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Hay muchísimos activos financieros para crear una estrategia inversora que nos proporcione estabilidad y tranquilidad adaptándose a nuestras necesidades, pero cada vez más los ETFs se consolidan en las carteras de más inversores.
Existen más de 8.500 ETFs diferentes, tal y como hemos comentado en alguna otra ocasión, en el patrimonio global en ETFs, se superaron recientemente los 21,9 billones de dólares, en un mercado dominado por EEUU. En Europa se ha experimentado un crecimiento histórico, con proyecciones que apuntan a superar los 4,6 billones de dólares para 2031. Si miramos a España, no se ha quedado atrás con un crecimiento del 169% desde 2022, impulsado en gran parte por la demanda de los inversores más jóvenes.
Entre tanta opción para elegir, hay que saber diferenciar, porque no es lo mismo un ETF corriente que un ETF inverso. Mientras que un ETF (Exachange Traded Fund) es un fondo cotizado en bolsa que replica el comportamiento de un índice, sector o activo, un ETF inverso obtienen la rentabilidad contraria de un índice o del activo subyacente; es decir, si el índice cae un 3%, el ETF inverso sube aproximadamente ese mismo porcentaje, y viceversa. Algo muy parecido a lo que ocurre con las tradicionales operaciones en corto, que te permiten vender un activo antes de comprarlo.
Estos ETFs cotizan en bolsa y pueden comprarse y venderse durante la sesión como si fuera una acción ordinaria, pero los inversores deben tener en cuenta varios factores antes de hacerse con ellos.
Ventajas y riesgos
Como ya hemos explicado, los ETFs inversos permiten obtener rentabilidad cuando cae el índice al que están referenciados, pero es esencial conocer cuáles son esas ventajas y desventajas.
Su principal ventaja es que facilitan la adopción de una posición bajista, ya que cotizan como una acción y evitan recurrir directamente a futuros, opciones o ventas en corto, instrumentos más complejos y no siempre accesibles.
Pueden utilizarse tanto para especular con descensos puntuales como para proteger una cartera. Por ejemplo, un inversor que confíe en que Telefónica se comportará mejor que el IBEX 35 podría comprar acciones de la compañía y, al mismo tiempo, un ETF inverso sobre el índice. La estrategia podría ser rentable incluso si ambos bajan, siempre que Telefónica caiga menos que el mercado.
Frente a la venta en corto, un ETF inverso sin apalancamiento ofrece una exposición más controlada, pues la pérdida queda limitada, en principio, al capital invertido. Además, al ser productos regulados, existe información pública sobre su funcionamiento, costes e índice de referencia.
No obstante, su facilidad de contratación oculta una operativa compleja. Estos ETF reproducen diariamente el movimiento contrario del índice, por lo que su rentabilidad acumulada puede diferir de la inversa del mercado durante periodos largos. El reajuste diario y la volatilidad pueden erosionar su valor, incluso cuando el índice termina cerca de su nivel inicial.
Por ello, no suelen ser adecuados para el largo plazo. Además de operar contra la tendencia históricamente alcista de las bolsas, presentan costes superiores a los de un ETF convencional por el uso de derivados y el rebalanceo diario. También obligan a acertar con la dirección del mercado, el momento de entrada y la salida: una previsión bajista correcta puede dar un resultado decepcionante si tarda en cumplirse o se producen fuertes oscilaciones.
¿Cómo podemos incorporarlos a la cartera?
Los expertos insisten en que los ETF inversos deben ocupar un lugar táctico, y no estructural, dentro de la cartera. Mo Sparks, director de producto de Direxion y antiguo profesional de Vanguard y la Bolsa de Nueva York, sostiene que su utilización debe partir de una tesis definida y de una estrategia de salida establecida antes de invertir. Su principal aplicación sería actuar como una posición satélite de cobertura: por ejemplo, mediante un ETF inverso −1x que reduzca temporalmente la exposición de una cartera concentrada ante un acontecimiento concreto, como la publicación de resultados empresariales.
En la misma línea, Edward Egilinsky, responsable de inversiones alternativas de Direxion, recalca que estos productos son herramientas para expresar expectativas bajistas a corto plazo y requieren una supervisión diaria. No deben confundirse, por tanto, con inversiones diseñadas para mantenerse indefinidamente.
En definitiva, los ETF inversos pueden ser útiles para cubrir una cartera o aprovechar caídas a corto plazo, pero exigen conocimiento, seguimiento y disciplina. Su función es principalmente táctica y temporal, no la de una inversión destinada a mantenerse indefinidamente.
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