En opinión de Fisher Investments, quienes consideran que un inversor puede proteger y hacer crecer su cartera al mismo tiempo defienden su postura de diversas maneras. A título de ejemplo, algunos analistas financieros recomiendan a los inversores que mantengan bonos con el fin de proteger su capital. Hemos constatado que otros sugieren que ciertos tipos de sectores de renta variable ofrecen una mayor estabilidad o seguridad.
Por ejemplo, una empresa ferroviaria puede considerarse una inversión segura porque es probable que su actividad (el transporte de grandes cantidades de mercancías) se mantenga estable incluso en un mundo cada vez más digitalizado. O puede ocurrir que un gigante de la tecnología se perciba como estable por la solidez y la gran liquidez de sus balances, así como por la regularidad de su actividad empresarial. El mismo planteamiento se aplica a las empresas de los sectores de bienes de primera necesidad y de servicios públicos, cuyos productos o servicios suelen exhibir una demanda constante con independencia de los ciclos económicos, de acuerdo con la opinión de Fisher Investments respecto de la evolución histórica del mercado.
Asimismo, algunos expertos han sugerido adquirir productos que prometen limitar la exposición a mercados en retroceso, como los fondos cotizados con cobertura. Se trata de fondos cotizados en bolsa que ofrecen exposición a los mercados de renta variable, pero recurren a derivados financieros para limitar las posibles pérdidas derivadas de las caídas de los mercados. Existe un inconveniente: por lo general, resultan muy onerosos y suelen limitar las ganancias de manera considerable, según nuestra experiencia. El principal atractivo de estas inversiones supuestamente infalibles reside en que permiten conservar el capital y, al mismo tiempo, incrementar su valor.
Ahora bien, estas recomendaciones resultan desacertadas, puesto que, a nuestro parecer, una verdadera estrategia de conservación del capital implica que su cartera no presente volatilidad alguna a corto plazo. En la práctica, nuestros análisis muestran que la única manera de lograr este objetivo es mantener una cartera compuesta íntegramente por efectivo o invertir en deuda pública de gran calidad a muy corto plazo y mantenerla hasta el vencimiento. Ningún valor, con independencia del segmento al que pertenezca, puede estar exento de volatilidad a corto plazo.
Sirvan de ejemplo el operador ferroviario o la empresa tecnológica que se han mencionado antes. Podrían tener negocios muy rentables, ¿pero qué pasaría si los reguladores anunciaran nuevas e inesperadas normas? A título de ejemplo, los responsables gubernamentales podrían implementar nuevas normativas en materia laboral para los operadores ferroviarios que provocaran un incremento de los costes. También podría ocurrir que los reguladores impusieran restricciones en el intercambio de datos, lo que podría dificultar la actividad comercial de una firma tecnológica. De hecho, ninguna de las dos empresas sería inmune tampoco a los cambios en el ciclo económico, según nuestra experiencia. Puede que resistan mejor o peor que otras empresas comparables, si bien eso no significa que estén exentas de volatilidad o períodos negativos. Ningún valor lo está, lo que echa por tierra la noción de estabilidad.
Puede que los bonos de más larga duración no fluctúen tanto como las acciones, si bien siguen experimentando episodios de volatilidad que pueden llegar a ser de gran intensidad. En 2022, los bonos vivieron una espiral de ventas a escala mundial a medida que la inflación se aceleraba en todo el mundo y los mercados se reajustaban tras una era de tipos de interés irrisorios durante la década de 2010 y en los primeros compases de la década de 2020. (i) Cabe destacar también que implementar una verdadera estrategia de conservación del capital significa que se renunciaría a sacar partido de la volatilidad positiva que catapulta los mercados, como en el caso de que una empresa fuese más rentable de lo que se había estimado en un principio. Tratar de lograr una verdadera conservación del capital implicaría seguramente que no se consiguiera el objetivo de crecimiento.
Y lo que es más importante, aunque se acepte una volatilidad reducida o nula a cambio de un crecimiento menor o inexistente a largo plazo, no consideramos que eso signifique que la cartera esté a salvo de todos los riesgos. Seguirá habiendo exposición a la inflación, es decir, al incremento general de los precios en el conjunto de la economía. Los precios de los bienes y los servicios repuntan con el tiempo, lo que reduce el poder adquisitivo de los inversores. A título de ejemplo, el índice armonizado de precios de consumo (IPCA, un parámetro de inflación elaborado por los Gobiernos) de la eurozona experimentó una subida media anual del 1,7 % desde el 2000 hasta el 2025. (ii) En algunos años se disparó (8,4 % en el 2022), mientras que en otros años se situó muy por debajo de la media (en 2015 y 2016 registró una variación anual del 0,2 %). (iii) Ahora bien, en líneas generales y con el tiempo, la inflación fue erosionando el poder adquisitivo del efectivo, lo que, a nuestro juicio, constituye un problema importante para una verdadera estrategia de conservación del capital.
La conservación del capital, tal como suele entenderse, no existe y puede que no signifique lo que muchos creen. Si alguien afirma que una inversión ofrece tanto crecimiento como conservación del capital, podríamos estar ante un problema que se derivaría de la ignorancia o de un engaño intencionado. Creemos que los inversores harían bien en interiorizar esta lección básica: no hay crecimiento sin volatilidad. Todos los productos conllevan riesgos y contrapartidas, y no existen varitas mágicas a la hora de invertir.
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Invertir en los mercados financieros implica un riesgo de pérdida. No hay garantías de que todo o parte del capital invertido sea reembolsado. La rentabilidad pasada no garantiza ni indica los resultados futuros de manera fiable. El valor de las inversiones y los ingresos procedentes de ellas están sometidos a la fluctuación de los mercados financieros mundiales y de los tipos de cambio internacionales. Fisher Investments Ireland Limited es una sociedad de responsabilidad limitada constituida en Irlanda y regulada por el Banco Central de Irlanda. Fisher Investments es el nombre comercial utilizado por las sucursales de Fisher Investments Ireland Limited en España e Italia. Fisher Investments Ireland Limited y su nombre comercial, Fisher Investments, están inscritos en el Registro Mercantil de Irlanda con los números 623847 y 772424. El domicilio social de Fisher Investments en Ireland es: 3rd Floor, 24-26 City Quay, Dublin Docklands, Dublin, D02 NY19, Ireland. El presente documento recoge la opinión general de Fisher Investments y no debe ser considerado como un servicio de asesoramiento personalizado en materia de inversiones o fiscal ni un reflejo de la rentabilidad de sus clientes. No se garantiza que Fisher Investments siga sosteniendo estas opiniones, las cuales pueden cambiar en cualquier momento a la luz de nuevos datos, análisis o consideraciones. La información que figura en el presente documento no pretende ser una recomendación o un pronóstico de las condiciones del mercado. En su lugar, tiene por objeto esclarecer los aspectos tratados. Los mercados actuales y futuros pueden diferir ampliamente de los que se describen en este documento. Asimismo, no se garantiza la exactitud de ninguna de las hipótesis empleadas en los ejemplos contenidos en el presente documento.
(i) Fuente: FactSet, a 17/8/2026. Declaración basada en el índice ICE BofA 7 – 10y Government & Corporate, del 4/1/2022 al 12/10/2022
(ii) Fuente: FactSet, a 10/9/2026. Declaración basada en la variación media anual del índice armonizado de precios de consumo (IPCA) de la eurozona, del 2000 al 2025.
(iii) Ibid.