En principio eso es lo que se afanan en encontrar los expertos de todas las gestoras del mundo, sobre todo aquellos que invierten en renta fija porque este activo ha sido uno de los más castigados en los últimos años.

Hace solo unos días, Deutsche AWM publicaba un extenso informe en el que explicaban que “con los cupones de los bonos y los dividendos de las empresas cerca de mínimos históricos, la generación de ingresos en una cartera ha sido un reto importante que ha forzado a los inversores a abrir sus horizontes y considerar oportunidades en todos los mercados y en todas las clases de activos”.


En la nota explicaban algunos hecho como el la rentabilidad de los bonos americanos y la rentabilidad por dividendo de Wall Street estaba un 50% por debajo de sus medias históricas de largo plazo a finales del año pasado. Es más, durante 2015, algunos bonos de corto plazo de Bélgica, Francia, Alemania, Holanda… o España se vendieron con intereses negativos, por ejemplo.



Como explica César Muro, responsable de inversión pasiva de Deutsche AWM “nos encontramos en una situación no vista en el pasado. Actualmente tenemos 2.6 billones de euros de deuda emitida por países de la Eurozona con rentabilidad negativa. A nivel global hay 6.3 billones de dólares en tipos negativos, o 20 billones de dólares por debajo del 1%. Hay que entender que la inversión en seguridad no cubre el impacto de la inflación.”

En Europa, la rentabilidad anual del índice que recoge la evolución de los bonos soberanos del viejo continente ha caído un 72% entre 1999 y el año 2015. Es más, la caída de los bonos corporativos y el high yield en este periodo se ha reducido un 78% y un 55%, respectivamente.

Esto se ilustra con un dato que dan el la firma. Los bonos soberanos de países europeos sin grado de inversión dieron menos rentabilidad en la primera parte de este año de lo que daban los bonos soberanos en 1999. 

Todo esto ha influido, claramente, en la rentabilidad que se obtiene de una cartera de renta fija. Como puede verse en la siguiente tabla, se ha reducido considerablemente en los últimos años.



Pero también ha disminuido de forma considerable la rentabilidad de la bolsa, sobre todo porque se ha reducido la rentabilidad por dividendo y que en algunos mercados está en mínimos históricos. Como ejemplo, el retorno vía dividendos está un 52% por debajo de la media histórica desde 1871 y sólo algo por encima de los mínimos a los que asistimos entre 1999 y el año 2000, durante la burbuja puntocom. 

No se trata de un tema baladí, porque la entrada de ingresos por dividendos conforma alrededor del 27% del retorno anual de una cartera a largo plazo, según los datos que ofrecen en Deutsche AWM tras analizar el MSCI World index entre 1969 y el año 2015.



Con todo, en la entidad explican que “en cualquier caso, hay oportunidades para buscar ingresos para aquellos inversores que estén dispuestos a tomar algunos riesgos adicionales”. Hablan, por ejemplo de índices de bonos corporativos y high yield que habían subido alrededor de un 4% hasta mediados de este año.

Explican en la entidad que las caídas de la rentabilidad en la mayor parte de los activos no son el resultado tan solo de las fuerzas del mercado. De hecho apuntan que “en un gran porcentaje refleja los cambios en las políticas públicas desde la crisis financiera de 2008 y 2009.” Estamos ante lo que se llama un periodo de “represión financiera”, un término acuñado en 1970 y que se refiere a las medidas tomadas por los gobiernos para controlar la fiscalidad y restringir la competencia en el sector financiero. Esto, normalmente se suele traducir en bajos tipos de interés, la compra de los bancos de bonos del estado, control de tipos de interés….



¿Cuánto puede durar esta situación de represión financiera que se evidencia por estos bajos retornos?

Según César Muro “desconocemos cuánto durará la represión financiera que empezó en 2010. Según el estudio de Reinhart y Sbrancia, ya tuvimos un largo periodo de represión financiera después de la II Guerra Mundial, desde 1945 hasta 1980. Estimamos que las rentabilidades reales -nominales menos inflación- en deuda pública serán negativas. Probablemente tendremos un crecimiento nominal de los beneficios mucho menor, y esto se trasladará a la bolsa, con menores incrementos en los precios. En este sentido, los dividendos serán una parte fundamental de la rentabilidad final obtenida”.

Por eso el gestor de Deutsche AWM explica que “muchos inversores tienen claro que el universo de renta fija ya no es sólo deuda pública y/o efectivo a corto plazo, y que han de abrir el abanico de alternativas hacia otros segmentos de la renta fija, y por supuesto, esto conlleva a asumir más riesgo”.

En su opinión, “podemos generar rentas atractivas con algunos activos de renta fija y/o renta variable y a su vez mitigar estos riesgo mediante la diversificación”.

En concreto, en la firma apuntan que una cartera con un objetivo de rentabilidad del 4% debería estar compuesta por índices de dividendos, bonos internacionales, bonos soberanos de alto rendimiento, bonos corporativos, índices de crédito, así como activos de infraestructuras.




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