José Luis Cava arranca cuestionando la tesis de que “la presión económica ejercida por los Estados Unidos sobre Rusia, Corea del Norte e Irán había fracasado”, planteando que para valorar unas sanciones hay que definir antes un objetivo “realista” y medir su coste frente a alternativas como la intervención militar. A su juicio, pretender someter completamente al régimen iraní no lo es: “tú no puedes someter con sanciones económicas a un régimen iraní, con los medios de comunicación totalmente controlados”. Por ello, redefine el objetivo como algo más limitado: “retrasar el programa nuclear de Irán y además encarecer su coste”.
El experto explica que Irán ha respondido construyendo un “sistema económico de supervivencia”, apoyándose en su posición estratégica y, sobre todo, en la ayuda de China. Este tercer actor es clave, ya que proporciona un “refugio” financiero que amortigua las sanciones y, además, se beneficia comprando petróleo barato y expandiendo el uso del yuan. Así, “la guerra económica se ha ido diluyendo” y ha incentivado la creación de sistemas alternativos al dominio del dólar.
Ante esta situación, el analista interpreta que Estados Unidos ha visto deteriorarse la relación coste-beneficio de las sanciones y ha optado por una intervención más directa. Sin embargo, subraya que se ha alcanzado un punto en el que “a ninguna de las partes les interesa seguir con la guerra”. Según su lectura, Washington ha logrado sus objetivos esenciales, mientras que Irán también muestra señales de cambio, priorizando “construir país” y aliviar la presión económica interna.
A partir de ahí, el experto amplía el foco y sostiene que estamos asistiendo a “una transición en la arquitectura del sistema económico y monetario global”. El poder del dólar sigue siendo central, pero cada vez más países buscan alternativas para protegerse de sanciones, impulsando un sistema más fragmentado y multipolar.
En este nuevo contexto, Cava identifica claramente al gran beneficiado: “el oro”. Argumenta que los bancos centrales lo acumulan como defensa frente a sanciones y como vía de independencia financiera. Destaca, además, el papel de China, que lleva “19 meses consecutivos” comprando oro, lo que refuerza su carácter estratégico. Aunque reconoce que puede haber caídas puntuales, concluye que, a largo plazo, “la tendencia del oro sea claramente alcista”.