Quiero empezar con una visión general. Por un lado, estamos viendo cómo las finanzas tradicionales se están acercando cada vez más a las finanzas descentralizadas y a la tokenización. BlackRock, por ejemplo, está hablando de carteras con exposición a este tipo de activos y, al mismo tiempo, diferentes entidades están impulsando la tokenización de activos reales. Por otro lado, seguimos teniendo problemas como los hackeos y, en el caso de Bitcoin, vemos que ha conseguido superar la zona de los 83.000, aunque todavía le está costando consolidarse. ¿Dónde estamos ahora mismo dentro del ecosistema cripto? ¿Qué está ocurriendo más allá de los titulares?

Si empezamos por Bitcoin, desde mediados de agosto hemos visto un cambio importante en el panorama. Hasta entonces, el sentimiento seguía siendo bastante bajista y prácticamente todos contemplábamos la posibilidad de una última caída.

Sin embargo, desde agosto la situación ha cambiado considerablemente. Hemos observado que los volúmenes se han multiplicado, el inversor minorista está regresando y se está produciendo de nuevo una rotación de capital hacia el mercado cripto.

Aun así, creo que todavía es pronto para afirmar de forma definitiva que Bitcoin ha tocado suelo. Desde el punto de vista técnico, nuestros analistas observan tres elementos fundamentales. El primero era comenzar a marcar máximos crecientes, algo que ya podemos considerar cumplido, porque a nivel semanal estamos viendo máximos cada vez más altos. El segundo era superar determinadas medias móviles, algo que también se ha producido. Lo que faltaría para poder cerrar completamente ese proceso y hablar con mayor seguridad de un suelo sería la formación de un mínimo creciente.

Por tanto, todavía necesitamos dejar que el gráfico se desarrolle.

El problema es que, mientras técnicamente la situación parece haber mejorado, desde el punto de vista fundamental seguimos teniendo numerosos factores en contra: incertidumbre económica, tipos de interés elevados y conflictos geopolíticos que no parecen tener una resolución inmediata.

Ahora bien, si miramos más allá de Bitcoin y de las propias criptomonedas, sí estamos viendo una transformación profunda del sistema financiero hacia la tokenización de activos, divisas, depósitos bancarios y, potencialmente, prácticamente cualquier tipo de instrumento financiero.

Eso representa otra revolución. No es exactamente la misma historia que Bitcoin, aunque ambas tendencias pueden avanzar de la mano y retroalimentarse.

Precisamente ahí aparece una cuestión muy interesante. ¿Podemos empezar a diferenciar claramente Bitcoin del resto del ecosistema? Su narrativa también está cambiando. Está dejando de verse únicamente como un activo de riesgo que recibe flujos cuando todos los mercados suben y comienza a aparecer con más fuerza la idea de Bitcoin como *sound money*, como activo que puede proteger frente a la devaluación monetaria.

Al mismo tiempo tenemos toda la infraestructura que podría soportar la tokenización: distintas redes blockchain, Ethereum, Solana y proyectos relacionados con la interoperabilidad o con la conexión entre diferentes sistemas.

Si el sistema financiero acaba funcionando sobre blockchain, Bitcoin podría desempeñar un papel equivalente al de un activo de reserva o de colateral, mientras que gran parte de la creación de valor podría producirse en las plataformas que sostengan toda esa tokenización.

¿Cómo quedaría Bitcoin dentro de este nuevo ecosistema?

En el caso de Bitcoin se habla mucho de reserva de valor, pero creo que progresivamente también hablaremos de Bitcoin como activo de crédito y como colateral.

Creo que durante los próximos años veremos cada vez más bancos y entidades financieras aceptando Bitcoin como un activo que puede utilizarse para respaldar determinadas operaciones financieras o incluso para obtener financiación.

Esto se aleja bastante de la narrativa original con la que nació Bitcoin. Inicialmente se hablaba de una revolución destinada a sustituir al sistema financiero tradicional. Creo que esa idea ha perdido mucha fuerza. Han entrado los grandes fondos, las instituciones y los gobiernos, y ahora Bitcoin tiene que entenderse más como una reserva de valor y como un activo financiero propio.

