Araceli de Frutos, consejera de Araceli de Frutos EAFI,
señala que los mercados financieros afrontan el cierre de febrero en niveles elevados, especialmente en Europa y en el Ibex 35, aunque con un trasfondo de creciente incertidumbre. El principal foco de preocupación se ha desplazado desde los riesgos geopolíticos y los aranceles, que dominaron el escenario el año pasado, hacia el impacto real de la inteligencia artificial. El mercado comienza a cuestionarse cómo las fuertes inversiones en IA por parte de los grandes grupos tecnológicos —con un capex en máximos de la última década— acabarán afectando a los márgenes y beneficios futuros. Este temor se ha visto reforzado por informes recientes y por la reacción errática del mercado ante resultados como los de Nvidia, lo que ha provocado cierta volatilidad y una rotación parcial de flujos.
Aunque no se aprecia una salida masiva de las grandes tecnológicas, sí se observa que el nuevo dinero que entra en bolsa empieza a dirigirse hacia valores más defensivos, capaces de igualar en rentabilidad a las tecnológicas pero con menor volatilidad. En este contexto, De Frutos considera que la tecnología sigue siendo un sector clave, ya que la inteligencia artificial representa una auténtica revolución industrial en la que solo sobrevivirán los actores más fuertes. Por ello, defiende mantener exposición a grandes compañías como Alphabet o Microsoft, que cuentan con escala, capacidad financiera y liderazgo para capitalizar esta transformación. En el ámbito tecnológico también destaca el atractivo de los semiconductores, beneficiados por la escasez de chips, mientras que en software recomienda una selección muy cuidadosa, con ejemplos como SAP o Capgemini tras las fuertes correcciones en valoración.
Más allá de la tecnología pura, la experta pone el acento en los sectores que se verán favorecidos indirectamente por el despliegue de la inteligencia artificial, especialmente aquellos ligados a la demanda de electricidad y a las infraestructuras necesarias para sostenerla. En este sentido, las utilities y las compañías industriales cobran protagonismo. Valores como Iberdrola destacan por su buen comportamiento, su perfil defensivo, menor volatilidad y una rentabilidad por dividendo estable, características muy valoradas en un entorno de incertidumbre. Junto a ella, otras eléctricas europeas como Engie o E.ON forman parte de las recomendaciones, al estar bien posicionadas para beneficiarse del aumento estructural de la demanda energética asociado a la digitalización y la IA.
En términos de mercados, febrero ha sido positivo sobre todo para los índices europeos, con un repunte destacado del CAC francés, mientras que en Estados Unidos el peso de las grandes tecnológicas ha lastrado al Nasdaq, frente al buen comportamiento del S&P 500 equiponderado. Esto refuerza la idea de una rotación hacia sectores como industriales, utilities y telecomunicaciones. De cara a los próximos meses, la finalización de la temporada de resultados y la estabilidad de los datos macroeconómicos podrían dar paso a un periodo de consolidación, con los bancos centrales manteniendo los tipos y los inversores buscando un equilibrio entre crecimiento ligado a la inteligencia artificial y valores defensivos capaces de aportar estabilidad a las carteras.