El Día de la Educación Financiera se celebra hoy bajo el lema “Ahorra, Invierte, Avanza”, en un momento en el que el reto ya no es solo cuánto ahorran los españoles, sino cómo se canaliza. 
En este contexto, los hogares europeos mantienen aproximadamente un tercio de sus activos financieros en depósitos, frente a alrededor del 12% en Estados Unidos. El reto es conseguir que una mayor parte de ese ahorro llegue a los mercados de capitales y contribuya a financiar el crecimiento empresarial.

Para Rafael Pampillón, profesor y experto en economía, una vez cubiertas las necesidades de liquidez y las contingencias, parte del ahorro puede orientarse a inversiones capaces de generar rentabilidad a largo plazo. La Unión del Ahorro y la Inversión no es un fondo gestionado por Bruselas, sino una estrategia para mejorar las vías por las que el ahorro llega a la inversión.  La educación financiera resulta aquí esencial, pero no suficiente. Pampillón reclama productos comprensibles, costes contenidos, fiscalidad sencilla y estable y, sobre todo, un papel más activo de las entidades financieras a la hora de explicar a sus clientes qué son una acción, un bono o un fondo, qué rentabilidad pueden ofrecer y qué riesgos implican.

También es necesario cambiar una percepción todavía arraigada: invertir en bolsa no equivale a apostar. La clave está en hacerlo con diversificación, aportaciones periódicas y un horizonte de largo plazo.
Antes de invertir, hay que aprender a ordenar la propia economía

Entre los jóvenes, el reto es especialmente evidente: conocer acciones, fondos, criptomonedas u oro no implica dominar los conceptos básicos para gestionar las propias finanzas.Antes de invertir hay que aprender a gestionar ingresos, gastos, deudas y patrimonio. Quien todavía depende de sus padres para cubrir buena parte de sus gastos no tiene una percepción completa de su propia estructura económica ni del riesgo que puede asumir.

Ese aprendizaje resulta especialmente relevante entre los jóvenes. Felipe Herranz Martín, director del Máster en Riesgos Financieros y Auditoría del IEB, introduce una idea incómoda pero necesaria: no se puede empezar por la inversión sin haber aprendido antes a gestionar ingresos, gastos, deudas y patrimonio.  Un joven que tiene dinero para invertir mientras sus padres pagan su vivienda, alimentación, energía o comunicaciones no está afrontando todavía su verdadera estructura económica. Esa circunstancia también altera su percepción del riesgo.

“Mientras no se haga cargo de todos sus gastos, no está invirtiendo su dinero, sino el de sus padres. La prioridad debería ser construir primero una capacidad de generar ingresos recurrentes, principalmente a través del trabajo y la formación y, posteriormente combinar ahorro, inversión financiera y otras formas de construcción de patrimonio”, resalta Herranz.

Los jóvenes deben entender la diferencia entre activos y pasivos, distinguir ingresos y gastos, conocer el coste de la deuda y valorar si una inversión genera suficiente rentabilidad para compensarlo.
La vivienda puede ser una vía de construcción patrimonial, aunque implique endeudamiento; las inversiones financieras ofrecen otras posibilidades y riesgos. La clave es entender cómo encajan todas esas decisiones en la economía personal. Ahorrar es, en definitiva, lo que queda después de los ingresos y los gastos; invertir es decidir qué hacer con ese ahorro.

El dinero también necesita perspectiva de género

La educación financiera también tiene una dimensión de género. Las expertas consultadas coinciden en que no existe una menor capacidad financiera de las mujeres, sino diferencias de confianza, exposición y experiencia que todavía condicionan sus decisiones.

Beatriz Pérez Solana, gestora de carteras en Gescooperativo, sitúa una de las barreras en la confianza: durante años las finanzas se han percibido como un terreno técnico y masculino. “La educación financiera no es cuestión de talento innato. Es una habilidad que se puede adquirir y desarrollar”.

Gabriela Orille, CEO de myETF, destaca que la mayor disciplina y orientación al largo plazo que muestran, según distintos estudios, las inversoras puede ser una ventaja. Pero advierte de que delegar la gestión no debe implicar delegar el conocimiento: “Tienes que saber qué tienes, dónde está y cuánto te cuesta”.

Una mujer de cincuenta años que se divorcia o enviuda y descubre que no sabe qué hay en las cuentas, qué seguros tiene o dónde está el plan de pensiones. No es un caso raro. Es muy habitual. El problema no es que no tuviera dinero, es que no tenía información.

Leyre Celdrán, directora general de la Asociación Española de FinTech e InsurTech, reclama además empezar antes: “La educación financiera debe empezar en el colegio. ¿Qué usará antes un alumno de 3º de la ESO: una derivada o una hipoteca?”

Ana Elliott, Head of Strategy & Business Development de Prosegur Crypto, introduce otro matiz: ser prudente no significa no invertir. Una mayor aversión al riesgo puede favorecer decisiones meditadas, pero también convertirse en un freno a largo plazo. “No hace falta asumir grandes riesgos para empezar a invertir”.

Para Nuga Jiménez, Trader & Data Analyst en HAMCO Asset Management, la conversación debe empezar antes de tener patrimonio: “¿Qué quiero que mi dinero haga por mí?” La inversión debería estar vinculada al proyecto vital y no plantearse como un objetivo aislado. Las cinco perspectivas apuntan a una misma conclusión: la educación financiera no consiste solo en aprender a invertir, sino también en ganar autonomía y capacidad para tomar decisiones sobre el propio dinero. Como resume Orille, “el dinero no compra la libertad, compra opciones y, las opciones son la forma más concreta de libertad que existe.”

España ahorra menos, pero mira más hacia la IA

El Barómetro Europeo del Ahorro de Crédit Agricole, elaborado junto con Occurrence-Ifop en Francia, Alemania, Italia y España, sitúa a España en 52 puntos sobre 100 en su Índice de Vitalidad del Ahorro, frente a 53 de media en los cuatro mercados.

Los españoles ahorran además menos: una media de 506 euros al mes, frente a 617 euros en los otros mercados, y acumulan 51.560 euros de ahorro frente a 85.055 euros.

Sin embargo, aparece una paradoja: los españoles ahorran menos, pero muestran una mayor predisposición hacia la IA aplicada a la gestión del ahorro. El 33% confía plenamente tanto en las plataformas digitales como en la IA, frente al 30% de media en los cuatro países. 

Además, el 47% considera que el asesoramiento automatizado puede ayudarle a elegir y hacer seguimiento de sus ahorros siempre que comprenda cómo funciona, frente al 44% de media. La disposición a delegar determinadas decisiones en la IA también supera ligeramente la de los otros mercados.

La confianza sigue siendo determinante. Para los españoles, los principales factores son la solidez financiera y las garantías de la plataforma (34%), la transparencia de las comisiones (32%) y la información clara sobre ahorro e inversión (26%).

Y ahí vuelve a aparecer la educación financiera. La tecnología puede hacer más accesible la inversión, pero no sustituye el conocimiento necesario para decidir. El reto no es solo ahorrar más, sino entender cuándo invertir, qué riesgo se asume y qué herramientas pueden ayudar a hacerlo. El lema “Ahorra, Invierte, Avanza” puede resumirse así: ahorrar es el principio. Saber qué hacer con lo ahorrado es lo que marca la diferencia.