Además, estamos viendo una menor correlación con el Nasdaq. Antes los movimientos eran mucho más similares. Ahora, en determinados momentos, parece mostrar una mayor correlación con el oro, aunque tampoco es perfecta.

En mi opinión, Bitcoin es fundamentalmente un activo que responde a la liquidez. Algunas de las subidas que hemos visto recientemente coincidieron con cambios relacionados con la liquidez y con operaciones en el mercado de bonos estadounidense. Ese tipo de acontecimientos pueden acabar actuando como catalizadores.

Por tanto, veo Bitcoin como un activo muy condicionado por la liquidez global, cada vez más aceptado por gobiernos, bancos y entidades financieras.

Lo que no veo necesariamente es la red de Bitcoin convirtiéndose en la principal infraestructura tecnológica para todo tipo de aplicaciones. En ese terreno tenemos Ethereum, Solana, Hyperliquid y otras redes.

Es importante separar ambos conceptos. Bitcoin y las redes destinadas a ejecutar aplicaciones financieras son cosas diferentes, aunque pueden complementarse. Si crece toda la industria de los activos digitales, Bitcoin también puede beneficiarse simplemente por formar parte de ese universo.

Entonces tenemos, por un lado, Bitcoin y, por otro, las redes sobre las que se está construyendo la nueva infraestructura financiera. ¿Cómo ves el futuro de esas redes?

Tenemos distintas redes, como Ethereum o Solana, pero también tenemos empresas como Coinbase, Kraken y otras plataformas que están utilizando estas redes o construyendo infraestructuras propias.

Una posibilidad es que en el futuro muchas empresas tengan su propia red y que todas ellas estén conectadas entre sí mediante Ethereum u otros protocolos de interoperabilidad.

En este contexto será especialmente importante confiar en redes que ya hayan demostrado durante años que funcionan, que tienen actividad, que son seguras y que no sufren continuamente interrupciones o problemas graves. Las empresas tenderán a confiar en infraestructuras que ya hayan demostrado su fiabilidad.

Y aquí hay algo muy importante para el inversor: no debemos confundir la red con el token.

Todavía existe mucha confusión. Una persona puede comprar Ether pensando que está invirtiendo directamente en la red Ethereum, pero no es exactamente así. Está comprando el token que permite operar dentro de esa red.

Que Ethereum como infraestructura tenga cada vez más utilización no implica necesariamente, de manera automática, que el precio del token tenga que aumentar en la misma proporción.

Yo suelo explicarlo diferenciando Ethereum de Ether. Ethereum sería la red, mientras que Ether sería la unidad que se utiliza dentro de esa infraestructura.

Es parecido a una autopista: podemos analizar cuántos usuarios tiene, cómo funciona su seguridad, cómo mejora la interoperabilidad y cuánto valor es capaz de capturar la propia red. Ether, por su parte, sería algo parecido a la gasolina necesaria para circular por esa autopista.

El problema es que puede construirse una infraestructura extraordinariamente útil pero, si el coste de utilizarla disminuye mucho o buena parte de la actividad se desplaza hacia redes construidas encima de Ethereum, el valor capturado por el token puede ser diferente. ¿Es así?

Sí. He utilizado muchas veces precisamente la analogía de la autopista.

Uno de los grandes cambios que ha experimentado Ethereum es que utilizar la red se ha vuelto mucho más barato. En 2021 operar en Ethereum podía ser extremadamente caro y eso hacía que la propia red generara una gran cantidad de ingresos mediante comisiones.

Ahora Ethereum ha evolucionado muchísimo. Su infraestructura es mucho mayor, se han desarrollado muchas soluciones nuevas y utilizarla es considerablemente más barato.

Eso es positivo para la adopción, pero también significa que la red cobra menos por determinadas operaciones. Siguiendo la analogía, si la gasolina necesaria para circular por la autopista se vuelve mucho más barata, la cantidad de valor económico que se genera de esa manera también puede reducirse.

Al mismo tiempo, seguimos estando en un mercado muy especulativo. Una sola noticia puede provocar que un token suba un 20 %, un 30 % o incluso un 50 %. Todavía estamos en una fase en la que la especulación tiene muchísimo peso.

