Después de años en los que muchos inversores han optado por monetarios o renta fija de corto plazo, ¿crees que ha llegado el momento de volver a dar protagonismo a los fondos mixtos en cartera? ¿Qué les aporta hoy al inversor que no encuentre en productos más conservadores?
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Desde mi punto de vista, el fondo de inversión mixto es el mejor producto o solución para el 80% o 90% de los inversores. Si lo comparamos con sus dos grandes competidores históricos, el producto de renta fija tradicional y el monetario, la gran ventaja del fondo mixto es que se gestiona de manera global, como si fuera la totalidad de tu patrimonio.
Dentro del propio fondo mixto se ejecuta la labor que considero más compleja dentro del universo de la gestión patrimonial: decidir qué porcentaje asignar a cada uno de los diferentes activos. El inversor ya no tiene que preocuparse por cuánto destinar a activos monetarios, a bonos soberanos, a crédito, a renta variable o a commodities; los gestores realizamos esa labor de selección, que es la más difícil, y nos vamos adaptando a las circunstancias del mercado. Esto representa una ventaja sustancial frente a un fondo de renta fija a corto plazo.
Por otro lado, si lo comparamos con el modelo de carteras gestionadas que se ha comercializado tanto últimamente, los fondos de inversión aportan, en primer lugar, una mayor accesibilidad a una variedad más amplia de subyacentes, permitiendo invertir en ETFs, fondos, derivados y bonos. Esta flexibilidad resulta ser una herramienta muy potente.
En segundo lugar, ofrecen una agilidad de la que carecen las carteras a la hora de implementar cambios de estrategia de forma rápida. Por ejemplo, ante un evento geopolítico como las tensiones entre Irán y Estados Unidos, los fondos mixtos nos permiten reaccionar e implementar decisiones adaptadas en el mismo día. Los productos basados en carteras son más inflexibles a la hora de ejecutar estos cambios. Por todo ello, los fondos mixtos constituyen una gran solución que seguirá estando muy presente en el futuro.
En un entorno en el que los bancos centrales siguen muy pendientes de la inflación y los tipos podrían permanecer altos durante más tiempo, ¿cómo están gestionando la duración en los fondos mixtos? ¿Dónde veis más valor: tramos cortos, deuda pública, crédito investment grade o estrategias más flexibles?
Considero que el entorno actual de tipos de interés es, en realidad, el mejor escenario posible para los gestores de fondos mixtos. Personalmente, prefiero invertir cuando los tipos se sitúan en el 2% o 3% que enfrentarme a la situación que vivimos, por ejemplo, entre 2014 y 2022, cuando estaban al 0%. Esto es especialmente relevante para los perfiles conservadores o equilibrados, donde la renta fija desempeña un papel fundamental. Contar con bonos y tener ya una parte de la cartera invertida con rendimientos del 3% o 4% aporta un colchón enorme para generar rentabilidades futuras.Este entorno de tipos me resulta muy atractivo.
Si analizamos dónde encontramos mayor valor hoy en día, seguimos apostando tanto por la renta fija americana como por la europea. Por lo general, mantenemos una posición más destacada en el segmento de high yield, bonos de alto rendimiento, ya que consideramos que ofrece el mejor binomio entre rentabilidad y riesgo. No obstante, también invertimos en crédito investment grade y en deuda gubernamental. Cada activo tiene sus ventajas e inconvenientes, por lo que buscamos un equilibrio óptimo dentro de las carteras.
Actualmente estamos muy diversificados en estas tres grandes ramas de la renta fija. Detectamos un atractivo especial en el tramo de medio plazo debido a los últimos movimientos del mercado, donde la curva de tipos se ha ido aplanando de forma progresiva. Esto implica que los plazos cortos y medios han mostrado un peor comportamiento relativo, abriendo una ventana de oportunidad en la parte media de la curva, tanto en Estados Unidos como en Europa. De hecho, hemos tomado posiciones en este segmento para beneficiarnos de un potencial movimiento a la baja en los tipos de interés.
La renta variable ha seguido ofreciendo oportunidades, pero también con valoraciones exigentes en algunas zonas del mercado. ¿Cómo decide hoy un gestor mixto cuánto riesgo de bolsa asumir y en qué regiones o sectores merece la pena estar más expuesto?
