Septiembre dejó una importante divergencia entre las grandes tecnológicas y buena parte del resto del mercado, mientras el fuerte repunte de las rentabilidades de la deuda vuelve a ejercer presión sobre las valoraciones bursátiles. El miedo, sin embargo, todavía no aparece. El VIX se situaba en 15.20 puntos el pasado viernes, un nivel que refleja una volatilidad esperada moderada. Es precisamente cuando la protección parece menos necesaria cuando puede resultar más barato plantearse cubrir parcialmente una cartera.
Una bolsa tranquila por fuera, pero mucho menos por dentro
Septiembre dejó algunas señales que merece la pena vigilar. El S&P 500 terminó el tercer trimestre apenas un 2% por debajo de su máximo de 52 semanas. Sin embargo, el 83% de sus componentes había retrocedido más de un 10% respecto a sus máximos individuales y el 42% acumulaba caídas superiores al 20%. La diferencia estuvo en las grandes compañías tecnológicas. Mientras el NASDAQ 100 avanzó un 3,3% durante septiembre, el Russell 2000 perdió un 5,3% y el DOW JONES cayó un 4,1%. Nueve de los once grandes sectores terminaron el mes claramente a la baja. Tecnología, con un avance del 4,5%, y comunicaciones, con un 4,3%, fueron las excepciones.
No significa necesariamente que vaya a producirse una corrección importante, pero sí evidencia una concentración creciente del mercado en un grupo reducido de compañías.
El principal cambio está llegando desde la renta fija. El Treasury estadounidense a diez años terminó septiembre con una rentabilidad del 5,29%, después de subir 54 puntos básicos durante el mes, el mayor incremento mensual en cuatro años. El bono a 30 años alcanzó el 5,62%. Esto modifica la ecuación del inversor. El S&P 500 cotiza aproximadamente a 19 veces los beneficios previstos para los próximos doce meses. FactSet sitúa esta valoración ligeramente por debajo de la media de cinco años, de 19,8 veces, y prácticamente en línea con la media de diez años, de 19,1.
Por tanto, la bolsa estadounidense no presenta actualmente una valoración extrema en términos históricos recientes, pero tiene que competir con una deuda pública que vuelve a ofrecer rentabilidades próximas o superiores al 5%.
¿Cómo cubrir una cartera ante una corrección mayor?
La primera protección no tiene por qué consistir en vender todas las acciones. Para una cartera excesivamente concentrada en tecnología estadounidense, reducir posiciones y aumentar la diversificación puede rebajar el riesgo sin abandonar completamente el mercado.
La liquidez y los instrumentos monetarios recuperan atractivo cuando los tipos permanecen elevados. Mantener una parte de la cartera en activos de muy corto plazo permite reducir volatilidad y conservar munición para aprovechar eventuales correcciones.
La deuda pública de alta calidad constituye otra alternativa, aunque actualmente importa mucho la duración. Septiembre demostró que los bonos largos también pueden sufrir pérdidas importantes cuando repuntan las rentabilidades. Para perfiles defensivos, los vencimientos cortos pueden ofrecer una relación riesgo-retorno más controlada.
También está el Oro, tradicional activo de diversificación. No es una cobertura perfecta: en septiembre perdió más del 6% debido precisamente al aumento de las rentabilidades y al fortalecimiento del dólar. A comienzos de octubre vuelve a ganar terreno y cotiza alrededor de 4.154 dólares por onza.
Comprar opciones put. Para inversores con conocimientos suficientes existen mecanismos más específicos. Comprar opciones put sobre índices permite establecer una especie de seguro: si el mercado cae por debajo de determinados niveles, la opción aumenta potencialmente de valor y puede compensar parte de las pérdidas de la cartera. El inconveniente es evidente: el seguro cuesta dinero. Si la caída no se produce antes del vencimiento, la prima puede perderse. Por eso las opciones no deberían utilizarse sin comprender previamente su funcionamiento, vencimiento y coste.
Un VIX alrededor de 15 muestra que el mercado todavía no está pagando precios propios de una situación de pánico. Como referencia histórica, su media de largo plazo ronda los 19,4 puntos.
Cubrir riesgos no significa apostar por un desplome
Hay argumentos que también invitan a evitar decisiones precipitadas. Los analistas esperan actualmente que los beneficios del S&P 500 aumenten un 32,4% en el conjunto de 2026, y la temporada de resultados del tercer trimestre comienza en octubre.
El escenario, por tanto, no exige necesariamente salir del mercado, sino revisar cuánto riesgo se está asumiendo. Reducir concentración, recuperar liquidez, incorporar renta fija de calidad, mantener diversificadores y utilizar derivados únicamente cuando se comprenden bien son formas distintas de protección