Añadir Estrategias de Inversión en Google
Las dudas que suscita el sector de la tecnología es un tema recurrente. ¿Están caras las valoraciones? ¿Son sostenibles las previsiones de crecimiento? ¿Cómo lo veis desde Self Bank?
(Victoria Torre) Es cierto que el año pasado se habló mucho de si estaban justificados los niveles a los que cotizaban algunas compañías y de si podíamos estar ante la siguiente burbuja. Sin embargo, en el cuarto trimestre del año pasado y en el primero de este hemos visto una relajación de las valoraciones. Si tuviéramos que resumirlo en un titular, diríamos que en estos momentos no observamos una exuberancia irracional en las valoraciones. La revalorización registrada en los últimos meses, en muchos casos, ha estado respaldada por revisiones al alza de las previsiones de resultados, no solo para este año, sino también para los dos próximos ejercicios. Esto ha permitido abaratar el PER del conjunto del sector tecnológico. Además, hay un aspecto sobre el que conviene reflexionar. Las valoraciones actuales descuentan un crecimiento similar al del Producto Interior Bruto mundial. Sin embargo, esto resulta llamativo porque parece evidente que algunas compañías tecnológicas seguirán perteneciendo a uno de los sectores con mayor capacidad de expansión, incluso a costa de otros que crecerán menos.
Por tanto, si nos preguntamos si el precio de las tecnológicas ya descuenta esas buenas perspectivas, la respuesta sería que sí y que no. Parece que el mercado sí está incorporando los beneficios derivados de las inversiones realizadas en inteligencia artificial durante estos años, pero quizá todavía no esté descontando que ese superciclo de crecimiento pueda prolongarse en el futuro. La clave estará en comprobar si las compañías son capaces de monetizar las enormes inversiones que están realizando. La demanda de capacidad de computación, por ejemplo, seguirá expandiéndose por encima de la oferta, lo que llevará a las grandes tecnológicas a continuar destinando importantes recursos a sus planes de inversión. Por ello, pensamos que la tendencia puede mantenerse y que, en el momento actual, no vemos una sobrevaloración del sector. Eso sí, siempre insistimos en la importancia de distinguir entre compañías y también entre subsectores. No todo está igual de caro y es necesario realizar un análisis más profundo; no se puede generalizar.
¿Dónde veis oportunidades dentro del sector?
(Victoria Torre) En general, mantenemos una visión positiva sobre el sector tecnológico, aunque también nos gusta ese sesgo hacia la tecnología vinculada a los mercados emergentes. Además, como comentabas, hay muchas formas de aproximarse a este sector y no tenemos por qué limitarnos únicamente a la inteligencia artificial. Podemos hablar de tecnología a través de subsectores directamente involucrados en su desarrollo, como la construcción de centros de datos, los semiconductores, las infraestructuras o la electrificación. Se espera que los ingresos agregados relacionados con la inteligencia artificial se dupliquen este año y que aumenten más de un 40% el próximo. Este impulso vendrá, sobre todo, del desarrollo y uso de los centros de datos. Más adelante podremos empezar a hablar de otros ámbitos, como los agentes de IA, pero, de momento, no vemos ese agotamiento al que algunos analistas están apuntando. Si ponemos el foco en Asia emergente, las valoraciones son más ajustadas y encontramos compañías con modelos tecnológicos muy difíciles de replicar. Por tanto, esos serían algunos de los segmentos en los que actualmente vemos mayores oportunidades.
El Global Technology Fidelity Fund invierte de forma global en tecnología. ¿Qué ventajas tiene invertir de forma más global? ¿No se corre el riesgo de que, en un momento dado, pueda quedar “rezagado” frente a un fondo más concentrado, que se centre, por ejemplo, en IA o en robótica?
(Silvia Merino) Desde Fidelity creemos que las ventajas de invertir en tecnología de forma global son muchas. Pero, antes de entrar en esta cuestión, conviene poner el contexto sobre la mesa. Estamos en un momento en el que la inteligencia artificial acapara toda la conversación y se ha convertido en la gran protagonista. No cabe duda de que probablemente sea la mayor revolución tecnológica desde internet y, precisamente por eso, creemos que nos encontramos en un punto crítico del mercado en el que no conviene invertir únicamente en una pieza del puzle. Apostar por todo el ecosistema tecnológico es lo que, en nuestra opinión, aporta mayor valor al inversor. Nuestra visión puede resumirse en una idea: la inteligencia artificial no es un sector, sino una fuerza que atraviesa múltiples sectores. Entendemos la tecnología como un elemento transversal, capaz de transformar todas las industrias y aplicable a prácticamente cualquier actividad económica. En términos generales, proporciona a las empresas las herramientas necesarias para competir y mantener la competitividad. Lejos de ser un sector aislado, la tecnología constituye la infraestructura sobre la que compiten todas las compañías. Por eso, nuestro enfoque es más amplio. Creemos que invertir en una temática muy concreta, como la robótica o la inteligencia artificial, permite capturar una parte muy importante del crecimiento, pero también implica el riesgo de quedar excesivamente expuesto a una única narrativa, con la dependencia que ello supone de la evolución del ciclo de mercado.
