Actualmente, uno de los avances más importantes es que el auge de las infraestructuras de IA se está extendiendo más allá de la propia tecnología. La inversión se está dirigiendo cada vez más hacia sectores como la energía, la construcción, la automatización industrial y la fabricación de componentes especializados necesarios para construir y gestionar centros de datos de IA. Esto genera un abanico más amplio de oportunidades para los inversores que buscan exponerse al crecimiento relacionado con la IA, al tiempo que reduce la dependencia de un pequeño grupo de valores tecnológicos dominantes.
Asimismo, vemos oportunidades muy interesantes en toda Asia, especialmente en el «triángulo dorado» de los semiconductores formado por Taiwán, Japón y Corea del Sur. Estos mercados albergan numerosas empresas de pequeña y mediana capitalización que suministran materiales, equipos, servicios de ensayo y componentes esenciales que hacen posible el ecosistema tecnológico mundial. Aunque quizá reciban menos atención que las grandes empresas tecnológicas estadounidenses, muchas de ellas están bien posicionadas para beneficiarse del aumento de la inversión global en inteligencia artificial.
Al diversificar la exposición entre distintas zonas geográficas, sectores y capitalizaciones bursátiles, los inversores pueden participar en el crecimiento estructural del sector tecnológico y, al mismo tiempo, mitigar el riesgo de concentración.