La celebración de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos ha despejado parte de la incertidumbre política que mantenía en vilo a los mercados. Históricamente, la bolsa estadounidense registra una mayor volatilidad en los meses previos a estos comicios, mientras que los doce meses posteriores han ofrecido algunos de los mejores resultados del ciclo electoral, con rentabilidades positivas del S&P 500 desde 1950. No obstante, la nueva composición del Congreso, con el control de ambas cámaras por parte de los demócratas, dificultará la aprobación de iniciativas legislativas, nuevos recortes fiscales y medidas de estímulo. De cara a los próximos meses, la evolución de los mercados dependerá más de los fundamentales económicos que del resultado electoral. La sostenibilidad de las inversiones en inteligencia artificial, los beneficios empresariales, los tipos de interés, las decisiones de la Reserva Federal y las tensiones geopolíticas serán los principales factores que marcarán el rumbo. Por ello, la estrategia pasa por evitar cambios drásticos en las carteras por motivos políticos y aprovechar la volatilidad para reajustar posiciones.

Pero si la política ha dejado de ser el principal foco de atención, el petróleo continúa marcando el pulso de los mercados. Durante 2026, el precio del crudo se ha convertido en uno de los principales condicionantes de la renta variable y la renta fija. Las tensiones en Oriente Medio han impulsado el Brent por encima de los 138 dólares por barril en marzo y hasta los 123 dólares a finales de octubre, reavivando los temores inflacionistas y presionando a la baja las Bolsas y los bonos. En noviembre, la relajación de las tensiones y la corrección del petróleo hasta los 94 dólares han favorecido la recuperación de los activos financieros. El S&P 500 ha vuelto a situarse cerca de los 7.700 puntos y la rentabilidad del bono estadounidense a diez años ha descendido hasta el 4,95 %, después de superar el 5,3 % en octubre. De cara al cierre del ejercicio, el crudo seguirá siendo un indicador clave para anticipar los movimientos de los mercados.

Esta dependencia de las materias primas también pone de manifiesto la importancia de ampliar las oportunidades de inversión más allá del petróleo y el oro. George Cotton, gestor de J. Safra Sarasin, destaca el potencial de los metales industriales y de productos energéticos menos convencionales, como el diésel y la gasolina. A largo plazo, la electrificación, las energías renovables y la transición energética impulsarán la demanda de cobre y otros metales. Su estrategia, a través del fondo Commodity Transition Enhanced, combina diversificación y rebalanceos frecuentes para aprovechar las diferencias de comportamiento entre materias primas. De hecho, las posiciones en diésel y gasolina han sido algunos de los principales motores de sus resultados en 2026, superando al petróleo. Para Cotton, la clave estará en identificar oportunidades en segmentos menos conocidos y evitar concentrar las inversiones en los activos que acaparan la atención del mercado.

La búsqueda de rentabilidad y diversificación también está ganando protagonismo en la renta fija. En un entorno de incertidumbre económica, inflación elevada y diferenciales de crédito ajustados, los bonos híbridos corporativos se presentan como una alternativa para mejorar los rendimientos de las carteras. Según Swisscanto AM y Abante Asesores, ofrecen rentabilidades superiores al 5,6%, frente al 4,25% de la deuda corporativa europea, con duraciones de entre tres y cuatro años. Emitidos por compañías con grado de inversión, permiten obtener una prima de rentabilidad sin recurrir necesariamente al mercado high yield. Sin embargo, su carácter subordinado implica riesgos adicionales, como el aplazamiento de cupones o la ampliación de los plazos de amortización. 

Más allá de los movimientos coyunturales, una de las grandes transformaciones que está redefiniendo las perspectivas de inversión es la inteligencia artificial. Su impacto económico podría alcanzar una magnitud similar al auge de China durante las últimas décadas y extenderse mucho más allá del sector tecnológico. El desarrollo de esta industria exige inversiones millonarias en centros de datos, electricidad e infraestructuras, generando oportunidades en compañías eléctricas, construcción, semiconductores y materias primas. El cobre podría beneficiarse de las nuevas necesidades de las redes eléctricas, mientras que el agua y las tecnologías de refrigeración y tratamiento también ganarán importancia. Wellington Management identifica tres claves para aprovechar esta transformación: buscar oportunidades más allá de las grandes tecnológicas, invertir en empresas que resuelvan los problemas de infraestructura y suministro y adaptarse a los cambios de liderazgo entre sectores. La experiencia de China demuestra que estas transformaciones también pueden provocar episodios de sobreinversión. Por ello, será esencial combinar una visión de largo plazo con una gestión activa y atención a las valoraciones.

