Juan Manuel Mazo, gestor de Maral Macro, se declara abiertamente liberal, en absoluto socialista, y señala que su ideología se basa en un mercado soberano pero que ayude a los más débiles. Sin embargo, esa “ayuda” no debe proceder de los bancos centrales, a los que critica abiertamente y con duras palabras. Mientras la inmensa mayoría del mercado le pide a Bernanke, Draghi y compañía que hagan más, Mazo habla del “experimento colosal” que han llevado a cabo interviniendo en los mercados y sentencia que “hacen mucho mal”. En su opinión, provocan que los inversores desprecien los fundamentales y les “fuerzan a comprar algo que está caro”. “Los bancos centrales ponen donde quieren a las bolsas, a las divisas... y debería ser el mercado el que lo haga, porque es el que fija los precios de forma más eficiente”.

Este experto se queja de que la intervención de los bancos centrales provoca que cada vez haya menos "jugadores" en algunos mercados. Ejemplo: “La Fed es el 30% del mercado de treasuries a 10 años en Estados Unidos”. Y lo que le suena más recalcitrante es que nadie se pregunte cuáles son los límites de la política monetaria: “Hemos dejado a los bancos centrales para solucionar los problemas económicos, pero lo que hay son problemas estructurales que no se resuelven con políticas monetarias. Se recurre a esto porque es lo fácil y lo que más efecto tiene a corto plazo. La pregunta es si es la economía de mercado la que asigna los recursos de forma más eficiente o es mejor la economía planificada”. Filosofía económica que, en el caso de un liberal como Mazo, se decanta de forma clara hacia la opción de una economía pura de mercado.

Defiende su postura con la convicción de que “los bancos centrales dopan a los mercados, no a la economía”, pero por otra parte, define a los mercados como “anestesias”: “Si suben las bolsas, los políticos dejan de actuar”; y a su vez considera que “los políticos no gestionan la economía, la constriñen”: “La economía somos tú y yo comprando una mesa. ¿Qué tienen que ver en eso los políticos? El problema es el aspecto keynesiano, centralizado y comunista de la intervención de la economía. La economía es la economía privada y en Estados Unidos la economía privada es mucho más potente, por eso funciona mejor”.

Férrea defensa del capitalismo que obliga a formular una pregunta: ¿No fue la eclosión de 2007-2008 un fracaso de esa economía capitalista? Así responde Mazo: “Al contrario, aunque sí, en parte tienes razón. La crisis financiera de 2007-2008 es una muestra del fracaso del sistema capitalista, pero luego su resolución no ha sido capitalista, ha sido totalmente estatalista, interviniendo los bancos; salvando de hecho los bancos que no hay que salvar; salvando las compañías que no hay que salvar; crujiendo a los ciudadanos y a las empresas, sobre todo a los ciudadanos mucho más que a las empresas; no reduciendo el sector público y el gasto público...”. Y prosigue Mazo, poniendo de nuevo a los bancos centrales en el banquillo de los acusados: “La crisis financiera fue una crisis debida a la actuación de los bancos centrales. Los tipos de interés estaban artificialmente bajos para salir de la burbuja tecnológica del año 2000 y de los ataques a las Torres Gemelas de 2001. Se trató de atajar cuanto antes el problema para dejar claro quién era el imperio. Hicieron que los agentes se endeudaran de forma excesiva”; y en este punto, su dedo acusador también señala a los reguladores: “Su fallo fue brutal. La actuación del Banco de España y la CNMV en aquellos años fue lamentable, no sé por qué no hay responsabilidades”.

Pregunta final a la desesperada: ¿y cómo salir de esta si la culpa ha sido de los que ahora tienen la responsabilidad de tomar decisiones? ¿Más mercado? “Estamos saliendo con más Estado, y por eso salimos tan mal. Por eso, y por la globalización y la tecnología, la demografía...”.

LOS VERDADEROS PROBLEMAS DE LA ECONOMÍA

Firme defensor del análisis macro más puro, Mazo recurre a disciplinas como la demografía o la sociología para enumerar los que para él son dos temas “importantísimos” en los próximos años, porque impactarán en los mercados.

