Tras los recientes movimientos del Banco Central Europeo y la Reserva Federal, ¿cree que los mercados ya han descontado el escenario final de tipos, o nos esperan más sorpresas inflacionistas a medio plazo?

Creo que los mercados en general todavía no han descontado cuál es la situación y las decisiones de los bancos centrales. Vemos claramente que la Reserva Federal probablemente haga alguna subida más antes de final de año. El año que viene, si continúa esta senda inflacionista, que es difícil de frenar por el precio del petróleo y por las continuas guerras, provocará que no haya más subidas de tipos de interés. Por el lado del Banco Central Europeo, se han paralizado esas subidas para ir más a largo plazo. No creo que el año que viene, aunque tengamos algo de espiral inflacionista, vayan a subir más los tipos por una razón fundamental: las elecciones en Francia y la preocupación por la deuda francesa. Este entorno político marca que el Banco Central Europeo no mire hacia el sur de Europa, sino hacia Alemania y Francia.

Los niveles de deuda pública siguen en máximos históricos. ¿Hasta qué punto esto limita la capacidad de maniobra de los gobiernos frente a futuros shocks económicos?

El déficit fiscal va a seguir presente, y la deuda de los países sigue siendo clave para mantener el crecimiento y la capacidad de apoyar a su población. Lo que vemos en el corto plazo es que la deuda se incrementará, y el tipo de interés que marca esa deuda nos llevará a una curva con mucho más empinamiento, es decir, plazos largos mucho más altos que los cortos. Teníamos cierto aplanamiento que claramente no se va a mantener. Es necesario tener mayores tipos de interés a largo plazo para que los inversores estén interesados en comprar esa deuda. Desde luego, los emisores —los tesoros de cada país— intentarán colocar la deuda que necesitan para mantener la calidad de vida de sus poblaciones mediante el incremento del tipo de interés, lo que supone una caída directa del precio.

Se ha hablado mucho del "aterrizaje suave" de la economía. ¿Ve más riesgo de un estancamiento económico en Europa o confía en una recuperación sólida?

Si Europa fuese un Estado único con los temas fiscales coordinados entre todos, la situación sería distinta. Actualmente, al no existir esa coordinación fiscal, vemos claramente que el problema es de emisión de cada uno de los Estados miembros; cuando necesiten emitir, serán capaces de hacerlo porque la necesidad viene del uso de sus propios recursos. Esa deuda pública intentará ayudar al crecimiento del propio país, como pasa en España. Estamos emitiendo deuda y creando empleo público para que dicha deuda pague ese crecimiento. Claramente, el futuro de nuestra deuda va a seguir en aumento, y la inflación ayuda a que eso crezca. La inflación es el elemento clave en la base de la deuda para que los tipos de interés estén mucho más altos y el tipo de interés real se mantenga. Los gobiernos tendrán que subir ese margen obligatoriamente por una cuestión de colocar o no su deuda. Emitir deuda y no colocarla es un fracaso que impide realizar nuevas emisiones exitosas en el futuro.

Con el aumento en los rendimientos de los bonos, ¿qué duraciones y qué tipo de deuda ofrece hoy la mejor relación riesgo-rentabilidad?

Existe una duda muy grande en este aspecto. En los últimos cuatro o cinco años, el mercado de renta fija se ha movido muy en paralelo con el mercado de renta variable. Al haber rentabilidades en ambos lados, el inversor no tenía que preocuparse demasiado: el perfil defensivo conseguía rentabilidades más bajas y el agresivo, en bolsa, lograba rentabilidades mayores. Por el lado de la deuda, dado el desplazamiento de la curva a largo plazo, es mejor tener una duración más corta hasta que veamos que se estabiliza la curva de tipos. En ese momento será mejor mantener duraciones tirando hacia el largo plazo. La duración es un elemento clave en las carteras de renta fija, y estar con un gestor que lo administre correctamente ayuda a eliminar esa preocupación. La capacidad de maniobra es muy limitada para los inversores finales que tienen posiciones directas en renta fija. Sin embargo, el inversor institucional tiene posiciones de duraciones cortas y largas, y puede hacer esos cambios rápidamente mediante la compra y venta de futuros, lo que permite obtener buenas rentabilidades si el gestor sabe qué hacer.