Hasta que no exista una utilización completamente consolidada, vamos a seguir viendo este tipo de movimientos y el inversor continuará intentando aprovecharlos.

Si miramos más allá del próximo trimestre y nos centramos en la tendencia de largo plazo, ¿dónde debería ponerse el foco?

Imaginemos que prácticamente todo termina tokenizándose. En ese escenario dejaríamos de hablar solamente de especulación y empezaríamos a hablar de infraestructura financiera.

Bitcoin podría consolidarse como reserva de valor, pero quizá las redes elegidas por Wall Street para tokenizar bonos, acciones y otros activos podrían acabar generando muchísimo valor.

¿Cómo interpretáis ese escenario a medio y largo plazo?

 A corto y medio plazo creo que Bitcoin continuará teniendo un papel dominante.

Sin embargo, el verdadero cambio de paradigma podría producirse cuando los agentes basados en inteligencia artificial empiecen a mover valor de forma autónoma.

Hasta ahora estamos utilizando principalmente la inteligencia artificial para buscar, organizar o analizar información. En el futuro podremos pedir a un agente que realice un pago, que se comunique con otro agente, que mueva dinero entre diferentes cuentas o que ejecute determinadas operaciones.

Cuando esos agentes necesiten mover valor, la blockchain puede convertirse en una infraestructura especialmente útil.

Ahí podríamos estar hablando de una multiplicación enorme de toda la cadena de valor.

En cuanto a qué se está tokenizando, actualmente uno de los activos más tokenizados es el dólar, principalmente a través de las monedas estables o stablecoins, como USDC y otras.

Cuando una persona compra una *stablecoin*, indirectamente está introduciendo liquidez en ese ecosistema, porque los emisores suelen mantener activos de respaldo, entre ellos deuda pública.

También estamos viendo movimientos en Europa en esa dirección.

Después tenemos la tokenización de bonos, acciones y otros activos financieros. El mercado de acciones está siendo uno de los que más tracción está adquiriendo.

Hasta hace poco, en muchos casos se tokenizaba únicamente el precio mediante activos sintéticos. Ahora algunas empresas están intentando dar un paso más y tokenizar el propio valor económico del activo.

La idea es que, cuando un inversor compre una acción tokenizada, pueda llegar a disponer de derechos económicos equivalentes, como dividendos y, dependiendo de la estructura, otros derechos asociados al activo.

Eso podría situar a una acción tokenizada en una posición muy similar a la de una acción mantenida en un bróker tradicional, pero con propiedades adicionales: posibilidad de mantenerla en una *wallet*, transferirla y operar potencialmente en mercados que funcionen las 24 horas del día, los siete días de la semana.

Ahí sí estamos hablando de una transformación importante.

Probablemente los primeros mercados en avanzar hacia ese modelo serán precisamente aquellos que ya funcionan, que cuentan con liquidez y que tienen una infraestructura consolidada.

Si ese es el camino y pasamos de un sistema financiero basado fundamentalmente en bancos a un sistema financiero apoyado en blockchain, con mercados 24/7, liquidez global y una mayor capacidad de fraccionar los activos, también aparece la cuestión de cuánto peso deberían tener los activos digitales dentro de una cartera.

Algunos analistas estadounidenses están planteando que la cartera tradicional 60/40 puede estar quedándose atrás y que en el futuro los activos digitales podrían representar porcentajes significativamente superiores al 1 % o al 3 % que se recomendaban tradicionalmente para una exposición prudente.

El argumento es que, si realmente estamos ante una transformación estructural semejante a la que hemos visto con la inteligencia artificial, puede tener sentido estar expuesto a ese cambio.

¿Cómo te suena esta idea?

Creo que la adopción llegará de una manera bastante natural, sobre todo con las nuevas generaciones.

Las personas que están creciendo con el teléfono móvil y con entornos digitales tienen una relación completamente distinta con esta tecnología. Muchos jóvenes ya comprenden cómo funcionan las wallets, los NFT, las distintas redes o los intercambios descentralizados.

Para alguien que entra ahora por primera vez puede parecer un mundo extremadamente complejo, pero para las nuevas generaciones será cada vez más normal.

