La cuenta de 64 meses consecutivos por encima del 2% se obtiene utilizando el IPC estadounidense: desde marzo de 2021 hasta junio de 2026, la tasa interanual se ha mantenido por encima de ese nivel. Hay una precisión que es poco conocida. La Fed no fija su objetivo sobre el IPC, sino sobre el deflactor del consumo personal, el PCE. La diferencia importa para ser rigurosos, aunque no cambia el problema de fondo. En mayo, el PCE general crecía un 4,1% interanual y el subyacente un 3,4%; en junio, el IPC avanzaba un 3,5%. En cualquier caso, la estabilidad de precios sigue lejos.
Fuente: Carlos Arenas Laorga
Estos datos no son menores. Desde 2020, la tasa anualizada de inflación americana es de más del 4%. Muy lejos de ese objetivo del 2% a largo plazo.
La subida acumulada ronda el 30%, equivalente a algo más del 4% anualizado, como decía.
La Fed terminó su ajuste cuantitativo, el famoso QT, el 1 de diciembre de 2025. Durante más de tres años había dejado vencer bonos sin reinvertirlos para retirar liquidez. Frenó cuando las reservas bancarias se acercaron al nivel que considera amplio y los tipos del mercado repo comenzaron a mostrar más tensión y volatilidad. En diciembre empezó a comprar letras del Tesoro para evitar que el crédito se estancase.
Ahora, desde comienzos de enero ha adquirido cerca de 250.000 millones de dólares en letras: unos 160.000 millones corresponden a compras adicionales para mantener reservas y alrededor de 90.000 millones a reinversiones de vencimientos de deuda hipotecaria. No hay más que ver el gráfico…
Pues para no ser QE, se parece un poco… Pero el QE busca estimular la economía comprando deuda de mayor duración para reducir los tipos a largo plazo, elevar el precio de los activos y empujar al inversor hacia más riesgo. Las operaciones actuales se concentran en letras a corto plazo y pretenden conservar suficientes reservas para que la Fed controle el tipo oficial y el sistema de pagos funcione sin sobresaltos. Por eso hace bien la propia Fed en decir que no es QE.
Dicho esto, cada compra aumenta el activo de la Fed y crea reservas bancarias en el pasivo. La base monetaria se expande, aunque el efecto sea distinto al de adquirir bonos a 10 o 30 años.
Si no es QE, ¿qué hace la Fed aumentando el balance? Pues, por desgracia, se me ha venido de inmediato una cosa a la cabeza. Irán.
La guerra la financia el Gobierno federal mediante impuestos, reasignaciones presupuestarias y deuda. La Fed compra títulos del Tesoro en el mercado abierto; no recibe una factura del Pentágono ni crea una partida llamada guerra de Irán.
Un banco central que compra deuda pública aporta un comprador estable, mejora la liquidez y facilita que el sistema financiero absorba emisiones enormes. No decide en qué gasta el Tesoro, pero ayuda a que una economía muy endeudada financie déficits sin que la escasez de reservas rompa el mercado monetario.
No digo que lo esté haciendo para financiar la guerra. Pero oler, no huele bien, desde luego. Y, como dicen las Escrituras, nada nuevo hay bajo el Sol. La connivencia entre estados y banca es primigenia. El estado otorga el monopolio de la emisión de moneda a alguien a cambio de que le financie cuando el este lo necesite. Fácil. Simplemente se empobrece a los ciudadanos con mayor inflación.
El tamaño agregado del balance ofrece una primera señal, pero puede engañar. Conviene observar qué compra la Fed, a qué plazo y con qué ritmo. Las compras para gestionar reservas bajaron desde unos 40.000 millones mensuales a comienzos de 2026 hasta unos 10.000 millones en los programas recientes. Si volviera a comprar bonos largos o deuda hipotecaria para reducir rentabilidades, entonces sí estaríamos ante una señal mucho más cercana al QE.
También hay que vigilar los tipos reales, las expectativas de inflación, el dólar, el petróleo y la curva de tipos. Una Fed obligada a proporcionar liquidez mientras la política fiscal gasta más y la energía vuelve a subir sería un cóctel para los activos reales, malo para la renta fija de larga duración y potencialmente volátil para la bolsa.