La principal ventaja de un fondo global como el Fidelity Global Technology Fund es que nos permite invertir en toda la cadena de valor: semiconductores, software, internet, infraestructura digital, centros de datos o ciberseguridad. De esta forma, el inversor no tiene que elegir entre apostar o no por la inteligencia artificial. Podemos invertir tanto en los ganadores directos de esta tecnología como en aquellas compañías que la monetizarán, la integrarán en sus procesos o se beneficiarán de ella de una forma menos evidente. Este punto cobra especial importancia porque el mercado está entrando en una nueva fase. En los últimos años la gran pregunta era qué compañías estaban expuestas a la inteligencia artificial. Ahora, la cuestión es mucho más exigente: qué empresas van a ser capaces de generar beneficios reales gracias a ella. El paradigma ha cambiado.
Es cierto que existen fondos especializados en inteligencia artificial, muy concentrados, que pueden capturar ese crecimiento de forma más exponencial. Sin embargo, también pueden verse más afectados si cambia el liderazgo del mercado. En Fidelity Global Technology Fund no queremos depender de un único subsector. Nuestro objetivo es identificar aquellas compañías capaces de generar valor de forma sostenible a lo largo del tiempo, independientemente del ciclo de mercado o del ciclo tecnológico.
Es importante tener en cuenta que, en tecnología, no siempre gana quien llega primero, sino quien consigue transformar la innovación en beneficios sostenibles. Esa es la base de nuestra filosofía de inversión. Por eso creemos que una estrategia global constituye una forma más robusta y sólida de invertir en tecnología. Fidelity Global Technology Fund permite participar en las grandes tendencias estructurales —como la inteligencia artificial, la robótica y otras— desde un enfoque flexible, con una gestión muy selectiva entre regiones, subsectores y modelos de negocio. En definitiva, ofrece una cartera global, bien diversificada y gestionada activamente, un aspecto que consideramos clave.
¿Cómo buscáis oportunidades y cómo está posicionado el fondo en la actualidad?
En el Fidelity Global Technology Fund, la identificación de oportunidades se basa en el análisis de fundamentales. Para ello nos apoyamos en nuestra red de analistas, que constituye una pieza clave de nuestro proceso de inversión. Contamos con 31 analistas especializados en tecnología, repartidos por todo el mundo, con una fuerte presencia local que nos proporciona una amplitud y una profundidad de mercado diferenciales.
Nuestro equipo analiza una a una las compañías del sector, manteniendo un contacto constante con los equipos directivos y evaluando aspectos como sus ventajas competitivas, las barreras de entrada de sus negocios, su capacidad de reinversión o la sostenibilidad de sus beneficios. En definitiva, nuestro proceso se fundamenta en la capacidad de análisis. Pero hay un elemento adicional que también consideramos diferencial en nuestra filosofía de inversión en tecnología. No solo buscamos grandes compañías, sino aquellas cuyo potencial todavía no está plenamente reconocido por el mercado. Por eso concedemos una gran importancia a las valoraciones. Combinamos el análisis del crecimiento con una disciplina muy rigurosa a la hora de valorar las compañías en las que invertimos, algo que consideramos especialmente relevante en el momento actual del mercado. Nos encontramos en una fase especialmente interesante. La inteligencia artificial sigue siendo una de las mayores fuerzas de crecimiento del mercado, pero la conversación está cambiando. Al principio todo giraba en torno a la adopción: cuántas compañías utilizaban la inteligencia artificial, cuánto invertían en ella o qué capacidad necesitaban. Ahora el mercado empieza a exigir algo más: capacidad de monetización, rentabilidad y retorno sobre la inversión. En este contexto, volvemos a insistir en que el papel de la gestión activa resulta fundamental.
