Antes de entrar a valorar el efecto de unas cotizaciones «demasiado elevadas», debemos delimitar un marco de referencia adecuado. En ocasiones el recelo que suscitan los máximos se deriva de que, para ponderar la rentabilidad histórica del mercado, no se ha utilizado la escala correcta. Eche un vistazo al gráfico 1, que muestra la evolución del índice S&P 500 Total Return de Estados Unidos por medio de una escala lineal.

Gráfico 1: Índice S&P 500 Total Return (escala lineal)


 
Fuente: Global Financial Data, a 1/2/2019. Cotización del índice S&P 500 Total Return (valores en dólares estadounidenses), 31/12/1925-31/1/2019. Las fluctuaciones de la cotización dólar/euro podrían dar rentabilidades superiores o inferiores.

Aparentemente, el gráfico muestra que se ha alcanzado una altura colosal, como si en los últimos 10 años unos meteóricos ascensos hubieran desencadenado resultados desorbitados, mientras que en el tramo más largo del índice las cotizaciones hubieran subido poco a poco. Las apariencias engañan: la escala lineal muestra las rentabilidades durante el periodo, si bien no tiene en cuenta el efecto acumulativo del crecimiento a largo plazo. Dicho de otro modo, los índices bursátiles no vuelven a cero de la noche a la mañana, sino que mantienen cierto vigor durante el siguiente intervalo que, a su vez, puede contribuir a su revalorización en el futuro. Por lo tanto, cuando decimos que un índice asciende con el tiempo es más bien la cifra que lo representa la que lo hace. Sin embargo, a la hora de ilustrar las oscilaciones actuales del mercado, la escala lineal no tiene en cuenta el punto de partida desde el que arranca el repunte. A pesar de su utilidad en muchos ámbitos, entre ellos las fluctuaciones bursátiles a corto plazo, las escalas gráficas se revelan menos eficaces cuando se adopta un punto de vista más amplio.

En el gráfico 2 los resultados de los mercados de renta variable a largo plazo se representan de una manera más rigurosa, a través de una escala logarítmica, que muestra exactamente la misma información del índice, pero a una escala más manejable.

Gráfico 2: Índice S&P 500 Total Return (escala logarítmica)


 
Fuente: Global Financial Data, a 1/2/2019. Cotización del índice S&P 500 Total Return (valores en dólares estadounidenses), 31/12/1925-31/1/2019. Las fluctuaciones de la cotización dólar/euro podrían dar rentabilidades superiores o inferiores.

Esta evolución parece mucho más razonable, ya no vemos la empinada pendiente de más arriba. ¿Cómo es posible? Porque una escala logarítmica se basa en órdenes de magnitud –cambios exponenciales de un mismo número–, representa las variaciones porcentuales idénticas con el mismo movimiento vertical. En otras palabras, toma en consideración el crecimiento acumulado con el tiempo, cuyos cambios se visualizan de modo porcentual.

Por ejemplo, en una escala lineal, un incremento de 200 a 400 se vería igual que el de 2.200 a 2.400, por más que el segundo sea enorme, nada menos que del 100%, y el primero no llegue siquiera al 10%. Si un índice continúa revalorizándose y acumulándose a largo plazo –según se muestra en el gráfico 1–, las mismas diferencias numéricas pierden sentido desde el prisma de los porcentajes.

En la escala logarítmica, un repunte de 200 a 400 se vería muy diferente de uno de 2.200 a 2.400. En cambio, el aumento de 200 a 400 se vería igual que el de 2.000 a 4.000, ya que representan una revalorización del 100%. Gracias a las diferencias porcentuales podemos acercarnos a las oscilaciones bursátiles de la manera real en que nosotros y nuestras carteras las experimentamos. Si un índice sube 100 puntos desde los 10.000 el impacto es mucho menor que si lo hace desde los 10.

Ahora que ya hemos entendido cómo se escalan los datos para observar los cambios porcentuales de la rentabilidad de mercado a lo largo del tiempo, veremos que en el gráfico 2, aunque también se refleje un impulso creciente, este no ha sido como el de un cohete, súbito, único y violento, sino más bien moderado: se observan algunos altibajos más pronunciados que otros, pero, en general, se reparten a lo largo de toda la vida del índice.

No se puede negar que el índice se ha revalorizado con el tiempo, alcanzando habitualmente nuevos máximos. De hecho, desde una perspectiva matemática, para que la tendencia ascendente se mantenga a largo plazo, han de seguir anotándose nuevos máximos. Los mercados alcistas –periodos en los que la cotización de las acciones tiende a ampliarse– presentan una duración y una profundidad variables. La circunstancia de que el mercado haya subido en un cierto porcentaje en un periodo no implica que vaya a caer cuando alcance un umbral determinado. Ya sabe que rentabilidades pasadas no predicen rentabilidades futuras, así que los nuevos máximos no anticipan en ningún caso una caída inminente.

Si los actuales altos niveles del mercado no son necesariamente malos augurios que vigilar, puede que valga la pena evaluar las reacciones de los inversores ante esta coyuntura. ¿La prensa se dedica a alertar de los peligros que nos acechan tras los máximos históricos? Este pesimismo no es necesariamente adverso. Le recordamos que cuando el ánimo inversor pasa del optimismo a la euforia a menudo indica que el mercado podría estar tocando techo. El momento de ser cautos, en cambio, llega cuando se desprecian o subestiman los datos fundamentales negativos.

A partir de ahora siempre que escuche noticias sobre la amenaza que suponen los nuevos máximos, párese a considerar lo siguiente: ¿han utilizado la escala correcta para estudiar el desarrollo del mercado? ¿El estado de ánimo inversor parece exageradamente pesimista ante el «nuevo máximo histórico»? Si, a continuación, analiza la información macroeconómica, ¿todavía cree que debería mantener la cautela? Los máximos que marca la renta variable no significan otra cosa que el mercado ha subido, conque, si siguen haciéndolo, cosechará nuevos máximos y surgirán los mismos temores. No caiga presa de ese sinsentido.

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