Añadir Estrategias de Inversión en Google
Una serie de empresas privadas de gran capitalización se dirige hacia los mercados públicos, y es posible que su llegada redefina el panorama bursátil. SpaceX, la empresa de Elon Musk dedicada a la industria aeroespacial, las comunicaciones por satélite y la inteligencia artificial (IA), es la primera. Su valoración objetivo para la salida a bolsa ronda los 1,8 billones de dólares, con lo que recaudaría hasta 75.000 millones de dólares en el proceso.
Para ponerlo en contexto: la oferta de 2019 de la gigante petrolera Saudi Aramco, la mayor de la historia, recaudó 25.600 millones de dólares con una valoración de 1,7 billones, mientras que la operación de Alibaba de 2014, durante mucho tiempo el referente de las salidas a bolsa tecnológicas, recaudó 21.800 millones de dólares y se valoró en 170.000 millones. La salida a bolsa de SpaceX es diez veces mayor que esta última y esperamos una fuerte demanda minorista de las acciones. Pero no será la única oferta pública de gran valor de este año: Anthropic ha presentado recientemente su solicitud ante la Comisión de Valores y Bolsa de EE. UU. y esperamos que OpenAI también lo haga pronto. Anthropic y OpenAI recaudaron capital en ofertas privadas a principios de este año con valoraciones que se acercaban al billón de dólares. Esta oleada de salidas a bolsa remodelará drásticamente los índices que siguen la mayoría de los inversores y pondrá a prueba aún más la profundidad de la demanda inversora por las empresas tecnológicas de mega capitalización, tras la oferta de acciones récord de 85.000 millones de dólares de la semana pasada por parte de Alphabet, la matriz de Google.
Tres negocios, una valoración
Tras su fusión con xAI en febrero de 2026, SpaceX se compone en la práctica de tres negocios: una división de lanzamientos basada en su cohete Falcon 9 —que controla aproximadamente el 90% de la cuota de mercado mundial de lanzamientos comerciales—, Starlink, su empresa de internet por satélite que tiene como objetivo alcanzar unos 100 millones de suscriptores y 140.000 millones de dólares en ingresos para 2030 (según los suscriptores de la OPV), y xAI, su filial de inteligencia artificial. Para 2030, se prevé que xAI represente el 70% del negocio, con unos gastos de capital que alcanzarán los 300.000 millones de dólares en esa fecha, según estiman los suscriptores.
Aunque algunos analistas han destacado un llamativo múltiplo de 94 veces los ingresos anuales, creemos que el criterio de valoración más relevante es un múltiplo de 25 veces el valor empresarial/ventas de 2027, lo que equivale aproximadamente a la valoración de Anthropic en su última ronda de financiación. Esta cifra parte de una trayectoria muy visible que incluye el lanzamiento, la conectividad a través de Starlink y el acuerdo recientemente anunciado por SpaceX con el centro de datos de Anthropic.
Un cambio radical para la inversión pasiva
Para los inversores, resulta fundamental analizar qué implicaciones tienen SpaceX y otras mega-OPV para los índices pasivos, teniendo en cuenta que, según nuestros propios estudios, hay unos 30 billones de dólares en activos gestionados a nivel mundial que replican dichos índices. Los gestores de índices están tomando ahora decisiones activas sobre cuándo incluir a las empresas de mega-capitalización, con qué ponderación y cómo ajustar sus normas para dar cabida al frenesí de demanda previsto.
Por ejemplo, el Nasdaq ha reducido recientemente el plazo de inclusión en el índice a 15 días de negociación para las OPV de gran capitalización, y el grupo de índices FTSE Russell ha declarado que confirmará si se cumple el umbral de entrada rápida para la inclusión basándose en el precio de cierre de SpaceX el primer día de negociación, que actualmente se espera que sea el 12 de junio. Por el contrario, S&P Dow Jones Indices ha anunciado que no reducirá el plazo estándar de inclusión de 12 a seis meses para las cotizaciones de las empresas de megacapitalización ni eximirá de los requisitos de rentabilidad, lo que, en nuestra opinión, es la decisión acertada.
