¿Están los mercados de bonos a punto de romperse? Por ahora, considero que no. Hay tensiones y desequilibrios importantes, pero creo que es exagerado hablar de una ruptura inminente. La clave está en los tipos de interés a largo plazo y, especialmente, en el bono estadounidense a 10 años.

Muchos analistas están centrados en lo que hará la Reserva Federal, pero, en mi opinión, esa discusión aporta poco. La Fed controla el tramo corto de la curva, pero no los tipos a 10, 20 o 30 años. Puede bajar los tipos oficiales y, al mismo tiempo, subir las rentabilidades de los bonos.

Coincido con Goldman Sachs en que debemos vigilar el tramo largo. El bono estadounidense a 30 años ya ha superado los máximos de octubre de 2023 y la resistencia del 5,17%, lo que supone un riesgo para las bolsas si la tendencia se acelera.

Sin embargo, yo prefiero fijarme en el Treasury a 10 años, porque es una referencia fundamental para la financiación y para las valoraciones bursátiles. Por ahora, no ha superado la resistencia del 4,80%.

Además, las expectativas de inflación a cinco años siguen relativamente ancladas, alrededor del 2,27%. Si el crecimiento real de Estados Unidos ronda el 2,2% y la inflación el 3%, el crecimiento nominal se sitúa ligeramente por encima del 5%. Por eso considero que una subida del Treasury al 5% o incluso al 5,2% todavía podría ser asumible. Ese sería, en mi opinión, un nivel de verdadera alerta.

Tampoco veo problemas de demanda. Las últimas subastas muestran que los primary dealers están absorbiendo porcentajes normales de las emisiones. Los inversores siguen comprando deuda estadounidense, lo que permite financiar tanto el déficit público como las enormes inversiones en infraestructura de inteligencia artificial.

El problema está en el medio y largo plazo. Estados Unidos mantiene un déficit estructural y estamos viendo un progresivo deterioro del papel del dólar como moneda de reserva, mientras los bancos centrales aumentan sus compras de oro.

Por tanto, la crisis todavía no está en la superficie, pero las tensiones existen. El petróleo y los productos destilados están encareciéndose y pueden terminar trasladando presión a la economía.

Mi escenario es que esta tranquilidad puede mantenerse hasta el 3 de noviembre. A partir de entonces, habrá que vigilar especialmente el Treasury a 10 años. Si supera claramente el 4,80% y después el 5,2%, entonces sí tendremos una señal de alarma para las bolsas.