El Oro es el metal precioso que todo el mundo quiere tener en su cartera. Tan solo en enero ha subido alrededor de un 10%, pero para muchos expertos ya no es seguro subirse a este tren y ven como oportunidad otro metal que no lo está haciendo nada mal, la Plata.
Tradicionalmente, este metal despierta interés en entornos de incertidumbre por su doble naturaleza: activo financiero refugio y materia prima con un creciente papel en aplicaciones industriales, especialmente vinculadas a la transición energética. Actualmente, la plata cotiza a precios inferiores que el metal dorado y llega a tildarse de chicharro por su gran volatilidad.
Si nos fijamos en su trayectoria, la infografía de Visual Capitalist resume cuatro grandes rallies de la plata desde 1965, que muestran cómo su precio puede dispararse en periodos de tensión. Destacan el intento de acaparamiento de los hermanos Hunt en 1979-1980, la subida tras la crisis financiera de 2008, el repunte durante la pandemia de 2020 y el fuerte rally reciente, con la plata pasando de unos 29 dólares a más de 121 dólares entre 2025 y febrero de 2026, impulsada por restricciones de oferta y la búsqueda de activos refugio.
Desde que comenzó el 2026, ha vivido dos jornadas históricas y muy llamativas. El 30 de enero sufrió la mayor caída diaria jamás registrada, con un desplome del 27%, y el 5 de febrero encadenó la segunda mayor, cercana al 20%. Dos golpes que pusieron fin de forma abrupta a un rally que parecía imparable y que, además, coincidieron con caídas en el oro, de menor magnitud, que llevaron su precio hasta los 4.500 dólares la onza.
Estos movimientos recientes refuerzan la idea de que el mercado de la plata está dominado por una dinámica claramente especulativa, ya que parte del mercado apuntó a un cambio en las expectativas sobre la Reserva Federal y su próximo presidente, Kevin Warsh, lo que impulsó al dólar y a los rendimientos de los bonos, presionando a los metales preciosos. Sin embargo, muchos consideran insuficiente esta explicación y creen que las caídas reflejan, sobre todo, el peso de los flujos especulativos y la elevada volatilidad, que activó ventas automáticas y ajustes en los mercados de futuros, amplificando el desplome.
¿Hasta dónde puede llegar?
El potencial de la plata debe analizarse no solo desde una óptica de inversión, sino también industrial y de seguridad nacional. Desde la entrada de China en la OMC en 2001, su precio ha subido de unos 5 dólares por onza hasta niveles cercanos a 80, con una rentabilidad muy elevada a largo plazo pese a una fuerte volatilidad. En euros, se sitúa entre los activos más rentables del mercado en los últimos cinco y veinte años.
Ahora bien, en 2026, tal y como señala Juan Ignacio Marrón, Ceo de @inversoresInstitucionales, la plata mantiene sólidos fundamentos alcistas. Hay que tener en cuenta que el mercado encadena cinco años de déficit estructural, con una producción minera en descenso desde 2020 y sin nueva capacidad relevante hasta 2027-2028. Además, gran parte de la plata se obtiene como subproducto de otros metales, lo que limita la capacidad de aumentar la oferta de forma directa. Y a esto se suma una caída superior al 40% en los inventarios disponibles, lo que refuerza la escasez física y presiona los precios al alza.
Por el lado de la demanda, para el experto, la plata es difícilmente sustituible por sus propiedades de conductividad y resistencia, clave en sectores en fuerte expansión como la energía fotovoltaica, los vehículos eléctricos y los centros de datos ligados a la IA, que consumen mucha más plata que los tradicionales. Factores macro como inflación persistente y tensiones geopolíticas completan un escenario muy favorable.
Actualmente, la plata es el segundo activo por tamaño de mercado, solo por detrás del oro. Para estimar hasta dónde puede llegar su precio, Ernesto Revello, economista, asesor patrimonial certificado e independiente, afirma que se utilizan métricas como el análisis técnico y comparaciones con otros activos, la inflación o la masa monetaria. “Técnicamente, el metal lleva décadas formando una estructura alcista de largo plazo. Desde un enfoque comparativo, la normalización del ratio oro/plata, su bajo valor relativo frente al S&P 500 y su ajuste a la masa monetaria apuntan a escenarios potenciales muy superiores a los precios actuales, incluso en rangos de varios cientos de dólares por onza”.
El precio de la plata no responde a un proceso de creación de valor en sentido estricto, sino al equilibrio entre oferta, demanda y variables macroeconómicas como la inflación, los tipos reales o el dólar, que condicionan su comportamiento. Desde Silver Alpha señalan que cuando estos factores se alinean pueden producirse subidas relevantes y, cuando cambian, correcciones abruptas, lo que se traduce en un comportamiento extremadamente volátil y difícil de anticipar.
