El último mandato de Lula da Silva en Brasil que terminó este mismo octubre no ha sido malo para Telefónica y Banco Santander, aunque el mercado bursátil ha hecho una lectura negativa de su triunfo, liderando las multinacionales españolas la caída del Ibex 35. Pero más importante ha sido el descenso del índice Ibovespa que bajó un 13%, mientras el real brasileño se dejaba en una sola sesión un 11% de su valor frente al dólar. Como ocurre al otro lado del charco, la preocupación de los inversores es el cumplimiento de sus objetivos fiscales que ven más difícil con Lula. Jack Janasiewicz, gestor de carteras de Natixis IM Solutions indica que "De cara al futuro, la cuestión fundamental no es el crecimiento, sino la credibilidad fiscal. Persisten las preocupaciones ante la posibilidad de que Lula impulse nuevas iniciativas de gasto sin presentar un plan suficientemente creíble para estabilizar la trayectoria de la deuda brasileña. El aumento de la deuda pública, el encarecimiento de los costes de financiación soberana y un ritmo más lento de recortes de los tipos de interés podrían convertirse en factores adversos para los mercados bajo la nueva Administración", explica.

El equipo de deuda de mercados emergentes de Neuberger  están sobreponderando el real brasileño y de forma más cautelosa los tipos de interés. "Lula ya está haciendo algunos anuncios para complacer al mercado, como la posible elección del vicepresidente Alckmin para el cargo de ministro de Hacienda y la preparación de una enmienda constitucional para que el Gobierno esté obligado a buscar el punto medio del objetivo fiscal. Es probable que el banco central intervenga con mayor intensidad si esta tendencia se acelera. El colchón de reservas es amplio y el carry sigue siendo atractivo, con un tipo de interés oficial que hoy se sitúa en el 13,75%. En cuanto a la renta fija local, esperamos un aumento de la pendiente de la curva de tipos y preferimos los bonos a corto plazo frente a los de largo plazo hasta que tengamos más visibilidad sobre señales creíbles de política fiscal", concluyen.

En el caso de Santander, en el comienzo de la legislatura (2022) su filial brasileña era la segunda fuente de beneficios y ahora ha perdido ese lugar en el podio, no porque se haya desinflado Santander Brasil, sino porque se ha producido una recuperación en el mercado español y resto de negocios europeos del banco.

En 2022, Santander Brasil cerró con un beneficio de 2.027 millones de euros, que bajó hasta los 1.921 millones en 2023 para recuperarse con fuera en 2024 hasta los 2.422 millones de euros. El pasado año, la filial aportó al grupo Santander 2.168 millones de euros y en primer semestre de este ejercicio ha logrado 1.093 millones de euros. Tipos de interés y evolución del real brasileño tienen mucho que ver en estos vaivenes de los resultados, aunque se muestra una estabilidad por encima de los 2.000 millones de euros anuales. Además, 2023 estuvo marcado por dotar muchos fondos para la Provisión de Créditos de Liquidación Dudosa. Esto se hizo para cubrir el fuerte incremento de la morosidad y los impagos procedentes de los créditos masivos otorgados hasta finales de 2021. Fuentes cercanas al banco español destacan los buenos resultados obtenidos todos los años, así como la elaboración de escenarios con uno u otro candidato. Tras el susto inicial, las fuentes consultadas explican que no esperan cambios sustanciales sobre la situación actual.

Decisivos en los beneficios del grupo

Por su parte, la filial brasileña de Telefónica (Vivo) también ha aportado jugosos beneficios en euros a la matriz. En 2022 alcanzaron los 725 millones que se elevaron hasta los 919 millones en 2024, para superar la barrera de los 1.000 millones (1015) a cierre del pasado año. En este primer semestre de año, la operadora brasileña ha obtenido una ganancia de 486 millones.

Esta estabilidad en la cifras se produce con una evolución volátil entre el real brasileño y el euro. La caída de ayer del 11% del real respondió, según apuntan los expertos, a que se deshicieron posiciones de inversores que daban por segura la victoria de Flávio Bolsonaro. El euro comenzó el año 2022 cotizando en el entorno de los 6,34 reales y cerró el ejercicio con un retroceso notable, situándose en 5,67 reales por euro. Ese año, la economía mundial se enfrentó al estallido de la guerra en Ucrania y a una crisis inflacionaria global. El Banco Central de Brasil reaccionó elevando el precio del dinero de manera agresiva, mucho antes y con más intensidad que el Banco Central Europeo (BCE). El enorme diferencial de rentabilidad elevó el atractivo de los activos financieros brasileños que recibieron la visita de los fondos de inversión internacionales. A pesar de la fuerte volatilidad provocada por la campaña electoral, el real logró consolidar una ganancia de doble dígito frente a la moneda comunitaria antes de iniciar el cambio de ciclo político.

También se aprecia estabilidad entre el año de inicio y fin de la legislatura de Lula da Silva. En 2022 se necesitaban 5,67 reales para adquirir un euro y en 2026 (pese a las depreciaciones intermedias) con 5,58 reales se obtenía un euro.

Telefónica Brasil creció de forma continua (de 5.500 millones a 6.066 y 6.200 millones de reales). Sin embargo, al pasarlo a euros, en 2024 y 2025 aportó menos dinero a la matriz de española (cayendo de 1.012 millones de euros a unos 950 millones). Esto se debió exclusivamente a la depreciación del real en esos años.

En el Santander Brasil, la cosa cambia. A pesar de que en 2024 y 2025 el tipo de cambio no acompañaba por la debilidad de la moneda brasileña, el crecimiento del banco en el país fue tan fuerte que logró superar la barrera de los 2.300 millones de euros de beneficio neto para el grupo.