El actual ciclo de mercado ha traído de vuelta a la renta fija al centro de las carteras, pero el escenario sigue siendo complejo. Con la inflación mostrando una resistencia pertinaz, la volatilidad latente por los conflictos geopolíticos y las dudas sobre el crecimiento económico, la vieja premisa de “comprar y mantener” ya no lo es todo.
¿Por qué la gestión activa ahora es innegociable?
Durante años, los tipos bajos han permitido a muchos inversores obtener rentabilidades buenas solo replicando el comportamiento del mercado. Pero ahora, el entorno ha cambiado con unas políticas monetarias que se han endurecido y la calidad crediticia de las empresas poniéndose a prueba; lo que ha producido que la inercia de la gestión pasiva presente grietas estructurales.
En este sentido, Tirso de Linos, Sales Manager de Rothschild & Co, advierte de las deficiencias intrínsecas de este modelo automático: “Los índices de renta fija per se se construyen de una manera ineficiente, donde las compañías que más pesan son las que más emiten, y eso no significa que por emitir más precisamente tengas las mejores métricas de calidad o los mejores fundamentales”.
Este desequilibrio obliga a los selectores a buscar a gestores que de verdad posean capacidad de maniobra. Para Ignacio Amo, analista y selector de fondos de Mapfre Inversión, los picos de tensión vividos recientemente en los mercados han sido la prueba de fuego que demuestra la necesidad de contar con un piloto al mando. "En momentos de ruido, en momentos de volatilidad, un gestor activo y flexible que logre capear el temporal y encontrar oportunidades, aporta un valor añadido. Al final el ruido genera oportunidad, y en ese ruido, el gestor activo puede capear mucho mejor el temporal que un fondo indexado". Y también semana que la flexibilidad es hoy un filtro fundamental.
Radiografía sectorial y efecto colateral de la Inteligencia Artificial
Selección minuciosa en un entorno así, que tiene que ir acompañada de sectores adecuados. Aquí, Rothschild & Co mantiene una sobreponderación táctica en nichos del sector financiero como aseguradoras y servicios, y evitan áreas que consideran un coste de oportunidad como la salud o las utilities.
Aún así, más allá del binomio tradicional entre sectores defensivos y cíclicos, el mercado asiste a un cambio de paradigma impulsado por la Inteligencia Artificial. Las megainversiones tecnológicas están redefiniendo las necesidades de capital, pero también sembrando dudas sobre la sostenibilidad de la deuda a largo plazo.
Desde esta perspectiva, Álvaro Braceras, Analista de fondos de Andbank WM, pone el foco en modelos de negocio tradicionales que podrían verse disrumpidos, afectando a su solvencia: “Hay que ir revisitando muchas tesis de inversión que a cuenta de la IA parecían tener sentido hace años pero que ahora están en tela de juicio”. Una cautela que comparte Tirso de Linos, que subraya que "si vemos un negocio amenazado, como pueda ser ahora el mundo del software a raíz del desarrollo de la inteligencia artificial, hay que vigilar más de cerca esa generación de flujos de caja”.
Liquidez operativa: escudo protector ante la sequía del mercado
Es innegable que la teoría de la inversión choca a menudo con la dura realidad operativa. Identificar los mejores bonos carece de utilidad si, ante un evento de pánico vendedor, el fondo queda atrapado por la falta de compradores en el mercado secundario. Esta sequía de liquidez es uno de los grandes temores silenciosos de la industria.
Para blindar las carteras sin sacrificar rentabilidad, la gestión activa recurre a herramientas tácticas. Desde Rothschild & Co, Tirso de Linos explica cómo los derivados actúan como amortiguadores: “El CDS te da mucha flexibilidad sobre todo ante momentos de iliquidez o estrés de mercado. Hay muchos gestores que no están dispuestos a soltar bonos y perder carry porque luego en el mercado secundario y primario tampoco hay tantísima liquidez. Entonces el CDS sí recoge esos movimientos”.
Pero para las entidades que construyen las carteras de los clientes finales, los mecanismos internos del fondo no bastan; exigen garantías estructurales. La liquidez diaria se erige como una línea roja infranqueable. Álvaro Braceras de Andbank WM, la define como “un requisito imprescindible”, mientras que Ignacio Amo de Mapfre Inversión, eleva el tono al calificarla de exigencia regulatoria y ética: “Para nosotros es algo absolutamente innegociable. En el mundo UCITS, hay que proteger a los clientes; no debemos tomar decisiones fijándonos solo en rentabilidad y volatilidad”.
Perspectivas 2026: Pulso entre la macroeconomía y la resistencia corporativa
Con la vista puesta en los próximos meses, los expertos discrepan sobre cuál será el principal catalizador de los mercados, dibujando un escenario donde la macroeconomía y la microeconomía miden sus fuerzas.
Por un lado, a los selectores les preocupa que el deterioro macroeconómico acabe contagiando a las cuentas de resultados. En ese sentido, Álvaro Braceras alerta de que “ya estamos viendo en Europa con los PMIs que se está deteriorando el ciclo económico. Creo que el riesgo de entrar en un ciclo bajista económico igual es el tema del que hablemos dentro de unos meses”. Algo que respalda Ignacio Amo al señalar que “para nosotros la clave del año 2026 será vigilar los beneficios y márgenes empresariales, ya que este 2026 puede ser un escenario similar al de 2025 en la búsqueda de carry, pero habrá que ser más selectivo”.
Y en el otro extremo, desde la visión de gestión de Rothschild & Co, confían en la resiliencia de los balances corporativos, desplazando el riesgo hacia la inflación y las políticas del Banco Central Europeo. “Creo que todavía a las alturas de año en las que estamos los beneficios empresariales van a aguantar. Me preocupa más la evolución de tipos en este momento que cómo puedan evolucionar los beneficios empresariales”.
Al final, sea cual sea el frente que acabe marcando el compás, el consenso es claro: pese a la incertidumbre, quedarse fuera por miedo o refugiarse exclusivamente en la liquidez implica un alto coste de oportunidad. Tal y como concluye Tirso de Linos, amparado en las valoraciones actuales del crédito europeo: “Nuestra yield to worst ahora mismo es del 4,6%. Asumiendo que no vamos a pisar minas dentro de la cartera, creemos que son unas rentabilidades más que atractivas para el cliente”.
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