El comienzo del mes de marzo llegó con mucha incertidumbre provocada por el conflicto geopolítico en Irán, lo que se tradujo en cierta intranquilidad para muchos operadores que no sabían cómo podía afectar a su dinero. Ahora, y con esta inestabilidad de por medio, el inversor quiere saber cómo puede refugiarse y qué activos son los que saldrán ganando en todo esto. En este sentido, los expertos hablan de una buena diversificación, donde el high yield europeo tiene cabida sin lugar a dudas por diferentes motivos.
Aunque es cierto que es un mercado que ofrece tantas dudas como oportunidades, y, por lo tanto, merece vigilancia, con una visión a largo plazo no deben faltar en cartera; y además, hay que aprovechar que los fundamentales están bien y el apetito existe.
¿Merece la pena el riesgo?
El high yield europeo atraviesa un momento de contrastes técnicos. Por un lado, los spreads están en niveles históricamente bajos, con un mercado que ya ha descontado gran parte de las buenas noticias. Pero por el otro, tras años de tipos de interés a cero, el carry actual se ha vuelto a situar en el rango del 3,5% al 4%, ofreciendo un flujo de caja real que no se veía en años.
En este sentido, Jorge Díaz, Director de Ventas Senior para España y Portugal de Eurizon destaca que, a pesar de los diferenciales estrechos, el optimismo está respaldado por los datos: "Los fundamentales son muy buenos. Las tasas de default (impago) en Europa rondan el 3%, una cifra muy baja. Además, el mercado tiene una alta capacidad para absorber el Maturity Wall (vencimientos de deuda) previsto para este año".

Además, el análisis macroeconómico no es ajeno a la tensión bélica que se vive en Oriente Medio, y con una previsión de crecimiento europeo de entre el 1,1% y el 1,2%, el enfoque se desplaza hacia sectores que se beneficiarán del nuevo paradigma geopolítico. De hecho, Jorge Díaz señala que el "rearme" europeo, liderado por Alemania, será un motor de crecimiento para los sectores de defensa, infraestructuras e industria en la próxima década. No obstante, también habla de que existe un riesgo latente: el mark-to-market (valoración a precio de mercado). “Si las bolsas corrigen entre un 10% y un 15%, los diferenciales de crédito se ampliarán, provocando volatilidad a corto plazo en las carteras”.
Ahora bien, la gestión del riesgo varía según la entidad. Desde Santander Private Banking, su Global Fund Selection, Alberto García Fuentes, propone una visión contenida, con un high yield que esté en la cartera como una pieza satélite o táctica. Aquí propone una búsqueda de calidad crediticia, centrada especialmente en emisiones con calificación BB y mantener posiciones de medio/largo plazo para capturar la rentabilidad del activo, pero sin incrementar la exposición en el contexto actual de incertidumbre bélica.
Mientras que para Féliz López, Socio Director de ATL Capital, la clave reside en ignorar el ruido de mercados y centrarse en la estructura de la cartera. Y aunque reconoce que los diferenciales actuales dejan poco margen para mayores ganancias de capital, defiende que el high yield es, históricamente, uno de los mejores activos de renta fija a largo plazo. "Nuestro posicionamiento ahora mismo es cauto. Seguimos invertidos en la parte de mejor rating; no estamos apostando por nombres agresivos. Creemos que hoy hay que primar la calidad sobre la rentabilidad".
¿Cómo y qué seleccionar? Sectores y geografía
Una de las mayores preocupaciones de los inversores es cómo afectará el coste de la deuda a los balances corporativos, pero Jorge Díaz de Eurizon es optimista aquí porque, por un lado, muchas compañías están ejecutando sus opciones de amortización anticipada para emitir nueva deuda aprovechando que los diferenciales actuales son mínimos; y por otro lado, los balances corporativos actúan como garantía y la duración media del benchmark de high yield es corta (aproximadamente 3 años), facilitando esta rotación: "Es un momento óptimo para refinanciarse debido a los buenos resultados que están presentando las empresas".
