Antonio Castelo, analista de iBroker, considera que el adelanto electoral introduce un nuevo elemento de incertidumbre en el mercado español, aunque insiste en que, por sí solo, no debería provocar un cambio de tendencia en el Ibex 35. La reacción inicial del índice tras conocerse la convocatoria electoral fue muy contenida, lo que, a su juicio, confirma que la Bolsa española sigue dependiendo mucho más de factores internacionales —tipos de interés, petróleo, divisas, crecimiento global o evolución de la deuda europea— que de la política doméstica.
La experiencia histórica también invita a relativizar el efecto de las elecciones. Castelo recuerda que, desde 1990, el Ibex ha registrado de media una caída cercana al 1% durante los 54 días anteriores a unas elecciones generales, mientras que la primera sesión posterior a los comicios arroja un descenso medio de apenas el 0,1%. Incluso el adelanto electoral de 2023 tuvo un impacto muy limitado. Por ello, el verdadero interés para los inversores no estaría tanto en la convocatoria como en el resultado final de las urnas y, especialmente, en las políticas que pueda aplicar el nuevo Gobierno.
En este sentido, una mayoría de orientación liberal-conservadora podría favorecer especialmente a la banca. El motivo principal sería la posibilidad de retirar, reducir o modificar el gravamen extraordinario que soportan las entidades financieras. Castelo señala a la banca doméstica como el sector con mayor sensibilidad positiva ante un eventual cambio de mayoría política y, por tanto, como uno de los principales candidatos a reaccionar favorablemente en ese escenario.
Las compañías energéticas también podrían beneficiarse de un cambio de Gobierno por una posible reducción de su carga fiscal. Además, un giro en la política nuclear tendría consecuencias positivas para grupos como Endesa e Iberdrola, al poder modificarse el calendario previsto de cierre de las centrales. También inmobiliarias y constructoras podrían recibir favorablemente un nuevo enfoque regulatorio en materia de vivienda.
Fuera del Ibex, Castelo destaca especialmente el caso de Berkeley Energia. La compañía se había disparado en Bolsa ante la expectativa de que unas elecciones pudieran facilitar el desbloqueo de su proyecto de mina de uranio en Salamanca. Para el analista, se trata del ejemplo más claro del componente especulativo que el cambio político puede introducir en determinados valores muy vinculados a decisiones regulatorias.
En el escenario contrario, una continuidad del actual bloque político podría resultar relativamente más favorable para las compañías de energías renovables y para valores regulados ligados a la agenda verde. Es decir, más que hablar de una reacción general de la Bolsa, Castelo plantea una rotación de preferencias entre sectores según el resultado electoral.
No obstante, advierte de que el principal riesgo no sería necesariamente quién gane las elecciones, sino que vuelva a surgir un Parlamento muy fragmentado. Una situación de bloqueo prolongaría la interinidad política y mantendría los presupuestos prorrogados, aumentando la incertidumbre. Para Castelo, el inversor internacional valora especialmente la previsibilidad, la seguridad jurídica y la estabilidad institucional.
Por eso, su conclusión es prudente: durante las semanas previas a las elecciones puede aumentar la volatilidad en los valores más expuestos al mercado doméstico, pero no espera que el adelanto electoral cambie por sí mismo la tendencia del Ibex. Más que una victoria de un partido concreto, considera que el mejor catalizador para la Bolsa española a medio plazo sería un Gobierno estable, con capacidad para aprobar presupuestos, ofrecer seguridad jurídica y recuperar la confianza institucional de los inversores.