En cuanto al posicionamiento actual, seguimos manteniendo una visión constructiva sobre el sector tecnológico, pero desde un enfoque muy selectivo y disciplinado en términos de valoración. Ponemos el foco en tres tipos de compañías: las que desarrollan la infraestructura tecnológica que hace posible la digitalización; las empresas de software que utilizan la inteligencia artificial para ofrecer soluciones más productivas y útiles a sus clientes; y aquellas compañías capaces de generar beneficios de forma sostenible y cuyas valoraciones todavía ofrecen un potencial que consideramos atractivo. Al mismo tiempo, somos conscientes de los riesgos. En algunos segmentos, como el hardware o los semiconductores, la demanda sigue siendo muy sólida, pero la oferta también está aumentando. Cuando una industria incrementa su capacidad de forma agresiva, es importante ser prudente y tener en cuenta el punto del ciclo en el que se encuentra.
En definitiva, Fidelity Global Technology Fund está posicionado para participar en una transformación tecnológica de gran alcance, pero con una filosofía de inversión muy clara: no se trata de perseguir la tecnología más llamativa, sino de identificar compañías de calidad, con ventajas competitivas sostenibles y valoraciones razonables.
En el otro lado, gestión indexada y un producto concentrado en IA: WisdomTree Artificial Intelligence UCITS ETF – USD. ¿Qué argumentos seguís viendo en torno a la estrategia?
(Carlos de Andrés) En WisdomTree seguimos considerando que la inteligencia artificial es una de las grandes megatendencias de esta época y creemos que todavía nos encontramos en una fase relativamente temprana de su adopción real en la economía. La inteligencia artificial no es un fenómeno exclusivamente tecnológico, sino una tecnología que está transformando sectores como la sanidad, las finanzas, la automoción o la seguridad, entre muchos otros. Estamos en un punto de inflexión: ha dejado de ser una tecnología experimental para convertirse en una herramienta que mejora la productividad de las empresas y que cada vez está más integrada en sus procesos. Eso se traduce en crecimiento de los ingresos y hace que ya no estemos hablando de una promesa de futuro, sino de una realidad que empieza a reflejarse en los resultados empresariales.
Nuestra estrategia ofrece una exposición pura a esta temática de inversión. No se trata de un ETF tecnológico generalista, sino de un vehículo diseñado específicamente para capturar todo el ecosistema de la inteligencia artificial. Lo que nos diferencia es nuestro enfoque sobre la cadena de valor. Seleccionamos compañías presentes en todos los eslabones del ecosistema de la inteligencia artificial y, para garantizar que esa selección se realiza con el máximo rigor, contamos con el apoyo de la Consumer Technology Association (CTA), la mayor asociación de tecnología de consumo de Estados Unidos. La CTA es nuestro socio experto y es la encargada de evaluar las compañías y determinar su grado real de exposición a la inteligencia artificial. Además, no se trata de un ETF estático en cuanto a su composición. La inteligencia artificial evoluciona constantemente y el índice también debe hacerlo. Contar con la CTA como socio nos permite que la estrategia refleje en todo momento cómo va evolucionando la cadena de valor de la inteligencia artificial.
¿Qué tipo de compañías se puede encontrar el inversor en este ETF?
(Carlos de Andrés) El inversor encontrará en nuestra estrategia tres tipos de compañías, que en WisdomTree denominamos las tres "E". La primera categoría son los Enablers, que representan el 50% de la cartera. Se trata de compañías que hacen posible el desarrollo de la inteligencia artificial. Aquí encontramos fabricantes de semiconductores, empresas de maquinaria avanzada, sistemas autónomos o bases de datos para machine learning. En definitiva, son compañías sin las cuales la inteligencia artificial no podría funcionar. La segunda categoría son los Engagers, que suponen el 40% de la cartera. Desde nuestro punto de vista, son especialmente interesantes porque diseñan, desarrollan, integran o distribuyen soluciones de inteligencia artificial en forma de productos o software. Es en este segmento donde vemos el mayor potencial de creación de valor a futuro, especialmente en todo lo que se construye sobre los grandes modelos de lenguaje. Por último, están los Enhancers, que representan el 10% de la cartera. Son compañías que potencian el ecosistema de la inteligencia artificial aportando servicios de valor añadido.
Lo que no encontrará el inversor son empresas que simplemente utilizan la inteligencia artificial en su actividad. Excluimos este tipo de compañías porque el objetivo del ETF es ofrecer una exposición pura y genuina al ecosistema de la inteligencia artificial.