Para nosotros, la renta variable en los fondos mixtos actúa como una palanca adicional de rentabilidad. Al analizarla, no nos limitamos a evaluar si está barata o cara, o cómo se ha comportado en los meses precedentes; lo que valoramos es su atractivo relativo frente al resto de activos en los que podemos tomar posiciones.
Desde mi perspectiva, es un error grave estar infraponderado o underweight en renta variable, o no tener una exposición correctamente alineada con el perfil de riesgo del cliente. A medio plazo, se ha consolidado como el activo idóneo para protegerse contra la inflación y el que mejores retornos ofrece. Lo fundamental es que esté presente en la medida justa según el perfil de riesgo de cada partícipe, de modo que cuando se produzcan movimientos de volatilidad, que inevitablemente ocurrirán, el inversor comprenda la situación y mantenga la tranquilidad.
En cuanto a preferencias geográficas, sigo siendo un firme defensor de Estados Unidos para el medio y largo plazo. El mercado estadounidense cuenta con ventajas competitivas muy difíciles de replicar por el resto del mundo: posee la mano de obra más cualificada, las mejores universidades, las empresas líderes y el mercado de capitales más desarrollado a nivel global. Competir contra eso es sumamente complejo. A fin de cuentas, el comportamiento de las bolsas sigue la evolución de los beneficios empresariales, y las compañías estadounidenses registran históricamente resultados por encima de la media.
Aunque puntualmente existan periodos en los que Europa o los mercados emergentes muestren un mejor desempeño, considero que Estados Unidos es el ganador estructural en el largo plazo. Por extensión, el sector tecnológico es un área donde se debe mantener una presencia estratégica. Es cierto que realizamos ajustes tácticos a corto plazo, como ahora, que tras las fuertes subidas de la tecnología conviene adoptar decisiones más cautas, pero la tesis estructural a largo plazo favorece claramente a Estados Unidos.
El crédito corporativo ha vuelto a ser una fuente importante de rentabilidad para muchas carteras. ¿Hasta qué punto sigue compensando asumir riesgo de crédito en este momento y qué señales vigilan para saber cuándo reducir exposición?
Es indudable que ha habido mucho ruido reciente en torno al riesgo de crédito, especialmente en el ámbito del crédito privado. En nuestro caso, invertimos principalmente en crédito cotizado. Las dinámicas de ambos mercados son muy diferentes; de hecho, el fuerte crecimiento del crédito privado ha beneficiado al crédito cotizado, ya que ha filtrado el mercado y ha provocado que la calidad de las emisiones que cotizan sea superior.
Para gestionar este segmento, optamos decididamente por fondos de gestión activa. A diferencia de lo que ocurre en otras clases de activos, en la renta fija de crédito la gestión activa permite generar alfa frente a los índices o ETFs. Por ello, delegamos en gestoras y firmas específicas que demuestran la capacidad crítica de seleccionar, dentro del universo de bonos disponible, cuáles ofrecen valor y cuáles es preferible evitar.
En vuestras carteras habéis mencionado activos como el oro como elemento de diversificación. Con tensiones geopolíticas, inflación todavía presente y mercados sensibles a los bancos centrales, ¿qué papel deben jugar hoy los activos refugio o alternativos dentro de un fondo mixto?
Llevamos un mínimo de tres años invertidos en oro y commodities. En los últimos doce o quince meses hemos visto cómo estos activos han regresado al primer plano, inicialmente el oro y, más recientemente, las materias primas. Mantenemos nuestra confianza en ellos.
La historia reciente vuelve a confirmar que, ante el repunte de las tensiones geopolíticas y la preocupación global, el inversor recurre al oro como activo refugio, tal como se evidenció el año pasado. Sin embargo, también es innegable que se está transformando en un activo con un fuerte componente especulativo y una volatilidad elevada en los últimos meses. Esto nos obliga a realizar un seguimiento mucho más cercano, manteniendo la capacidad de aplicar coberturas y gestionar la posición de una manera mucho más activa y dinámica. Con todo, el oro y las materias primas han ganado un peso estructural en las carteras de los inversores y son activos que se deben tomar muy en serio.