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En el entorno actual lleno de incertidumbre hay argumentos sólidos para mantener exposición a Estados Unidos. La resiliencia de la economía, un ciclo inversor de una intensidad poco habitual en las últimas décadas y el impulso de la inteligencia artificial continúan sosteniendo el crecimiento y los beneficios empresariales. 

Sin embargo, este liderazgo convive con valoraciones exigentes, una elevada concentración del mercado y un peso creciente de Estados Unidos en los principales índices globales, que ya supone entre el 65% y el 75% de la renta variable mundial. Por ello, desde Fidelity International, Ana Carrisso, Sales Manager comenta que “más que aumentar exposición de forma indiscriminada, parece razonable mantenerla, seguir de cerca la capacidad de la inteligencia artificial para trasladarse a productividad y beneficios, y no perder de vista otras regiones con potencial, como Japón o los mercados emergentes”.

En las carteras también debe seguir ocupando un lugar relevante. De hecho, Francisco Quintana, director de Estrategia de Inversión de ING España advierte de que salir del mercado americano “supone asumir un riesgo elevado, ya que gran parte del cambio estructural ligado a la IA y al crecimiento de los beneficios empresariales se está capturando allí”. Aunque, también defiende gestionar los riesgos de concentración y valoración ajustando la exposición hacia niveles neutrales y buscando oportunidades en otras geografías, especialmente en mercados emergentes, donde también hay compañías clave dentro de la cadena tecnológica global y con valoraciones más atractivas. Mientras que Rafael López de Novales, director de Análisis de ABANCA Inversiones, subraya que EEUU no debe entenderse como una apuesta táctica, sino como una posición estructural dentro de una cartera global, por el dinamismo, la estabilidad y el entorno favorable a la actividad empresarial que históricamente ha caracterizado a su economía”.

Riesgos latentes, ¿concentración extrema?

El principal riesgo para la renta variable estadounidense no parece estar, al menos a corto plazo, en la macroeconomía. De hecho los expertos no ven señales claras de recesión ni una amenaza inmediata por tipos de interés, y siguen reconociendo la fortaleza del mercado americano. Sin embargo, sí que advierten de un riesgo cada vez más evidente: la elevada concentración de las carteras y de los índices en un reducido grupo de compañías vinculadas a la IA.

Fuente: Morningstar.com

En este sentido, Rafaél López de Novales de ABANCA Inversiones reconoce cierta incomodidad con los niveles actuales de concentración. Aunque la corriente de mercado sigue siendo muy favorable y puede prolongarse durante varios trimestres, defiende la necesidad de mantener disciplina y evitar que las carteras dependan en exceso de unos pocos valores o de una única temática. En su opinión, la revolución de la inteligencia artificial no se limita a las grandes tecnológicas, sino que también abre oportunidades en sectores y compañías menos sobrevalorados, como energía, materias primas, metales, infraestructuras o almacenamiento de datos”.

Por su parte, Francisco Quintana de ING España también comparte esta visión. A su juicio, el entusiasmo por la inteligencia artificial y el miedo a quedarse fuera o FOMO, han sido capaces de compensar incluso factores de tensión como la guerra, la subida de la energía o el repunte de los tipos. Pero ese mismo entusiasmo genera vértigo: “un trimestre de resultados decepcionantes en las grandes tecnológicas podría bastar para provocar una corrección significativa”. Por eso, considera clave controlar la concentración y construir las carteras sobre una base diversificada, dejando las estrategias más concentradas como complemento para quienes quieran asumir una exposición adicional y sean conscientes del riesgo.

FF2 Focused Stock Fund: Gestión del riesgo

Ahora bien, la concentración no tiene por qué implicar necesariamente asumir más riesgo, siempre que responda a una construcción de cartera basada en convicción y no simplemente en reducir el número de posiciones. Y en este sentido, Ana Carriso de Fidelity International explica que, en el caso del FF2 Focused Stock Fund, el objetivo es “asignar un peso relevante a aquellas compañías en las que existe mayor confianza por su calidad y por su capacidad de crecimiento de beneficios”. Para ello, comenta que la gestión debe ser dinámica, revisando constantemente las tesis de inversión, ajustando pesos y evitando dar por hecho que los actuales ganadores seguirán siéndolo indefinidamente.

Fuente: Fidelity International

Desde este enfoque, una estrategia concentrada no sustituye a una exposición core a Estados Unidos, especialmente si esta se obtiene a través de fondos indexados o ETF, sino que la complementa. La gestión pasiva permite capturar el comportamiento general del mercado americano, mientras que una cartera de alta convicción busca aportar alfa mediante una selección más activa de compañías.

El reto, en este contexto, también está en gestionar las expectativas del inversor. Y Francisco Quintana señala que “hoy no resulta difícil convencer a los clientes de mantener exposición a Estados Unidos; más bien ocurre lo contrario”. Tras varios años de fuertes rentabilidades y con la inteligencia artificial como gran argumento de mercado, el riesgo está en que el inversor quiera aumentar demasiado su exposición atraído por la rentabilidad reciente. Por eso, la labor del gestor pasa por aportar una visión global, evitar decisiones impulsivas y recordar que participar en la economía mundial exige estar en Estados Unidos, pero no necesariamente concentrar toda la cartera en ese mercado.

Estar en EEUU, pero con disciplina y siendo selectivos

El mensaje final es claro: la renta variable estadounidense debe formar parte de una cartera global, pero siempre dentro de una estrategia diversificada y coherente con el perfil de riesgo de cada inversor. Francisco Quintana, director de Estrategia de Inversión de ING España, recuerda que la construcción de una cartera no debe depender únicamente del momento de mercado, sino de factores como la edad, los objetivos personales, la capacidad de ahorro o la tolerancia a las caídas. A partir de esa base diversificada, el inversor puede incorporar sus convicciones (Estados Unidos, tecnología, mercados emergentes o salud), pero entendiendo que esas apuestas son el complemento, no el núcleo de la cartera.

Por su parte, Rafael López de Novales, director de Análisis de ABANCA Inversiones coincide en que los argumentos estructurales para invertir en Estados Unidos siguen siendo sólidos: “una economía resistente, compañías disciplinadas en la asignación de capital, capacidad para trasladar inflación a precios, políticas favorables al negocio y una Reserva Federal que no debería actuar de forma excesivamente agresiva”. Sin embargo, advierte de que el principal riesgo sigue estando en la concentración y en determinados sectores que pueden haber recogido ya muchas expectativas en precio. Por eso, defiende una visión de medio y largo plazo, con mayor selectividad y cierta prudencia en las áreas más tensionadas por valoración.

Y, por último, Ana Carriso, Sales Manager de Fidelity International termina resumiendo la idea central: tiene sentido estar expuesto a Estados Unidos, pero gestionando las expectativas, porque las rentabilidades futuras podrían ser más moderadas tras años muy positivos. Se trata de invertir en el mayor mercado del mundo, líquido y profundo, pero hacerlo con un enfoque equilibrado, selectivo y de largo plazo”

En definitiva, no se trata de salir de Estados Unidos, sino de estar invertido con criterio, evitando excesos y combinando exposición estructural con una adecuada diversificación global.

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