A medida que pase el tiempo tendremos generaciones que ya habrán adoptado de forma natural esta tecnología. Sabrán utilizar una wallet digital, un exchange descentralizado o diferentes protocolos.

En ese contexto resulta plausible que una parte importante de sus carteras esté formada por activos digitales.

Además, si una acción tokenizada llega a proporcionar propiedades adicionales frente a una acción tradicional, muchos inversores podrían preguntarse por qué elegir la versión no tokenizada.

También estamos viendo una gran evolución de los mercados abiertos las 24 horas. El crecimiento de plataformas como Hyperliquid ha despertado a muchos intercambios centralizados y ha demostrado que existe una oportunidad.

El usuario quiere tener acceso a diferentes tipos de activos en cualquier momento, no solamente a criptomonedas.

En un entorno geopolítico que cambia constantemente, disponer de mercados que no cierren y en los que sea posible actuar en cualquier momento representa un cambio importante frente a la estructura tradicional de los mercados financieros.

 Y esa economía basada en agentes de inteligencia artificial encaja además muy bien con un sistema de dinero tokenizado.

Podríamos imaginar que una persona ya no reserva directamente un billete de avión, sino que pide a su agente que lo busque, lo reserve y lo pague.

En ese escenario, un ecosistema de dinero tokenizado, con stablecoins, micropagos e inmediatez, parece tener muchas ventajas.

Y si, además, vamos hacia mercados 24/7 en los que podamos comprar acciones de Nvidia, Amazon, Telefónica o Bitcoin un sábado a las tres de la tarde, el sistema financiero tendrá que adaptarse.

El sistema actual está construido alrededor de horarios humanos. Si los mercados no cierran, ¿qué papel tendrá la inteligencia artificial?

Sin ninguna duda tendrá un papel muy importante.

Todas las empresas tecnológicas están incorporando inteligencia artificial porque permite resolver numerosos problemas y optimizar muchos procesos del negocio.

Si los mercados evolucionan hacia un funcionamiento permanente, la automatización será todavía más importante. La inteligencia artificial podrá utilizarse como herramienta de seguimiento, apoyo y ejecución.

Para terminar, ¿cómo se posiciona vuestra compañía dentro de este escenario? Se hablaba anteriormente de varios millones de clientes en Europa.

 Actualmente estamos alrededor de los dos millones y medio de clientes en toda Europa y estamos creciendo mucho en España.

España ha sido uno de los países que ha sorprendido positivamente a la empresa y estamos realizando un esfuerzo importante en este mercado.

También tenemos un volumen considerable de activos bajo custodia.

La dirección en la que queremos avanzar es convertirnos en una aplicación desde la que un inversor minorista pueda moverse por todo el entorno cripto.

Queremos mantener la estructura de *exchange*, permitiendo comprar criptomonedas y enviarlas a una billetera, pero también integrar progresivamente la parte de bróker para ofrecer acceso a otras clases de activos.

Estamos viendo que el inversor no quiere estar necesariamente limitado a un único mercado. Quiere estar allí donde existe una tendencia alcista o donde considera que aparecen oportunidades.

Si el movimiento está en el oro, quiere poder acceder al oro. Si está en las acciones tecnológicas, quiere poder acceder a ellas.

Por tanto, queremos posicionarnos como una aplicación que permita acceder a distintos tipos de activos y a diferentes formas de operar, con y sin apalancamiento, y que permita al inversor actuar tanto ante movimientos alcistas como bajistas.

También estáis teniendo cada vez más presencia en España y en diferentes eventos del sector. ¿Es España uno de los focos principales?

Sí, tenemos un foco importante en España y, en general, en Europa.

La entrada en vigor de MiCA y el final de determinados periodos transitorios han provocado que algunas plataformas cripto que anteriormente tenían muchos usuarios españoles hayan tenido que modificar o cerrar parte de sus operaciones.

En ese contexto queremos posicionarnos de manera natural como una alternativa europea, segura y regulada.

No existen tantas plataformas de intercambio nacidas y reguladas en Europa, y creemos que el inversor valora cada vez más poder operar en un entorno seguro y regulado.