La cuestión cobra especial relevancia al cierre de septiembre de 2026. El Treasury estadounidense a diez años se mueve alrededor del 5,23%, después de alcanzar el 29 de septiembre un máximo del 5,293%, su nivel más elevado desde 2007. El bono a 30 años llegó al 5,6206%, máximo desde 2002. Al mismo tiempo, el tipo efectivo de los fondos federales se situaba en el 3,88% en los últimos datos disponibles de la Reserva Federal.
Por qué los tipos altos afectan más a las empresas Growth
El precio de una acción depende, entre otros factores, del valor actual de los flujos de caja que se espera que genere la empresa. Esos flujos futuros se descuentan utilizando una tasa que incorpora los tipos de interés y el riesgo asumido. Cuando aumenta esa tasa, los beneficios previstos para dentro de muchos años pierden más valor presente que aquellos que llegarán antes. Y ahí reside una de las principales diferencias entre Growth y Value.
Las compañías de crecimiento suelen incorporar en sus valoraciones expectativas de beneficios que se materializarán a largo plazo. MSCI constata precisamente que las estrategias Growth presentan una mayor sensibilidad a los tipos, mientras Value ha mantenido históricamente una duración más corta y una menor exposición al riesgo de tipos. Su estudio abarca el periodo comprendido entre 2011 y mayo de 2025.
Esto no significa que una empresa tecnológica tenga que caer automáticamente cuando suben las rentabilidades de los bonos. Los beneficios, márgenes y expectativas de crecimiento continúan siendo determinantes y pueden compensar el efecto negativo de una tasa de descuento superior.
Un Treasury por encima del 5% cambia la comparación
La renta variable compite además con otras alternativas. Con un Treasury a diez años por encima del 5%, un inversor puede obtener una rentabilidad significativa mediante deuda pública estadounidense sin asumir el mismo riesgo empresarial de una acción.
La referencia resulta especialmente importante para compañías que cotizan con múltiplos elevados. El mercado puede exigirles una rentabilidad esperada mayor para justificar el riesgo adicional.
El movimiento de septiembre ha sido importante: el rendimiento del Treasury a diez años ha aumentado cerca de 50 puntos básicos durante el mes, su mayor incremento mensual en aproximadamente dos años. Pese a ello, las bolsas han mostrado una resistencia notable gracias, entre otros factores, a los resultados empresariales y al entusiasmo inversor alrededor de la inteligencia artificial.
Los flujos todavía no muestran una huida de las grandes tecnológicas
Aquí aparece una importante contradicción. Aunque el entorno de tipos proporciona argumentos para Value, los últimos movimientos de capital no muestran una rotación generalizada hacia Small Caps.
Los fondos de renta variable estadounidense recibieron 37.600 millones de dólares durante la semana terminada el 25 de septiembre, la primera entrada neta en cinco semanas y la mayor desde junio.
Los fondos Large Cap captaron 36.620 millones, mientras los tecnológicos recibieron otros 4.890 millones, su mayor entrada desde finales de julio.
Por el contrario, los fondos Small Cap registraron salidas de alrededor de 1.020 millones de dólares y los Mid Cap perdieron aproximadamente 372 millones.
Por tanto, de momento, el mercado no está abandonando las Mega-Caps para refugiarse masivamente en empresas pequeñas.
Value y Small Caps no son sinónimos
Además, hay que tener en cuenta una cosa: Value es un factor de inversión y Small Cap hace referencia al tamaño de una compañía. Una pequeña empresa puede cotizar con una valoración elevada y una gran corporación puede presentar características value.
Además, unos tipos persistentemente altos pueden ser especialmente incómodos para determinadas compañías pequeñas. Las empresas con mayor dependencia de financiación externa afrontan costes superiores al refinanciar su deuda.
El comportamiento histórico tampoco es uniforme. Un análisis de MSCI entre 1975 y 2023 encontró una relación positiva entre Value y las subidas de tipos, mientras Growth mostró el comportamiento contrario.
Sin embargo, el factor de menor tamaño también estuvo muy condicionado por la evolución del crecimiento económico.
El escenario actual proporciona argumentos financieros para revisar la elevada concentración en Growth y Mega-Caps, pero los datos no permiten hablar todavía de un relevo claro del liderazgo tecnológico.