Hasta hace bien poco, los gigantes tecnológicos de Wall Street nadaban en dinero como el Tío Gilito en su bóveda; sin embargo, la situación ha cambiado en el último año. El auge de la inteligencia artificial ha llevado a estas compañías a quemar efectivo y endeudarse de manera significativa para financiar el desarrollo de esta nueva tecnología y no quedarse rezagadas frente a sus competidores.

La semana pasada, Amazon reconocía que en su informe de resultados que registró un flujo de caja libre negativo por segundo trimestre consecutivo, con una salida de 42.400 millones de dólares en los últimos doce meses, lo que supone una variación interanual del 386%. En el trimestre anterior, la compañía había reportado un flujo de caja libre negativo de 7.600 millones de dólares.

Por su parte, Alphabet anunciaba en sus resultados trimestrales que registró un flujo de caja libre negativo de 9.100 millones de dólares en medio de sus intensos esfuerzos por ampliar la capacidad en la nube y financiar el desarrollo de la IA. Es la primera vez en los 22 años de cotizada de la compañía detrás de Google que registra un flujo de caja negativo.

Casi al mismo tiempo, Microsoft reconocía que el flujo de caja libre correspondiente al primer trimestre fiscal disminuyó un 27%, situándose en 18.630 millones de dólares. La compañía ha asegurado que seguirá generando flujo de caja libre a lo largo del año fiscal 2027, aunque recurrirá a fuentes de financiación adicionales cuando resulte atractivo hacerlo.

No son casos aislados, sino que es una partida de la cuenta de resultados que los inversores empiezan a mirar con lupa. También la semana pasada, Oracle se disparaba en Bolsa tras prometer que alcanzará un saldo positivo de 30.000 millones de dólares para el año fiscal finalizado en mayo de 2029. En su último ejercicio, la compañía registró un flujo de caja libre negativo de 23.700 millones.

En este entorno, no hace más que aumentar la preocupación por que las empresas tengan que recurrir cada vez más a endeudamiento para seguir haciendo girar la rueda de la IA. Y, en consecuencia, esta situación ha llevado a que comiencen a negociarse ‘credit default swaps’ (CDS) [una especie de seguros contra el impago] sobre estas compañías, según recoge Bespoke Investment Group. Los tenedores de bonos corporativos pueden adquirir CDS para cubrirse frente a un posible impago; por su parte, los inversores institucionales que consideran que el entusiasmo por la inteligencia artificial ha ido demasiado lejos pueden comprar CDS para obtener beneficios si su análisis resulta acertado. El precio de los CDS aumenta cuando se incrementa el riesgo de impago.

Bespoke Investment ha elaborado un índice para realizar un seguimiento del riesgo de impago de las diez mayores empresas tecnológicas (las cuatro mencionadas antes además de Apple, Meta Platforms, Broadcom, NVIDIA, Tesla y Space X):

Si bien los precios de los CDS para este grupo aún no alcanzan niveles excesivamente elevados, “su tendencia no es la deseable”, destaca Bespoke Investment Group; “un escenario que, sin duda, los inversores alcistas no querrían ver convertido en un problema de mayor envergadura en los próximos meses”.