Es importante destacar que, en el momento de la inclusión, resulta difícil calcular una ponderación precisa en el S&P 500. Según los planes actuales, SpaceX se incorporaría al índice en junio del año que viene, momento en el que habría más acciones en circulación y el propio índice habría variado. Pero con una valoración actual de 1,75 billones de dólares, y con el 53 % del capital flotante disponible en junio de 2027, creemos que eso sitúa a SpaceX en torno a los 930.000 millones de dólares, lo que equivale aproximadamente a una ponderación del 1,4 % con respecto a la capitalización bursátil actual del índice, de 65 billones de dólares.
Sin embargo, la presión de compra mecánica es considerable: nuestro escenario base apunta a que los fondos indexados podrían absorber el 24% del capital en circulación para el día 15. Esto significa que los inversores pasivos poseerán acciones de SpaceX sin haber tomado una decisión activa de comprarlas.
La inclusión en el índice también requerirá una venta proporcional de las posiciones existentes para reequilibrar la cartera, principalmente de los segmentos de gran capitalización del índice y, sobre todo, de acciones tecnológicas como Apple, Microsoft y Nvidia. Otra cuestión a tener en cuenta es que los vencimientos de los periodos de bloqueo (cuando los inversores privados pueden vender por primera vez sus acciones tras la salida a bolsa de una empresa) comienzan periódicamente tras la publicación de los primeros resultados de la empresa y mucho antes de su inclusión en el S&P 500. Es probable que esto añada una presión significativa sobre la oferta.
Vale la pena prestar atención al riesgo de los índices
Si SpaceX, OpenAI y Anthropic logran la inclusión plena en el índice en los próximos trimestres o años, el panorama de los índices bursátiles estadounidenses cambiará radicalmente. Se volverá aún más «orientado al crecimiento», cotizando con múltiplos más elevados, y las herramientas de valoración históricas en las que los inversores han confiado durante tanto tiempo serán cada vez más difíciles de aplicar. La relación precio-beneficio ajustada cíclicamente (CAPE), por ejemplo, que muchos inversores han utilizado para justificar su pesimismo respecto a las valoraciones actuales, perderá gran parte de su relevancia en un mundo en el que la composición del índice está cambiando estructuralmente hacia empresas con marcos de valoración muy elevados.
La mayoría de los inversores, tanto particulares como institucionales, conciben el riesgo de los mercados de renta variable en términos de potencial de pérdida. Por ejemplo, en la crisis de las puntocom, el S&P 500 cayó un 46% (entre marzo de 2000 y octubre de 2002), mientras que el índice Nasdaq cayó un 78% (durante el mismo periodo). Hoy en día, se espera que la ponderación del sector tecnológico en el S&P 500 aumente hasta el 54% (si se incluyen Alphabet, Meta y Amazon, que en realidad no están incluidas en la forma en que el índice reporta su sector tecnológico) desde el 51% tras la inclusión de SpaceX, Anthropic y OpenAI (cuando se incluye la capitalización bursátil total). En comparación, la ponderación del sector tecnológico en el S&P 500 alcanzó un máximo de alrededor del 35% a principios de 2000.
Los inversores deben ser conscientes de que el perfil de riesgo del índice cambiará de forma significativa, y que cualquier caída de las acciones tecnológicas en esta ocasión podría resultar más dolorosa que en 2000/2001. Por lo tanto, quienes tengan una asignación significativa en fondos pasivos deben comprender esta exposición al riesgo a medida que se modifica la composición del índice.
En definitiva, nos encontramos en un punto de inflexión industrial: el desarrollo de la IA requiere una inversión sostenida en activos fijos y, en nuestra opinión, un enfoque «barbell» —que combine la IA con los sectores de la energía, los materiales y lo industrial— puede captar fuentes de rentabilidad significativamente diferentes a partir de la misma tendencia secular. A medida que un conjunto más amplio de empresas no tecnológicas adopte la IA en su negocio principal, la mejora de los márgenes y la productividad ofrecerá atractivas oportunidades de inversión.
Fundamentalmente, nos gusta la renta variable y creemos en la IA, pero también pensamos que hay otros factores fundamentales que merecen un lugar en las carteras, especialmente ahora que los inversores buscan gestionar el riesgo en un periodo de euforia y asimilación en torno a estas nuevas empresas de gran envergadura.