1) Demografía: decía Jim Rogers en 2010 que “el principal problema de Europa en el siglo XXI será probablemente la demografía” y Mazo se confiesa “realmente pesimista” por el efecto que el envejecimiento de la población tendrá en la evolución de las finanzas públicas. Los datos que ofrece, que proceden del Centro para los Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), son escalofriantes. En España, los fondos públicos empleados para pagar las pensiones han crecido un 77% en una década, y las previsiones para el gasto sobre el PIB en esta partida apuntan a un 20,6% en 2030 y hasta el 26,1% en 2040: “Los 67 no valen ni de broma como edad de jubilación”.

Las consecuencias de este fenómeno demográfico son muchas y muy peligrosas: caída del PIB; aumento de la deuda sobre PIB y, por tanto, la sostenibilidad de la deuda pública; inestabilidad del Estado del Bienestar, puesto que hay mayor gasto sanitario y en pensiones; incremento de los impuestos para hacer frente a las anteriores partidas; pérdida de valor de activos, porque por ejemplo salen más activos inmobiliarios al mercado al perder dos millones de personas; y la convivencia interna se tensa, porque los jóvenes no querrán pagar impuestos solo destinados a las pensiones y no a la inversión productiva. Panorama complejo en el que, sin embargo, Mazo detecta una lectura positiva: “Los periodos de desempleo se corregirán de forma natural porque habrá menos demanda de trabajo”. De momento, el Gobierno se limita a tirar de la hucha de las pensiones.

2) Destrucción de las clases medias: frente a la percepción “a pie de calle” de que ha sido la crisis financiera la que está provocando el fin de las clases medias, Mazo señala a la globalización y la tecnología, especialmente a Internet. Ambos fenómenos, en su opinión, aumentan la desigualdad interna en los países desarrollados. “Es cierto que acercan la igualdad entre España y China, o Estados Unidos y México, pero aumenta la desigualdad doméstica”. La crisis financiera lo que ha hecho, añade Mazo, es agudizarlo, “porque ha sido una estupenda ocasión para despedir a muchos trabajadores y bajar salarios, lo que se llama flexibilización del mercado laboral... Esto provoca una reformulación del Estado del Bienestar que va a exigir pérdidas de los derechos económicos en Salud y Pensiones. La única manera de evitar la destrucción de las clases medias es subir los salarios”.

¿BURBUJA?

Junto con el “¿cómo será 2014?”, la pregunta de si se está inflando una nueva burbuja en las bolsas es obligada en este momento del mercado. Mazo ha contestado a ella antes de que fuera formulada y, además, ha comenzado la respuesta renegando de la tesis de quienes la niegan: “El 'como todo el mundo habla de burbuja, no hay burbuja', suena intelectualmente atractivo y es cierto en parte, porque si todo el mundo habla de ella, no todo el mundo invertirá por miedo, y se evitará que se infle. Sin embargo, que se hable de ella no excluye su existencia”. De nuevo, Mazo culpa a los bancos centrales, porque está convencido de que de haber burbuja, “la está alimentando el 'don't fight the Fed'”.

Pero también esa Europa de 2006, esa que no se parece a la que hay ahora por mucho que la percepción haya mejorado y que el mundo anhela, era una burbuja: “Estábamos generándola, pero teníamos la sensación de que estábamos mejor (…) Los niveles de deuda pública eran inferiores la mitad de los de ahora”. Entonces, ¿el sistema capitalista es un suceder de burbuja tras burbuja infladas por los bancos centrales? “Vamos de burbuja en burbuja por la actuación de los bancos centrales. Forzar el apetito por el riesgo de los inversores... ¿por qué? No me gusta que me fuercen. Déjenme que haga lo que responde a mi perfil de riesgo. Por qué con 70 años me obligas a invertir si me pagas los depósitos al 1%. A lo mejor, me arruinas”.

M.G.