¿Creéis que este año es el de los emergentes?
No vamos a hacer pivotar nuestra estrategia sobre los mercados emergentes. Es cierto que, dentro de una estrategia global, siempre deben estar presentes en cartera, especialmente en un contexto en el que cerca del 60% del crecimiento mundial procede de estas economías. Además, el entorno actual no es negativo para ellos.
Estamos en un escenario en el que el crecimiento está acelerando, el dólar se mantiene relativamente débil y no existen presiones al alza sobre los tipos de interés. De hecho, en Estados Unidos el sesgo es ligeramente más favorable a posibles bajadas que a subidas, un contexto que históricamente suele ser positivo para los emergentes. No obstante, cada vez están más integrados en la economía global.
Por eso creemos que hay que fijarse en otros factores: en qué medida los sectores con mayor peso en los mercados emergentes como tecnología, industria o comercio y consumo van a comportarse bien, teniendo en cuenta además la idiosincrasia de cada país. Estas tres tendencias creemos que seguirán siendo relevantes este año. Así que sí, los emergentes están presentes en cartera, pero no son el eje sobre el que articulemos nuestra estrategia en estos momentos.
¿Y el de acciones con dividendos?
Creemos que hay sectores que tradicionalmente pagan buenos dividendos como el financiero, el defensivo o el lujo y que pueden comportarse bien en este entorno global. Se trata de compañías con capacidad para ofrecer una rentabilidad atractiva vía dividendo, aunque nuestra aproximación no se basa tanto en el dividendo en sí como en los sectores que representan.
Es cierto que, en un entorno de tipos bajos y con deuda pública y crédito corporativo ofreciendo de nuevo rentabilidades muy ajustadas en el mundo desarrollado, ese dividendo atractivo vuelve a captar la atención del mercado. Sin embargo, insistimos en que nuestra visión es más sectorial y vinculada al perfil de compañías de valor.
Además, cuando la tecnología se dispara, suele generarse un gap de valoración que resulta interesante. Creemos que este año veremos un movimiento continuo entre sectores más growth y más value como parte integral de la estrategia. En ese contexto, las compañías con dividendo pueden verse claramente beneficiadas.
¿Apostáis por un 2026 con rotaciones importantes en carteras?
Pensamos que va a ser un año en el que la gestión activa va a ser especialmente relevante. El sector tecnológico, impulsado por la inteligencia artificial y otras tendencias, seguirá concentrando gran parte del foco, tanto de los mercados como de los flujos de inversión.
En momentos de posible sobrevaloración o, por el contrario, de episodios de volatilidad con correcciones, veremos ajustes en la exposición a tecnología dentro de las carteras. Esa va a ser, en nuestra opinión, la tónica del año: ir rotando entre sectores de crecimiento y sectores de valoración en función de cómo evolucionen estas temáticas y los flujos asociados.
Por ello, sí, creemos que habrá bastante ajuste y que será un año claramente propicio para la gestión activa.
La llegada de Warsh a la FED, ¿puede condicionar el ritmo de los mercados?
Warsh aporta una visión equilibrada, con elementos tanto favorables como restrictivos. No es especialmente crítico con un entorno de tipos bajos, lo que podría alinearse con las expectativas del mercado y con lo que la Administración estadounidense viene reclamando: un escenario de tipos más reducidos.
Sin embargo, históricamente ha sido más estricto en el uso de otros instrumentos de política monetaria, como el balance de la Fed, la compra de bonos o el uso de la liquidez como herramienta. En ese sentido, su postura está bastante balanceada.
La Reserva Federal es, sin duda, un factor clave, pero creemos que, si mantiene una gestión ortodoxa, los datos actuales no justifican una política monetaria muy expansiva. Hoy por hoy, ni la financiación ni el acceso a los mercados son un problema, y el crecimiento es suficientemente robusto como para sostener una política de tipos neutral.
Por tanto, pensamos que el impacto será más en términos de volatilidad que de cambios de fondo. El ruido generado por posibles roces o por la comunicación de la Administración estadounidense puede generar incertidumbre, pero desde el punto de vista estrictamente monetario, los mercados ya tienen bastante asimilado que no hay razones para una bajada agresiva de tipos.
Por último, oro y plata, ¿hay que seguirlas teniendo en cartera?
El oro sigue siendo un claro elemento diversificador. Aunque recientemente ha entrado en una fase más especulativa y habrá que convivir con ello, en su base continúa siendo una reserva de valor. En entornos de dólar débil y de caída de los tipos estadounidenses, el oro suele desempeñar un papel relevante dentro de las carteras.
La plata es diferente. Tiene un componente industrial mucho más marcado y, en nuestra opinión, los movimientos recientes responden en mayor medida a factores especulativos. Ese componente especulativo también se ha visto en el oro, pero en menor grado.
Por eso diferenciamos claramente entre ambos. Creemos que el oro sí debe seguir teniendo cabida en cartera, especialmente para perfiles más conservadores, una vez que el mercado se estabilice. La plata, en cambio, queda fuera de nuestra estrategia de inversión: su mayor exposición a la especulación y su naturaleza de metal industrial le confieren unas características muy distintas.