La FED ha mantenido sin cambios los tipos de interés, dejándolos en el rango entre el 3,75% y el 4%. ¿Qué supone esto para la economía?
El mercado lo tenía previamente anticipado y estaba descontado de los precios del mercado, e incluso los mercantiles que los cubrimos más de cerca. El mercado tiene en sus estrategias que la nueva subida de tipos llegue en diciembre.
Estamos a punto de conocer datos importantes como el PIB del tercer trimestre, con previsiones cercanas al 3%, y el índice de gasto de consumo personal, la medida de inflación preferida de la FED. ¿Crees que estos datos sí serán importantes para los próximos movimientos del organismo?
Sobre todo en la parte del PCE porque está ligado con la inflación. Si uno ve el crecimiento de los salarios relativo al crecimiento d ellos precios en los últimos meses, el índice de precios está por encima y es de ahí de donde viene la queja social en los últimos meses. Y la FED está siguiendo esto muy de cerca.
También se ha publicado la confianza del consumidor estadounidense de la Conference Board, que mejoró en octubre a pesar de que los precios del crudo siguen altos con el Brent por encima de los 100 dólares el barril. Además, continúa la guerra en Oriente Medio aunque Estados Unidos ha recibido el primer cargamento de petróleo de Venezuela. ¿Qué se puede esperar hasta final de año, además con las elecciones de mitad de mandato?
El índice de la Conference Board ha subido un poco gracias a los datos de empleo, aunque si tomamos como base los últimos tres o cuatro años, sigue estando ligeramente por debajo del nivel de 100. En el ámbito laboral estamos en una situación que en inglés llaman "no fire, no hire": no hay grandes contrataciones ni se añaden muchas plazas, pero tampoco hay despidos masivos. Esta tendencia plana lleva ya muchos meses.
Sin embargo, las finanzas de los consumidores siguen muy afectadas precisamente por el precio de la gasolina. Estamos entrando en las elecciones de medio mandato (midterms) y esto, por lo general, suele tener un impacto muy fuerte. El consumidor ha dejado claras sus inquietudes en las encuestas debido al coste del combustible. Hay que recordar que no solo importa el precio del crudo en sí, sino el de todos sus derivados: el combustible para aviones (jet fuel), los fertilizantes, el diésel, la gasolina, etc.. El gran problema aquí es la capacidad para refinar este producto; construir nuevas refinerías es un proceso a muy largo plazo, por lo que no prevemos que este conflicto se resuelva pronto.
Estás especializado en alimentación. ¿Cuál es el impacto del precio del crudo y de los costes de la energía en los sectores agropecuario y agroalimentario?
Es un impacto importantísimo y muy duro. En Estados Unidos se utiliza mucha electricidad (que también sufre restricciones) y muchísimo diésel. Se usa no solo en el transporte de cosechas y alimentos entre estados mediante camiones que necesitan refrigeración y congelamiento, sino también en el almacenamiento. Todo esto ejerce una enorme presión sobre el coste de los alimentos.
Esto ya venía ocurriendo desde hace tres o cuatro años; los precios subieron fuertemente y se trasladaron al consumidor. Sin embargo, en los últimos cuatro meses hemos visto una nueva alza que le pone aún mayor presión al sector y reduce los márgenes. Aunque en EE. UU. los precios de insumos como el maíz y la soja han logrado un pequeño repunte, los costes de producción (electricidad, diésel, piensos) para los productores de carne de res, cerdo y pollo siguen incrementándose. Mientras tanto, los precios mayoristas y minoristas están llegando a su límite. Es muy posible que estos costes se tengan que trasladar nuevamente al consumidor, lo que podría generar un impacto social similar al que vimos en 2022, cuando la inflación le costó políticamente las elecciones al Partido Demócrata. Además, esto no solo sucede en Estados Unidos, sino que se está viendo a nivel global.
En cuanto a las inversiones en el sector agropecuario y agroalimentario en el que estás especializado, ¿recomiendas algún tipo de inversión?
Yo recomendaría seguir los mercados de futuros de la soja, del maíz y del trigo. Estamos observando una tendencia al alza a futuro, sobre todo en el maíz (tal vez no tanto en la soja). Muchos de nuestros analistas de granos prevén un déficit fundamental entre la oferta y la demanda de cara a 2027. Esto sin contar siquiera el impacto del cierre en el Mar Negro y otros conflictos geopolíticos de los últimos dos meses. Todo esto ejerce una mayor presión al alza sobre los precios fundamentales hacia 2027. Creo que los mercados bursátiles y de opciones están viendo esta misma tendencia, lo que sugiere que puede haber expectativas de inversión en las que algunos bancos tomen posiciones de cobertura (hedging) relativas al mercado bursátil y de bonos para ese año.