Wall Street afronta un escenario cada vez más complejo, marcado por la persistencia de la inflación, el aumento de las rentabilidades de los bonos estadounidenses y las crecientes dudas sobre las multimillonarias inversiones en inteligencia artificial. Sin embargo, Manuel Pinto, analista de XTB, mantiene una visión constructiva sobre la renta variable estadounidense, aunque advierte de los riesgos que podrían poner fin al ciclo alcista.

Este experto recuerda que Wall Street acumula cuatro años de subidas y una revalorización cercana al 118% desde los mínimos de octubre de 2022. Pese a las recientes correcciones, considera que todavía existen argumentos para que el mercado continúe avanzando. Históricamente, cuando un mercado alcista alcanza su quinto año, la rentabilidad media durante ese ejercicio ronda el 19%. Aunque reconoce que el camino no está exento de obstáculos, recuerda que las bolsas han conseguido mantenerse cerca de sus máximos históricos pese a las tensiones geopolíticas, los elevados déficits públicos y la incertidumbre sobre la inteligencia artificial. «Los mercados alcistas no mueren por viejos, sino por una gran desaceleración económica o por una subida agresiva de tipos de los bancos centrales», sostiene.

Uno de los principales riesgos para la continuidad de las subidas se encuentra en la evolución de los precios. Los últimos datos de inflación de Estados Unidos han vuelto a generar inquietud entre los inversores y han aumentado las expectativas de nuevas subidas de tipos por parte de la Reserva Federal. Pinto destaca que la inflación estadounidense acumula 66 meses consecutivos por encima del objetivo del 2% y que la media de los últimos tres meses de la inflación subyacente supera el 3%, una referencia especialmente relevante para la política monetaria.

Aunque buena parte de estas presiones procede del encarecimiento de la energía, el analista advierte de que sus efectos se están trasladando a otros componentes, como el transporte, los seguros, los vehículos y determinados servicios. Aun así, mantiene una visión favorable sobre las bolsas. De hecho, Pinto explica que la firma se mostró más cautelosa durante septiembre, pero ha recuperado cierto optimismo en octubre, apoyándose en las perspectivas de los resultados empresariales.

En su opinión, la evolución de los beneficios durante las próximas semanas puede convertirse en un catalizador fundamental para sostener las cotizaciones y compensar parte de la incertidumbre macroeconómica.

La deuda estadounidense vuelve a ofrecer oportunidades

Más allá de la renta variable, este experto identifica oportunidades en el mercado de deuda pública estadounidense, especialmente después del fuerte repunte de las rentabilidades de los bonos. Considera que el propio mercado de renta fija está contribuyendo a endurecer las condiciones financieras, facilitando así parte del trabajo de la Reserva Federal. Mientras que las decisiones sobre los tipos oficiales tardan meses en trasladarse a la economía real, los movimientos de los bonos tienen efectos mucho más inmediatos sobre el coste de financiación y las valoraciones de los activos.

En este contexto, explica que XTB ha pasado de una visión desfavorable de la renta fija a otra considerablemente más optimista. Y, de hecho, Pinto ve especialmente atractivos los bonos del Tesoro estadounidense a dos años, al considerar que el mercado está descontando un endurecimiento monetario que podría resultar excesivo. Según su interpretación, las expectativas de tres subidas adicionales de tipos provocarían una desaceleración económica importante, por lo que considera poco probable que finalmente lleguen a materializarse.

Además de la deuda a corto plazo, cree que también es momento de incorporar algo más de duración a las carteras, mediante bonos con vencimientos de cinco, siete o incluso diez años. Una estrategia que  responde a la posibilidad de que la renta fija vuelva a desempeñar su tradicional papel como activo refugio en episodios de corrección bursátil.

Pinto distingue, no obstante, entre dos escenarios. Cuando el principal temor del mercado es la inflación, los bonos pueden sufrir junto con las acciones. Sin embargo, cuando la preocupación se desplaza hacia una desaceleración económica o una corrección de las inversiones en inteligencia artificial, la deuda pública puede beneficiarse de una caída de las rentabilidades.

"La gran burbuja no es la inteligencia artificial, es la deuda"

Uno de los mensajes más contundentes de Pinto se refiere a la relación entre el desarrollo de la inteligencia artificial y la sostenibilidad de las finanzas públicas de Estados Unidos. El analista considera que la Administración estadounidense tiene fuertes incentivos para seguir impulsando esta tecnología, no solo por su potencial económico, sino también por la competición estratégica con China por el liderazgo tecnológico mundial.

En su opinión, las inversiones en inteligencia artificial continuarán aumentando a pesar de las dudas que están surgiendo sobre su financiación y rentabilidad.

Sin embargo, advierte de que el verdadero riesgo podría encontrarse en otro mercado.

«La gran burbuja para nosotros no es la inteligencia artificial, la gran burbuja es la deuda», afirma.

Pinto recuerda que Estados Unidos presenta una deuda pública equivalente aproximadamente al 120% de su PIB y un déficit cercano a los dos billones de dólares. En este contexto, considera que la confianza de los inversores en los bonos estadounidenses depende en buena medida de las expectativas de crecimiento económico del país. Y una parte importante de esas expectativas está vinculada al potencial de la inteligencia artificial para impulsar la productividad.

Por ello, advierte de que, si las inversiones en esta tecnología no generan los retornos esperados, las consecuencias podrían extenderse mucho más allá de las cotizaciones de las grandes compañías tecnológicas.

Una desaceleración del crecimiento derivada de una menor contribución de la IA podría debilitar la confianza en las perspectivas fiscales estadounidenses y complicar la colocación de nueva deuda entre los inversores.

Tres activos para invertir en un escenario de mayor incertidumbre

Ante este escenario, Pinto insiste en la importancia de construir carteras diversificadas y evitar una exposición excesiva a un único mercado o sector.

Para los inversores que estén planteándose entrar ahora en los mercados, el analista identifica tres grandes alternativas: renta variable global, deuda pública estadounidense y oro.

En bolsa, apuesta por una exposición internacional a través del índice MSCI ACWI, que permite invertir tanto en mercados desarrollados como emergentes. Aunque reconoce que Estados Unidos continúa teniendo un peso elevado dentro del índice, considera que esta estrategia facilita una mayor diversificación geográfica. Dentro de los mercados emergentes, destaca especialmente las perspectivas de Latinoamérica, una región que, a su juicio, podría beneficiarse durante los próximos años de la fragmentación económica internacional y del impulso de las materias primas.

En renta fija, reitera su preferencia por los bonos del Tesoro estadounidense, tanto a dos años como en vencimientos superiores, en función del horizonte temporal y del perfil de riesgo del inversor.

El tercer activo que incorporaría es el oro, al que sigue atribuyendo un papel relevante como elemento de protección frente a posibles episodios de desaceleración económica o correcciones en las grandes tecnológicas. Aunque reconoce que el metal precioso puede experimentar volatilidad a corto plazo, considera que puede servir como amortiguador para las carteras en escenarios adversos.