Con los tipos de interés volviendo a condicionar las valoraciones y la inflación todavía en el foco, ¿qué cambios estás haciendo ahora mismo en las carteras de fondos? ¿Dónde estás reduciendo exposición y dónde encuentras oportunidades?

En el último semestre hemos visto un incremento sustancial de los tipos de interés. No solo en Europa, sino especialmente en Estados Unidos, con las implicaciones que esto conlleva a nivel global. Nos estamos subiendo a la ola para aprovechar que los tramos de corto plazo nos están pagando bastante más, de manera casi gratuita, con permiso de la inflación. Esta inflación creciente debe ser tomada con mayor seriedad y respeto por parte de los bancos centrales, lo que implicará una serie de medidas en los próximos meses que el mercado ya está descontando. De hecho, el mercado anticipa subidas de tipos en contra de la opinión y la voluntad expresada por la Reserva Federal.   

De momento, la estrategia consiste en aprovechar los tramos cortos y comenzar a acumular en el medio y largo plazo. La razón responde a la ley estadística de los grandes números: cuando los tipos de interés americanos se sitúan por encima del 5%, o los europeos por encima del 3%, los retornos al año siguiente suelen ser muy significativos. Esto se debe a que así se han comportado los mercados financieros durante las últimas tres décadas. 

En resumen, asumimos algo de riesgo gubernamental. Aunque la parte de crédito está más ajustada, con muy buena calidad y solvencia, la oportunidad a corto plazo reside en los bonos gubernamentales.   

Después de años en los que la gestión pasiva ha ganado muchísimo terreno, ¿en qué mercados o activos sigue teniendo sentido pagar por gestión activa? ¿Dónde encuentras hoy gestores capaces de aportar alfa de verdad después de comisiones?

Venimos de un periodo complejo para la generación de alfa. En los últimos años tuvimos una ventana de respiro entre finales de 2024 y 2025 gracias a las bajadas de tipos y a una inflación bajo control o en trayectoria descendente. Sin embargo, a partir de febrero y marzo, esas dinámicas se han dado la vuelta y hemos tenido que recurrir al manual de años anteriores.   

La oportunidad sigue estando presente, sobre todo en mercados más ineficientes o con menor cobertura de análisis. Estados Unidos es un mercado muy complejo que se mueve por estilos, factores y tendencias de corto plazo. Sectores como energía, financieros y tecnología, con la inteligencia artificial a la cabeza, han liderado el mercado durante los últimos años.   

Al analizar el rendimiento reciente, Europa y los mercados emergentes destacan como los dos mercados dentro de la renta variable donde todavía es posible encontrar alfa. Es un alfa cualitativo y caprichoso, dependiente del estilo de inversión de cada gestor. Cuando tres sectores lideran el mercado de forma tan clara, batir a los índices resulta extremadamente difícil. Por ello, se requieren gestores activos, flexibles y adaptativos que identifiquen dónde se generan la demanda y los márgenes a corto plazo. El análisis cualitativo clásico de largo plazo es el que más ha sufrido en lo que va de década.

Las valoraciones han aumentado en algunas áreas del mercado mientras la geopolítica y la energía vuelven a introducir incertidumbre. ¿Hay activos en los que estés viendo demasiada complacencia y otros donde creas que el mercado descuenta un escenario excesivamente negativo?

Destaca la fortaleza y resistencia mostrada por los resultados y los márgenes empresariales, especialmente durante el segundo trimestre. La clave principal radica en el seguimiento del crecimiento de los beneficios por acción (EPS growth) y de la inflación. La renta variable es el activo por excelencia capaz de trasladar el incremento de costes a los consumidores a través de bienes y servicios, funcionando como una cobertura natural contra la inflación.

En el último semestre se han combinado ambos factores: un crecimiento del EPS en tasas históricamente elevadas a nivel global y una inflación persistente. Estados Unidos encabeza este crecimiento al representar cerca del 70% de los índices globales, pero Europa también ha mostrado una destacada fortaleza táctica en determinados sectores y compañías. En un entorno de inflación al alza, la renta variable se consolida como el activo estrella impulsado por los vientos de cola en los beneficios empresariales.

Cuando un fondo que habéis seleccionado empieza a hacerlo peor que su índice, ¿cómo distingues entre una mala racha que hay que aguantar y un problema estructural que obliga a salir del gestor?

Dedicamos una parte sustancial del trabajo del equipo al seguimiento continuo y al análisis cualitativo mediante reuniones y entrevistas con gestores. Los reportes cuantitativos y los screenings los realizamos a diario, semanal y mensualmente, pero el verdadero valor añadido está en el análisis cualitativo.   

Cuando un fondo entra en underperformance o atraviesa una mala racha, la evaluación se realiza caso por caso. En gestores activos con un alto active share que buscan aportar un retorno diferencial respecto a los índices, no existen respuestas generalizadas. Aunque la dispersión sectorial actual debería ser un entorno propicio para la gestión activa, los datos de informes reflejan que a cinco años menos del 20% de los gestores activos logran batir a sus índices de referencia.   

Ante un deterioro del rendimiento, recurrimos a nuestro protocolo de due diligence y verificamos si los resultados siguen siendo coherentes con el proceso y la tesis de inversión. Si la tesis se mantiene, mostramos paciencia; sin embargo, si detectamos una desviación de estilo (style drift) o el gestor se queda anclado en tesis del pasado, aplicamos una "tarjeta roja" y pasamos el fondo a observación. Es imprescindible adaptarse con rapidez a las nuevas dinámicas de mercado. 

Para un inversor que tiene dinero en fondos y ahora duda entre asumir más riesgo, refugiarse en renta fija o mantener liquidez, ¿qué error consideras más peligroso en el escenario actual y cómo debería plantearse esa decisión?

La asignación de activos depende del perfil de riesgo de cada inversor, aunque la recomendación general es mantener una cartera diversificada que combine renta fija, renta variable y activos alternativos líquidos.   

En el momento actual, la renta fija ofrece una oportunidad atractiva para acumular niveles de rendimiento (TIR). En mercados cotizados y líquidos, los momentos de mayor incertidumbre suelen coincidir con las mejores oportunidades de entrada a medio y largo plazo.   

En renta variable es fundamental ser selectivo y evitar comprar de forma generalizada. Las expansiones de márgenes en sectores como energía o bancario no son exponenciales ni duraderas de manera indefinida. Por ello, conviene complementar la cartera con gestores que atraviesen un momento menos favorable pero cuyas compañías subyacentes cuenten con valor, márgenes sólidos y crecimiento de beneficios a largo plazo. 

En renta fija, los rendimientos del 3% en euros son accesibles, mientras que para alcanzar niveles del 4%, 5% o 6% es necesario tomar riesgo de crédito o diversificar fuera de la divisa euro.   

En resumen: es momento de acumular tipo de interés en renta fija y de ser selectivos en renta variable allí donde exista valor a largo plazo que haya quedado rezagado en cotización.