A diferencia de una empresa, Verónica Llera, responsable de desarrollo de negocio de Silver Alpha afirma que “la plata no reinvierte beneficios ni construye ventajas competitivas, por lo que su precio depende casi por completo de variables externas, muchas de ellas imprevisibles. Por ello, más que preguntarse hasta dónde puede llegar su precio, conviene entender que su recorrido está ligado al ciclo económico y financiero, no a una generación estructural de valor”.
Por su parte, Juan Ignacio Marrón explica que tras un 2025 excepcional, la plata ha superado los 110 dólares por onza, lo que implica valoraciones más exigentes. “Aun así, los modelos cuantitativos estiman un 75% de probabilidad de que el precio suba un 20% adicional desde niveles actuales (77 dólares) en el plazo de un año”.
Y según Ernesto Revello, el futuro de la plata se apoya en varios pilares: la expansión de sus usos industriales (energía, tecnología e IA), un desequilibrio estructural entre oferta y demanda, su creciente relevancia estratégica para las grandes potencias y un entorno de debilidad del dólar. “En conjunto, se trata de un metal crítico para la economía global, con alto riesgo de suministro y una demanda estructural fuerte. Aunque la volatilidad será elevada, la plata sigue infravalorada frente a otros activos y continúa infraponderada en muchas carteras de inversión”.
¿Cómo incluirla en cartera?
Existen distintas formas de invertir en plata, tanto de manera directa como indirecta y Ernesto Revello nos habla de ellas:
- La inversión directa incluye joyas, monedas y lingotes físicos, también en formato fraccionado y custodiados en bóvedas, lo que permite ser propietario legal del metal y eliminar el riesgo de quiebra.
- La inversión indirecta se realiza a través de instrumentos financieros regulados, como ETCs, ETPs, derivados, fondos, ETFs o acciones de mineras. Estas opciones ofrecen exposición al precio de la plata, pero no propiedad real del metal, por lo que implican riesgo de contraparte.
- Por último, existe una vía intermedia mediante tokens digitales respaldados por plata física auditada. Aunque permiten invertir de forma fraccionada y con bajos costes gracias a la tecnología blockchain, actualmente no suelen permitir la entrega física, lo que genera dudas sobre el grado real de propiedad del inversor.
En este sentido, Juan Ignacio Marrón, Ceo de @InversoresInstitucionales da nombres concretos: “Si el horizonte de inversión es largo plazo, una de las formas más eficientes en costes pasan por ETCs respaldos por plata física, como el Invesco Physical Silver ETC y cotiza en euros. La exposición a mineras de plata puede también ser una buena alternativa en un entorno de contención de tipos de interés, el Global X Miners UCITS ETF, que replica el índice Solactive Global Silver Miners con compañías de todo el mundo. A cambio, tiene unos costes algo más elevados”.
Como hemos visto, existen múltiples vías para exponerse a la plata: vehículos financieros, derivados, compañías mineras o incluso metal físico. Pero como advierten desde Silver Alpha, cada una implica riesgos distintos en términos de liquidez, costes, complejidad operativa y volatilidad.
Y en este sentido, Verónica Llera de Silver Alpha declara que desde su enfoque, “lo clave no es el instrumento, sino la naturaleza de la inversión. En las materias primas, la rentabilidad depende casi por completo del precio, sin un modelo de negocio que amortigüe los ciclos ni capacidad de reinversión que genere valor de forma estructural”. Por ello, en Silver Alpha evitan invertir en commodities o en compañías muy dependientes de ellas, ya que su valoración está ligada a una variable imprevisible. “Aunque la plata puede tener un papel táctico o de diversificación en ciertos momentos, no sustituye la capacidad de los buenos negocios de generar valor de forma consistente. A largo plazo, una estrategia patrimonial sólida se basa en participar en empresas de calidad, con modelos sostenibles, generación recurrente de caja y capacidad de adaptarse y crecer a lo largo de distintos ciclos económicos”.
¿Qué porcentaje es aconsejable tener en cartera?
El porcentaje de plata en cartera depende del perfil de riesgo, los objetivos del inversor y la composición previa de su cartera, ya que no existe una asignación ideal o universal para metales preciosos y materias primas.
Como referencia orientativa, Ernesto Revello cree que un inversor conservador podría destinar entre el 1% y el 2% a plata; uno moderado, entre el 2% y el 3%; y uno agresivo, entre el 3% y el 5%. Además, añade que es conviene tener en cuenta que la plata y la mayoría de materias primas presentan una volatilidad elevada, cercana al 30%, y pueden sufrir caídas muy acusadas, por lo que son activos de alto riesgo. “Por ello, es recomendable contar con el asesoramiento de profesionales financieros especializados antes de incorporarlos a la cartera”.
Mientras que para Juan Ignacio Marrón, la volatilidad de la plata no debe perderse nunca de vista, y los recientes episodios en 2026 nos lo deben recordar. “Por ese motivo, nuestra recomendación es mantener un peso en la cartera de, como máximo, un 7%, dependiendo de la correlación con el resto de componentes”.
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