En el actual entorno de tipos de interés y elevada incertidumbre macroeconómica, ¿qué papel están jugando los fondos mixtos en la cartera de un inversor y cómo estáis ajustando la exposición a renta fija y renta variable?

En los últimos dos o tres años el entorno ha cambiado de forma muy significativa respecto a los 15 o 20 años anteriores. A nivel geopolítico, hemos pasado de un mundo marcado por la globalización y el libre comercio a un escenario más multipolar, en el que distintas potencias compiten por intereses divergentes. Esta nueva realidad está generando una mayor volatilidad en los mercados.

Además, nos encontramos en un contexto de tipos de interés estructuralmente más altos de lo que estábamos acostumbrados. Incluso tras el reciente ciclo de bajadas tanto en Europa como en Estados Unidos, los tipos se han estabilizado en niveles superiores a los del pasado.

Todo ello ha transformado el entorno de gestión de los fondos y, en este contexto, los fondos mixtos vuelven a cobrar un papel protagonista. Su gran ventaja es la flexibilidad: ofrecen una elevada capacidad de diversificación y múltiples palancas de gestión que permiten adaptarse mejor a escenarios cambiantes y complejos como el actual.

En nuestro caso concreto, en los últimos meses hemos incrementado la exposición a activos de riesgo. Hemos aumentado el peso en renta variable, tanto europea como estadounidense, y también en renta fija corporativa y bonos de alto rendimiento. Consideramos que los tipos de interés se han situado cerca de niveles neutrales, la inflación se ha moderado y se mantiene estable, y el crecimiento económico sigue siendo sólido y cercano a su potencial tanto en Europa como en Estados Unidos. Los datos macroeconómicos continúan siendo positivos y las empresas siguen presentando buenos resultados; de hecho, en Estados Unidos esperamos un crecimiento de beneficios cercano al 15% este año.

Asimismo, hemos incrementado la exposición a materias primas en los últimos dos años, especialmente al oro, ya que están funcionando bien como elemento diversificador dentro de las carteras.

Desde tu experiencia como gestor, ¿qué errores ves más habitualmente en los inversores cuando atraviesan periodos de volatilidad y cómo puede un fondo mixto ayudar a mitigarlos?

El error más habitual entre los inversores particulares es el llamado efecto rebaño. Es muy común dejarse llevar por las noticias más recientes, lo que provoca que, tanto en fases de fuertes subidas como de caídas pronunciadas, se genere un efecto bola de nieve que acaba arrastrando al inversor a tomar decisiones emocionales.

Los fondos mixtos ayudan a mitigar este comportamiento porque la gestión recae en un equipo profesional con un horizonte de inversión más largo. Esto permite evitar el cortoplacismo y el exceso de ruido que, en determinados momentos, domina al mercado.

Como gestores, podemos actuar con mayor serenidad en situaciones extremas, ya sea de caídas o de euforia, y ajustar la cartera de forma menos impulsiva. Esta forma de gestión aporta tranquilidad al inversor, siempre que el fondo esté bien alineado con su perfil de riesgo y su horizonte temporal, que es el verdadero factor clave.

¿Qué indicadores o señales clave tenéis en cuenta para cambiar el posicionamiento del fondo?

Nuestro enfoque es fundamentalmente top down. Partimos del análisis del entorno macroeconómico y, a partir de indicadores monetarios, económicos y fundamentales de las compañías, construimos una cartera robusta pensada para un ciclo de inversión completo, que suele durar entre tres y cinco años.

Tratamos de evitar uno de los errores más comunes del mercado: operar en exceso y realizar cambios constantes que, muchas veces, acaban llegando tarde. En los fondos mixtos, la clave es la estabilidad. Ajustamos las distintas palancas de la cartera cuando el entorno cambia, pero siempre dentro de una estructura sólida y coherente.

No hacer movimientos innecesarios en momentos de alta volatilidad suele ser, en nuestra experiencia, una de las mejores formas de gestionar este tipo de escenarios.

Mirando a medio y largo plazo, ¿qué tipo de inversor es el que más puede beneficiarse hoy de un fondo mixto y qué expectativas de rentabilidad y riesgo debería tener de forma realista?

Cualquier inversor con un horizonte temporal superior a dos o tres años puede beneficiarse de los fondos mixtos. Dentro de esta categoría existen distintos perfiles de riesgo que permiten adaptarse tanto a la tolerancia al riesgo como al plazo de inversión de cada cliente.

La clave está en alinear las expectativas del inversor con las del fondo: entender cuál es el retorno esperado y asumir que ese retorno está ligado a un determinado nivel de riesgo y a un horizonte temporal concreto. La comunicación entre el gestor, el asesor o banquero y el cliente es fundamental para que esta relación funcione.

Es cierto que el entorno actual ofrece un mayor potencial de rentabilidad para los fondos mixtos, debido a unos tipos de interés más elevados y a un crecimiento económico todavía sólido.

Además, la percepción de estos productos ha cambiado en los últimos años. Antes se asociaban a un inversor más técnico o sofisticado, mientras que la renta fija era la opción más habitual, especialmente en España. Sin embargo, hemos vivido periodos en los que la renta fija ha tenido un comportamiento muy negativo, mientras que los fondos mixtos, gracias a su diversificación y flexibilidad, han logrado mejores retornos con menor volatilidad.

En definitiva, cuando el inversor ajusta correctamente su horizonte temporal y su capacidad de asumir riesgos al perfil del fondo, la combinación suele ser ganadora y funciona de forma consistente a largo plazo.