Los mercados bursátiles han estado muy dirigidos por un pequeño grupo de grandes empresas tecnológicas. ¿Ve oportunidades fuera de las grandes capitalizaciones? ¿Dónde?

Llevamos años en los que la inteligencia artificial ha dominado el mercado, y hemos dejado de lado sectores básicos en el desarrollo de los mercados financieros. Aunque vemos que todavía no ha terminado la valoración de esas grandes compañías (que en la bolsa americana ya representan una parte muy importante), si analizamos la historia, todo esto se va ajustando. Los índices mundiales funcionan por capitalización de mercado, y eso se reajusta. A medida que veamos sectores que empiezan a crecer como consecuencia de ese ajuste, surgirán oportunidades. Hemos visto que los bancos llevan dos años muy interesantes en los que se está empezando a valorar su evolución positiva. Todo lo vinculado con el consumo —además de la inflación— ha influido también al tener unas buenas expectativas de ventas sin paralizar el gasto en Estados Unidos, premiando así a estas compañías. Otro sector clave es el relacionado con las materias primas: el petróleo y su impacto en las petroleras, así como las empresas eléctricas y los sectores productores de bienes. Hay que estar diversificado, ser capaz de no seguir las modas y buscar qué activos son interesantes para posicionarse correctamente.

Si un inversor con liquidez le pregunta hoy dónde posicionarse para preservar y crecer su patrimonio, ¿cuáles serían los pilares de esa cartera?

El elemento clave es el perfil de riesgo de cada persona. No se puede hablar en general de que un inversor quiere preservar su patrimonio, ya que el 100% de los inversores buscan eso. Lo fundamental es saber dónde situarse sin temor según el propio perfil de riesgo. La teoría antigua establecía que a los 55 años había que pasar a mercados monetarios para asegurar el dinero de cara a la jubilación. Ahora esa teoría ha cambiado totalmente, porque alguien posicionado en mercados monetarios no tiene rentabilidad al estar la inflación por encima del tipo libre de riesgo. Hay que tener claro que una persona de 80 años a lo mejor puede asumir mucho más riesgo porque necesita gestionar su dinero para obtener rentabilidad y seguir manteniendo su nivel de vida, a diferencia de alguien de 20 años cuya única preocupación sea mantener la inversión para comprarse un coche. El perfil de riesgo ha evolucionado; los inversores no se califican por la edad, sino por su nivel de tolerancia. Cuando un inversor se enfrenta a los mercados, debe estar a gusto donde está invertido y no pensar que se va a acabar el mundo si el mercado cae, ni vender todo cuando ha subido un 10%. Debe tener una visión a largo plazo, sabiendo que su dinero invertido tiene que ser capaz de aguantar la volatilidad y darle satisfacciones, no preocupaciones.

¿Qué papel deben jugar en cartera activos como el oro? Por otro lado, con la deuda actual, ¿puede cubrirse un inversor el valor de su patrimonio con el oro?

El oro siempre es un elemento clave en una cartera. No ofrece una rentabilidad por dividendo para jugar con ella; la rentabilidad se obtiene si el oro incrementa o reduce su valor. Tener una parte en oro en cualquier cartera es importante, siempre que el inversor asuma su volatilidad, como hemos visto recientemente cuando se situó por encima de los 5.000 euros y luego retrocedió a niveles cercanos a los 4.000. Aunque la volatilidad del oro ha cambiado respecto al pasado, en una cartera diversificada aporta mucho valor. Especialmente en situaciones con guerras próximas o conflictos latentes, donde existe un componente de geopolítica en las valoraciones, el oro ayuda a aportar mayor tranquilidad.

¿Cómo puede un inversor generar rentas pasivas?

Históricamente, el inversor final buscaba generar rentas a través de los dividendos. Creo que actualmente la mejor inversión es un fondo donde estés tranquilo y seas capaz de obtener rentabilidad mediante el incremento de los precios; el valor de los dividendos ya va incluido en ese crecimiento. Si el objetivo es obtener rentas pasivas, lo ideal es invertir en un fondo de inversión e ir obteniéndolas a través de la venta de participaciones. Es un proceso sencillo que se puede dejar preparado si se desea recibir una rentabilidad mensual, semestral o anual en función de las necesidades. Para cualquier inversor final hoy en día, la mejor forma de invertir es a través de un fondo de inversión.