La escalada del conflicto entre EE. UU., Israel e Irán coincidió con una pérdida de impulso del oro. Con el repunte de los precios del petróleo, los tipos de interés se han revalorizado al alza y el dólar se ha fortalecido; ambos factores son negativos para el oro. Además, ha habido especulaciones aisladas (especialmente en torno a Turquía) de que algunos bancos centrales podrían movilizar reservas de oro para obtener liquidez y también se ha barajado la venta de oro para hacer frente a gastos armamentísticos (caso de Polonia). Estos factores surgieron cuando el oro cotizaba un 25% por encima de su media móvil de 200 días, por lo que no fue una sorpresa que se produjera un retroceso de cierta magnitud desde niveles tan elevados.

Los analistas de Goldman Sachs, Lina Thomas y Daan Struyven, mantienen una previsión de cierre del precio del oro este año en los 5.400 dólares la onza, convencidos de la Reserva Federal recortará los tipos y a la espera de una normalización tras los últimos movimientos especulativos. Asimismo, confían en que los bancos centrales seguirán haciendo acopio del preciado metal. Por su parte, el banco suizo UBS se muestra aún más positivo con el precio del oro y espera que alcance los 6.400 dólares a mitad de este mismo año. Confía en que la Fed seguirá bajando tipos, reduciendo la competencia sobre los activos sin renta como el oro, y que la liquidez que se ha generado durante el mes de conflicto bélico se destine al preciado metal. 

Sara Niven, gestora del Aberdeen Global Balanced Growth Fund, indica que en su fondo el metal precioso es una asignación core, porque “aporta diversificación a las dos mayores exposiciones al riesgo de nuestra cartera: la renta variable y la duración”. Y añade: “Dado que el oro ha bajado casi un 20% desde el inicio del conflicto bélico, el punto de entrada resulta cada vez más atractivo, ya que creemos que los factores impulsores a largo plazo siguen intactos. Desde el cuarto trimestre de 2025, hemos reducido la asignación del fondo al oro aprovechando su fortaleza, pasando del 9% a finales de septiembre de 2025 al 5% en febrero de 2026. Aunque la valoración parece más favorable, el impacto inicial del conflicto ha sido un endurecimiento de las condiciones financieras y, en consecuencia, creemos que es prematuro aumentar nuestra exposición”, concluye.

Matthew Michael, analista de materias primas y deuda de mercados emergentes de Schroders, considera que las ventas que se han producido en fondos cotizados (ETF) de oro han sido rápidamente absorbidas por el mercado. Es decir, lo que se ha vendido en Occidente se ha comprado en Oriente. “Incluso con las correcciones normales, este metal precioso seguirá revalorizándose en 2026. A menos que algo impida las compras, el precio seguirá subiendo, pues los fundamentos subyacentes del oro siguen siendo sólidos”, explica.

Otro punto interesante que aborda Michael en su reciente informe es si el oro podría vivir una burbuja en su precio. “Lo cierto es que, aunque subiera mucho más, el oro no entraría en una burbuja, ya que existe una serie de claves que lo hacen resistente a este tipo de fenómenos e impulsan su demanda como activo reserva: la falta de confianza en el sistema monetario, como las preocupaciones por la confiscación de activos (como sucedió con la congelación de los activos rusos); la tendencia a la desglobalización y, por último, las dudas sobre la autonomía de los bancos centrales”, indica. Asimismo, la elevada liquidez global y las persistentes presiones inflacionistas aumentan el atractivo del oro como reserva tangible de valor, al igual que la diversificación, ya que este metal funciona como un importante diversificador de carteras. El oro, según este experto, también se beneficia de un rendimiento históricamente inferior al de la deuda a largo plazo y de los bajos rendimientos reales en países con altos índices de deuda en relación con el PIB, lo que lo convierte en una alternativa más atractiva frente a la deuda pública.

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Daniel Lurch, gestor de carteras, y Joran Mambir, especialista en inversiones, de J. Safra Sarasin Sustainable AM, indican que, por sus características de activo real, las materias primas funcionan como una cobertura natural frente a la inflación en muchos escenarios, ofreciendo un colchón crítico y diversificación, tanto para inversores institucionales como minoristas en entornos inflacionarios.

Estos expertos también aconsejan invertir en empresas productoras de metales preciosos. Estas compañías lideran la rentabilidad gracias a los altos precios spot. Las empresas de equipos de minería también muestran un alto retorno sobre el capital, beneficiándose de un fuerte apalancamiento operativo con la subida de los precios de los metales.

En términos de crecimiento, las mineras de cobre y metales preciosos siguen siendo las más atractivas. “Por ejemplo, en cobre, somos positivos respecto a Lundin Mining por su desempeño operativo, perfil de crecimiento atractivo y oportunidades de desarrollo de recursos a largo plazo. En aluminio, nos gusta Norsk Hydro, líder europeo en producción y reciclaje con un modelo de negocio verticalmente integrado. En litio, encontramos atractiva a Albemarle, ya que posee activos en jurisdicciones de bajo riesgo y ofrece una fuerte exposición al alza del precio del litio, respaldada por el sólido crecimiento de la demanda de baterías y almacenamiento de energía”, explican.

Y Raphael Olszyna-Marzys, economista internacional de esta gestora apunta a que “seguimos considerando válida nuestra tesis fundamental de precios más altos del oro, aunque los precios seguirán siendo volátiles en el corto plazo. También creemos que la correlación entre acciones y oro se mantendrá positiva a corto plazo, lo que implica que el oro será menos eficaz como cobertura frente a caídas de la renta variable. Además, consideramos que la incertidumbre respecto a la situación política en EE.UU. aumentará a medida que se acerquen las elecciones de mitad de mandato. Desde un punto de vista estructural, la diversificación fuera del dólar seguirá siendo un tema relevante”, concluye.

Por último, Regina Hammerschmid, gestora de carteras de materias primas en Vontobel, ofrece una visión más cautelosa respecto al futuro comportamiento del oro y otros metales preciosos: “los mercados de materias primas están entrando ahora en una fase dominada por el miedo, impulsada por la preocupación ante un conflicto prolongado, interrupciones en las exportaciones de petróleo y la ausencia de señales claras de desescalada. Además, la subida de los tipos de interés por parte de los bancos centrales está pesando considerablemente en la confianza de los inversores”. Y añade: “la continua incertidumbre y la aversión al riesgo están determinando las estrategias de negociación, marcando un periodo en el que la cautela predomina en el sector de los metales preciosos”.