La expansión de la inteligencia artificial también está modificando el mapa de riesgos de la economía digital y abriendo nuevas oportunidades en ciberseguridad. Según Gonzalo Rengifo, director general de Pictet AM en Iberia y Latinoamérica, el 82% de los ciberataques ya no utiliza malware, sino que recurre a la suplantación de identidades y al robo de credenciales. La IA está transformando tanto las herramientas de ataque como las soluciones de protección, impulsando la demanda de empresas especializadas. Entre las alternativas destaca el fondo Pictet-Security, con más de 6.000 millones de dólares en activos y 20 años de trayectoria, durante los cuales ha obtenido una rentabilidad anualizada neta de comisiones cercana al 10%. Su cartera invierte aproximadamente un 60% en seguridad informática, un 25% en servicios de seguridad y un 15% en consultoría y monitorización. Rengifo estima que el sector crecerá en torno al 14 % anual, impulsado por la necesidad de proteger unas infraestructuras digitales cada vez más complejas

Y es que la inteligencia artificial no solo está transformando las empresas y los sectores económicos, sino también la forma de invertir. Sus herramientas permiten identificar acciones con potencial alcista, analizar resultados empresariales, evaluar beneficios, deuda y márgenes, y detectar cambios de tendencia en las carteras. También facilitan probar estrategias y automatizar diferentes fases del proceso inversor. En esta línea se enmarca el curso de inteligencia artificial para invertir en Bolsa organizado por Estrategias de Inversión e impartido por Javier Molina. La formación enseña a utilizar estas herramientas desde la selección de activos hasta el seguimiento de las posiciones y la ejecución de operaciones a través del bróker, sin necesidad de programar. También aborda su aplicación a acciones, fondos, ETF y criptomonedas. No obstante, la IA puede cometer errores o trabajar con información incompleta, por lo que debe entenderse como una herramienta de apoyo y nunca como un sustituto del criterio del inversor.

Con estas transformaciones como telón de fondo, las gestoras comienzan a identificar las grandes temáticas que pueden marcar las oportunidades de inversión en 2027. VanEck señala tres sectores con potencial de crecimiento estructural: defensa, energía nuclear y semiconductores. Según Eduardo Escario, director regional de desarrollo comercial y ventas de la gestora, el aumento del gasto militar de los países de la OTAN está impulsando las inversiones en drones, satélites y nuevas tecnologías de defensa. Por su parte, el incremento de la demanda eléctrica, especialmente por los centros de datos y la IA, está devolviendo protagonismo a la energía nuclear. Los semiconductores, esenciales para el desarrollo tecnológico, también seguirán beneficiándose de su presencia en sectores como la industria y los vehículos eléctricos. La gestora observa, además, oportunidades en China, donde los fabricantes nacionales buscan reducir la dependencia tecnológica del exterior. Para acceder a estas tendencias apuesta por ETF temáticos y compañías con exposición directa a cada sector. 

Sin embargo, las oportunidades para 2027 no se limitan a la tecnología ni a las grandes tendencias estructurales. El sector financiero europeo también vuelve a situarse entre las posibles apuestas de inversión, apoyado en unos beneficios bancarios récord y unas valoraciones moderadas. Tras la corrección de octubre, entidades como Santander, BBVA, BNP Paribas y Deutsche Bank han presentado resultados sólidos. No obstante, la evolución del sector seguirá dependiendo de los tipos de interés, el crecimiento económico y la calidad del crédito. Para aprovechar este escenario destaca el iShares MSCI Europe Financials Sector UCITS ETF, de BlackRock, que permite invertir de forma diversificada en 84 entidades financieras europeas, entre bancos, aseguradoras y compañías de servicios financieros. Cuenta con réplica física, acumula los dividendos y tiene unos gastos anuales del 0,18%. 

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