Space X  busca aumentar su capacidad tecnológica y ampliar sus infraestructuras espaciales, mientras que Tesla apuesta por la conducción autónoma y los robotaxis, un negocio que podría generar enormes ingresos en el futuro. Además, Musk pretende impulsar Neuralink para mejorar la comunicación entre humanos e inteligencia artificial y desarrollar implantes que permitan recuperar la visión a personas ciegas. Aunque estas iniciativas presentan un gran potencial, dependen de importantes avances tecnológicos y de que puedan superar los obstáculos necesarios para llegar al mercado.

Otra de sus grandes apuestas son los robots humanoides, especialmente Optimus, de Tesla. Las previsiones de Goldman Sachs y Morgan Stanley apuntan a un crecimiento significativo de este mercado durante las próximas décadas, mientras que Musk pronostica que habrá más de mil millones de robots humanoides en el mundo dentro de diez años. Tesla también confía en aprovechar los datos recopilados por sus vehículos para desarrollar sus sistemas autónomos y sus robots. Por otro lado, xAI todavía se encuentra por detrás de competidores como Anthropic y OpenAI, aunque Musk espera que su modelo Grok alcance su nivel en el futuro próximo.

En conjunto, las empresas de Musk representan una apuesta por tecnologías que podrían transformar la economía mundial. Sin embargo, sus elevadas valoraciones también implican riesgos relacionados con la regulación, la competencia, los costes de desarrollo y la capacidad de convertir las expectativas en resultados reales. Por tanto, la cuestión fundamental no es solo cuánto valen actualmente sus compañías, sino si serán capaces de cumplir sus ambiciosos objetivos y generar beneficios suficientes para justificar esas valoraciones.