocando máximos históricos. ¿Cuál es la situación de la que partimos de cara al mes de septiembre?
Llegamos a septiembre con una situación bastante paradójica. Por un lado, agosto ha vuelto a demostrar una enorme fortaleza en las bolsas, con muchos índices marcando máximos históricos; el Stoxx 600, por ejemplo, podría encadenar su quinto mes consecutivo de avances. Por otro lado, tenemos el petróleo otra vez cerca de los 90 dólares, aumenta la tensión militar en el estrecho de Ormuz, contamos con una Reserva Federal bastante más dura tras Jackson Hole y unas rentabilidades de la deuda a largo plazo todavía elevadas.
Hace unos años, esta combinación habría provocado una corrección clara de los mercados. Sorprende la capacidad actual para absorber malas noticias. El mercado está, en cierta medida, anestesiado por dos factores: el crecimiento de los beneficios empresariales, que sigue siendo muy fuerte y proporciona un colchón considerable a las bolsas, y la inteligencia artificial, que mantiene en los inversores la sensación de que existe un motor estructural capaz de compensar buena parte de los riesgos macroeconómicos y geopolíticos.
Existe una complacencia relativa; después de varios años superando guerras, aranceles, tipos altos y volatilidad, los inversores han aprendido a no vender ante ciertos titulares. Esta actitud funcionará hasta que aparezca una noticia que realmente afecte a los beneficios o a la liquidez. Septiembre comienza con más riesgos, los bancos centrales han recuperado un tono más restrictivo y el mercado descuenta una subida del Banco Central Europeo en la reunión del 10 de septiembre. Mantendría una visión positiva pero prudente. Será un mes menos propicio para perseguir índices y más enfocado en seleccionar compañías y sectores donde el margen de error sea más reducido.
El petróleo vuelve por encima de los 90 dólares ante el incremento de la tensión en el estrecho de Ormuz, y con él suben también los títulos de Repsol. Fue una de las más penalizadas cuando el crudo caía, pero ahora se mantiene muy cerca de máximos históricos. ¿Qué valoración hace de la compañía en el momento actual?
Repsol sigue siendo una compañía interesante, aunque hay que reconocer que, tras la fuerte subida de este año, parte de las buenas noticias ya deberían estar recogidas en el precio. A corto plazo, volver a tener el barril por encima de los 90 dólares beneficia al negocio de exploración, producción y refino, explicando el buen comportamiento de la acción en los últimos días. Es el valor que más sube hoy en la bolsa española.
Repsol cuenta con buenos márgenes de refino y mantiene una política atractiva de remuneración al accionista, destacando la solidez de su balance y unos múltiplos bastante razonables. Un elemento especialmente relevante hoy es el acuerdo firmado para estudiar el desarrollo del área de Petroquiriquire y oportunidades en el negocio de gas offshore en Venezuela. Esto supone una normalización de la industria petrolera venezolana y estratégicamente es muy positivo para Repsol, ya que la posiciona directamente sobre el terreno. Es una compañía que aporta mucho valor a medio y largo plazo por la solidez de su balance, su capacidad de generación de caja y su remuneración, más allá de comprarla únicamente bajo la premisa de que el petróleo seguirá subiendo.
Hoy también se mantienen en positivo los bancos españoles. Mañana conoceremos los datos de inflación en la eurozona, donde se prevén precios un 3% más altos que hace un año, y se espera que el Banco Central Europeo suba los tipos de interés en su reunión del próximo 10 de septiembre. ¿Está esto ya descontado en la cotización de los bancos, o puede ser un nuevo incentivo para el sector?
La subida de tipos es una buena noticia para los bancos porque permite mantener unos márgenes de intereses más elevados durante más tiempo. Sin embargo, hay que distinguir entre una buena noticia fundamental y una sorpresa bursátil. Buena parte de este escenario ya está descontado en la cotización; el mercado asume casi por completo una subida de 25 puntos básicos del Banco Central Europeo. Por tanto, una subida de tipos por sí sola difícilmente va a provocar una gran revalorización adicional, ya que está incorporada en los precios.
Lo que sí sigue siendo positivo para el sector es que el mercado empiece a asumir que los tipos permanecerán altos durante más tiempo. Los fundamentales continúan siendo buenos: hay crecimiento del crédito, la morosidad está contenida, el capital sigue elevado y la remuneración al accionista es muy atractiva, generando buenas rentabilidades. El riesgo radicaría en ir demasiado lejos; unos tipos más altos benefician inicialmente los márgenes, pero si terminan deteriorando excesivamente el crecimiento económico o la calidad de los activos, dejará de ser positivo. Mantendría una visión constructiva sobre la banca, enfocada en entidades con capital sólido y capacidad para devolver dinero al accionista. Banco Santander y BBVA destacan por la diversificación internacional de su negocio, y entre los bancos domésticos me sigo quedando con Bankinter.
Teniendo en cuenta que no parece haber un cambio de tendencia en las bolsas mientras no haya noticias que afecten a los beneficios o a la liquidez, en este contexto y de cara a las próximas semanas, ¿en qué sectores recomendáis buscar oportunidades de inversión?
La estrategia no varía mucho respecto a semanas anteriores. En bolsa, seguiría buscando compañías con capacidad de fijación de precios, balances sólidos, generación recurrente de caja y poca dependencia de refinanciaciones frecuentes. Mantendría exposición a la tecnología y a la inteligencia artificial. A pesar de las dudas, el ciclo de inversión sigue siendo extraordinariamente fuerte. Sería selectivo, apostando por proveedores de infraestructura, semiconductores especializados, conectividad, centros de datos y electrificación, que se benefician directamente de estas necesidades de inversión.
En Europa, seguiría teniendo exposición a la banca con cuidado. Añadiría el sector energético, ya que las grandes petroleras cuentan con una generación de caja considerable y funcionan como cierta cobertura frente al riesgo geopolítico. Sumaría también salud y defensa; la salud ofrece un crecimiento relativamente independiente del ciclo económico (las farmacéuticas están mostrando un comportamiento especialmente bueno este año), y la defensa continúa apoyada por la tendencia estructural del aumento del gasto público europeo.
Finalmente, añadiría el sector de infraestructuras y concesiones. Es un segmento interesante porque combina visibilidad de ingresos, carteras de proyectos a largo plazo y protección frente a la inflación. En España tenemos compañías como ACS , Ferrovial o Sacyr , con presencia global y proyectos clave en transporte y digitalización, que, además, cotizan con un descuento importante respecto a sus precios objetivos. Esto ofrece un mayor margen de seguridad para el inversor.