También preocupa el conflicto en Irán y la sombra de una crisis energética. De hecho, Félix López de ATL Capital reconoce que, aunque no es su escenario base, una crisis prolongada golpearía directamente a las compañías intensivas en consumo energético o excesivamente apalancadas: "El mercado ya está poniendo precio a esta incertidumbre; los diferenciales de crédito han abandonado los mínimos históricos ante el temor a un impacto en los costes de producción".
Y, ¿dónde están las líneas rojas? Alberto García Fuentes de Santander Private Banking, señala que no es una ciencia exacta, sino un equilibrio entre el pasado y el futuro donde tienen en cuenta:
- Análisis Cuantitativo: Mirar por el "retrovisor" para evaluar diferentes métricas como rentabilidades históricas ajustadas por riesgo entre otras.
- Análisis Cualitativo: "Rascar" en la composición de la cartera. La línea roja se dibuja en la exposición a los niveles más bajos de calidad crediticia (CCC o B simple).
- Foco en calidad: al ir a las mejores calidades crediticias preferimos en relativo rating más altos donde se encuentran los BB y atentos a las emisiones con variación de calidad crediticia como Fallen Angels (emisiones que provienen de grado de inversión) y Rising Stars (emisiones de alto rendimiento que pasan a grado de inversión).
Ahora bien, en el entorno actual de tipos elevados y tensiones geopolíticas, los expertos dividen el mercados de high yield europeo en tres bloques estratégicos para las oportunidades:
- Los ganadores, con defensa e infraestructuras a la cabeza y siendo la apuesta estrella por el proceso de rearme en Europa; les sigue el sector bancario con beneficios récords; y por último el industrial, que se beneficia de las políticas de autonomía estratégica de la UE.
- El refugio, donde estarían las utilities para reducir la volatilidad.
- Y puntos de cuidado, con energía y tecnología cogidas con pinzas debido al riesgo de una crisis energética.
Al final, por debajo de la calificación BB-, el sector deja de importar y lo que cuenta es la salud individual de cada empresa (análisis bottom-up). Un solo error en la selección de una compañía puede arruinar la rentabilidad de toda la cartera.
Visión a futuro
Las dudas suelen vivir con el inversor, y en estos momentos lo que más se teme es una corrección fuerte del mercado, pero ¿está preparado el high yield para afrontarlo?
Si eso ocurriese, lo principal es no perder la calma y tomar la volatilidad como un recalibrador de carteras, evitando las ventas de pánico. De hecho, Jorge Díaz sugiere ignorar el ruido del día a día y centrarse en el Yield to Maturity. Si el cupón es bueno y la empresa es solvente, la estrategia es “aguantar el tirón”.
Por su parte, Alberto García Fuentes recuerda que este es un activo de medio/largo plazo. Si las valoraciones caen pero los fundamentales siguen sanos, la mejor defensa es la tranquilidad.
Y Félix López se remonta a años atrás poniendo de ejemplo las crisis de 2022 o el colapso de Credit Suisse: “Siempre han sido buenos momentos de compra”. Si los diferenciales se amplían rápido, el mercado está ofreciendo una prima de riesgo excesiva que el inversor astuto debe aprovechar.
Al final hay que tener en cuenta que el high yield para este 2026 se define por la primacía del cupón como fuente de ingresos estables y una apuesta decidida por la calidad (BB) frente al riesgo excesivo. Con los fundamentales corporativos sólidos y el “muro de vencimientos” bajo control, la estrategia ganadora pasa por refugiarse en sectores impulsados por el gasto público como defensa e infraestructuras y el sector bancario. En definitiva, el inversor no debe hacer caso al ruido a corto plazo y ver las posibles correcciones como ventanas de oportunidad: si la rentabilidad sube al 6%, la volatilidad deja de ser una amenaza para convertirse en el momento ideal de entrada para quienes buscan valor a largo plazo.
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